por Chema Álvarez

En la pasada tarde del sábado 20 de mayo, previo a la anochecida, día de San Bernardino de Siena por más señas, de quien se dice en ese compendio de mitología cristiana que es el manual de José María Montes “Los santos en la historia” que era un santo que se dedicaba a resucitar en Perugia allá por el siglo XV a los muertos por la peste, no sabemos si ya libres de pulgas, causantes de la llamada muerte negra, el teatro de Montijo se convirtió en un artilugio viajero que nos transportó, a quienes de pasajeros íbamos, a los bosques del norte y del oeste de Europa, los western forests donde aguanta los inviernos de aguanieve el alcapudre y donde, ya en la tierra de la Bretaña, robledales y bosques de tejos arrostran los fuertes vientos del Atlántico.

Semejante viaje fue a lomos de los acordes de la Busker String Quartet, el cuarteto de cuerda integrado por Alejandro Segura, Cristian Ivars, Juan Antonio de Benito y Fernando Arce, quienes presentaron su disco de estudio “Bridgit & Gwydion Trilogy”, nombre tomado de una de las piezas del álbum, compuesto por el violonchelista del grupo, Fernando Arce.

A ritmo de arpegio la platea del teatro de Montijo recorrió el norte de la península ibérica, la Bretaña francesa y las Islas Británicas, mientras el ambiente se iba aromando del olor de la genciana que crece a las faldas de los montes galegos, el narciso del archipiélago de las Glénan, la dedalera inglesa que ya debe de andar florecida y púrpura, una fusión entre música tradicional celta y minimalismo del siglo XXI que nos llevó más allá de la mirada de la diosa atlántica cuyo color de ojos, dicen, tiñó de verde cuando las miró las tierras donde crecen todas estas plantas.

Entre tanto ruido como nos aturde y tanto embrutecimiento, es agradable, a la vez que liviano, guardar el recuerdo de tan melódico viaje, presto a preparar las alforjas y los sentidos para la próxima ocasión en que ofrezcan tan excelente concierto.