por Vanessa Cordero Duque

La vida una vez más llenó de desastres el alma…Nos enviudó por momentos la fe, y en un alarde de rabia quisimos voltear el cielo, abrirle la nuca a las nubes para traerlo de nuevo, para traerte de nuevo Pablo Ráez…

Me reconozco una persona emancipada por obligación del optimismo, y hoy me avergüenzo de mirarme al espejo y rendirme ante el más mínimo tropiezo en un atardecer de mis días, soy una huérfana de la alegría y pocas veces logro liberarme del cuerpo de la melancolía en mi cama mojada de absurdos pensamientos y derrotas. Hoy, deletreo tu nombre en el calambre de mis sentidos, y descubro que jamás estuve a la altura de este mundo. Crecen sobre mí tus palabras encendiendo siluetas de paisajes nuevos sobre el dramatismo atropellado de mi inconsciente manera de ser.

Pablo, se enamoraron de ti los dioses del más allá, de la boca urgente de tu sonrisa, del baile de tu coraje, de tus brazos de luz y seguridad, de la ternura que sostenías entre tus pulmones blancos y llenos de ansias por abrazar el presente; entiéndelo, campeón, no quedan ya ángeles como tú en este holocausto llamado mundo, solemos rendirnos al mínimo pestañeo del Universo, nos caemos veinte veces por minuto, y creemos, ingenuamente, que el tiempo esperará por nosotros….Tú, tú inventaste un nuevo puente entre lo imposible y lo que de verdad importa, tejiste de aire las arterias de tus batallas, quisiste regar con tu ejemplo las malas hierbas que deja tras de sí la enfermedad y terminaste siendo latido y despertar en las conciencias de miles de personas. Llegaste para quedarte, para salpicarnos de realidad, para enseñarnos a vivir sin miedo y sin abismos en nuestros actos.

Veinte añitos y en tus ojos ilusiones por desnudar, un sobre certificado con un futuro incierto y cientos de primaveras entre tus dedos de mármol y marfil. Y no pudo ser. La esperanza fue la mueca diaria de tu rostro y en tus pupilas jamás se intuyó ningún equipaje, porque a ti la muerte no te asustaba, te daba pánico no saber vivir y no aprovechar el oxígeno de cada mañana que el sol te rozaba cada trocito de tu piel…pero no, tú llevabas en tu sangre campos bordados de sueños ondulados en las costuras de la solidaridad. Los gritos del cielo jamás te asustaron, embelesaste a la luna y apretaste con fuerza los dientes ante un destino con las hélices confusas. Nunca se doblaron tus alas, podían tener algún rasguño pero enseguida sanaban con tu risa de niño y tu voluntad de hombre. Fuiste la pregunta de algunos y la respuesta de todos, el temblor y el escalofrío, la vela y el candil.

Cada día comprendo menos la vida, el mundo, el destino….Siguen respirando los ausentes de alma, las manos que golpean, las palabras que queman y hunden tardes y corazones, siguen despistando a la muerte los que hicieron de ésta el final de otras vidas, siguen respirando pulmones llenos de odio, ojos encharcados de maldad, de guerras sin coordenadas ni cuartel, siguen sosteniendo los suspiros aquellos que hacen del dolor y la humillación a otros su uniforme de trabajo….y se van almas como la tuya, almas con una arquitectura de soles y rosas amarillas que muerden la boca hasta invitarte a sonreír en las alturas de la más compleja oscuridad…. Dicen que Dios existe pero yo no cuadro su figura con las sombras que nos deja a diario….Dios es una utopía que hace malabarismos absurdos con la vida y la muerte… Prefiero mirar al cielo y verte, a ti, Pablo, no creo que haya más Dios que una persona que lucha a diario en el borde del precipicio, que se levanta en medio de las más álgidas tempestades, que nos invita a vivir y nos escribe la fuerza en nuestros oídos aún cuando él está bajo mínimos…No acepto estos reveses ni los eclipses de esperanza que no te permitieron esquivar a los halcones del adiós… Y mientras aquí abajo lloramos, te imagino a ti sonriendo, con tus dientes desnudos y tu pecho libre de dolor, con el corazón abierto y tu brazo en alto…Te imagino haciendo piruetas por todo el firmamento y estoy convencida que todos los que allá arriba te acompañan estarán haciendo cola para conocerte, escucharte y abrazarte…Nos dejas una lección de vida, un poquito más de nostalgia y la calma de saber que allá donde estés te sentirás en paz porque nos enseñaste a miles de personas a ser “Siempre fuertes”.

Vamos a seguir tu legado, Pablo, vamos a apostar fuerte por la vida y vamos a ponerle el símbolo de infinito a la risa. Todos tenemos el deber de concienciarnos los unos a los otros, de ayudarnos, así como tú lo has hecho, vamos a darnos, vamos a donar médulas, a sentirnos parte del dolor del otro que mañana podemos ser nosotros mismos, vamos a darnos la mano en esta dura batalla que es la vida…

DEP Pablo, nadie mejor que tú se merece el título de ángel en un cielo que hoy te recibe con los brazos en alto, los puños cerrados y la sonrisa por bandera…