El misterio de Montijo
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Hemos charlado con Alfonso Pinilla García sobre su último libro, una novela de intriga en la que los personajes –unos reales, otros imaginados– se mueven en escenarios montijanos…

Alfonso Pinilla García en la sede de Ventana Digital Comunicación
Alfonso Pinilla García en la sede de Ventana Digital Comunicación

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• FOTOS: Presentado “El misterio de Montijo”, de Alfonso Pinilla

¿Montijo tiene misterio?

Tiene mucho misterio. Montijo es un misterio en sí mismo. Mario Benedetti diferenciaba entre sitios y lugares: los sitios son los puntos localizados en el mapa por sus ­coordenadas y los lugares son sitios con significado, donde te han ocurrido cosas, donde tienes recuerdos y albergas sentimientos… y realmente Montijo es mi lugar, y en los lugares siempre pasan cosas extraordinarias. Por eso Montijo es extraordinario. Es el Macondo de García Márquez.

Tus anteriores relatos de ficción, no se situaban geográficamente de una manera tan concreta como sucede en esta novela. ¿Por qué ahora sí?

Ha sido una especie de reconciliación con Montijo. Por mis preocupaciones historiográficas, siempre me había interesado más el ámbito nacional e internacional y no me había preocupado por la historia de mi pueblo. Quizás por una cuestión de edad, uno va disfrutando más del lugar de donde procede. Este verano, paseando por Montijo, he vuelto a interesarme por su historia. Evidentemente hay maestros que lo han hecho mucho mejor que lo pudiera hacer yo, se ha escrito mucho: ahí están los trabajos de Pablo Iglesias, Manuel García Cienfuegos y Juan Carlos Molano, que son los que se han ocupado de una manera más concreta y rigurosa de la historia de Montijo.

No quería hacer algo científico, académico, pero sí rencontrarme con esa historia a través de la ficción, que he mezclado pespunteada con algunos datos concretos y­ reales de la historia de Montijo, pero todo ello relacionado en una trama absolutamente ficcional.

Es un poco la estrategia de Dan Brown…

Para mi la ficción es un territorio de libertad, me gusta escribir ficción porque descanso así del rigor de la cita a pie de página que exige un trabajo científico. Este verano, entre agosto y septiembre, se me ocurrió esta historia y con esa estrategia danbrownesca –como bien dices– de relacionar la ficción y la realidad, la escribí.

Pero más que Dan Brown, aquí lo que hay sobre todo y fundamentalmente es Agatha Christie y Arthur Conan Doyle, que son mis dos grandes fuentes literarias de juventud. Hay mucho de mi querido Hércules Poirot, de mi –no idolatrado, pero si admirado– Holmes… todo eso se mezcla con algún pespunteo, sí, de Dan Brown –al que por cierto, no sigo mucho–.

El Misterio de Montijo, de Alfonso Pinilla García (La Ventana, 2018)
El Misterio de Montijo, de Alfonso Pinilla García (La Ventana, 2018)

Podemos afirmar que te has divertido escribiendo esta novela…

Realmente ese es el motivo del libro: la pura diversión. Las siestas en La Vegas Bajas del Guadiana, en estas latitudes cada vez más tórridas, son tremendas. Tenía que buscarme algún entretenimiento para vencer a la siesta… ¿por qué no inventarse pasiones para ejercitarse? Decía Voltaire sobre el Quijote: hay que inventarse pasiones porque la realidad concreta y discreta cotidiana a veces es tan decepcionante y tan gris que uno tiene que inventarse mundos paralelos, ficciones con las que entretener el alma. Yo me lo he pasado genial escribiéndo esta novela y espero que el lector se lo pase más o menos como yo leyéndola.

Lo que yo había escrito de ficción hasta ahora –Historia del silencio– eran una serie de cuentos conectados por un mismo hilo conductor –un mundo sin sonido, que daba lugar a una reflexión interesante– pero no había linealidad, eso que hay en la novela canónica: planteamiento, nudo y desenlace. En El misterio de Montijo sí y en ese sentido es un relato mucho más fácil para el lector y he intentado –y él tendrá que decir si lo he conseguido o no– atraerle y envolverle en la trama desde la primera página.

Ha sido, he de reconocerlo, una novela que empieza como un entretenimiento, pero que me ha costado un cierto esfuerzo. Cuando una ficción se ancla en la realidad tienes que ofrecer una descripción de los escenarios reconocible. Eso es un reto muy interesante desde el punto de vista de la narración, al que reconozco que no me había enfrentado nunca. A mi no me gusta describir con detalle, me gusta más describir a través de metáforas, en ese sentido soy más lírico. Relacionar la lírica y lo metafórico con el dato concreto para que sea reconocible, esa es la gran dificultad que he tenido en esta novela.

La historia tiene interés, para cualquier lector, mezclando aventura, misterio, trazos de novela negra… y mucho humor. Pero es posible que el lector que vive en el ámbito en que se desarrolla la novela también descubra algunos aspectos de la historia local que desconocía.

Es una posibilidad. No debemos olvidar que la acción de la novela es inventada, pero hay datos de personaje importantes, datos geográficos y artísticos, que son ciertos, que se pueden contrastar con la realidad. El lector puede, a partir de ahí, conocer aspectos de la historia de Montijo, siempre teniendo en cuenta que está envuelta en una conexión totalmente ficcional.

Es una historia de ambiciones. La intrahistoria de los individuos, de lo que uno puede llegar a sacrificar o hasta donde puede llegar por sus ambiciones o por conseguir su sueño. Son historias efectivamente universales que se enmarcan en un contexto geográfico concreto. Por eso el lector montijano se verá reconocido en los ambientes y escenarios que se describen, pero el lector que no sea de Montijo puede disfrutar con las peripecias humanas de la trama.

¿Hay algún detonante, alguna manzana que te haya caído en la cabeza y haya iniciado ese proceso creativo?

Todo surge de los paseos que doy por el pueblo. En verano los doy por la noche y la noche es especialmente mágica para la invención. Paso por lugares que, a nivel cronológico, están muy inter­conecta­dos –por ejemplo, la Electroharinera y la Hermandad de Labradores se construyen el mismo año–. Tirando de esas casualidades –forzándolas algunas veces– y de datos muy curiosos en torno a la propia iconografía del escudo de Montijo, a qué civilización está conectado el origen del pueblo, la relación de Montijo con el agua, el propio símbolo mariano de la Virgen de Barbaño –tan conectada también con el agua–… había una serie de datos simbólicos, que rozan la magia y la imaginación, que interconectados podían dar lugar a una historia interesante.

No hubo una manzana, hubo más bien una lluvia de manzanas en el momento en que me puse a leer sobre la historia del pueblo y a ver cómo se podían conectar épocas distintas de manera absolutamente ficcional, para dar lugar a una historia llevada al presente que tuviera cierta coherencia… Me recuerdo haciendo esquemas de toda esta trama –cuando todos en casa dormían–, absolutamente fascinado y divirtiéndome muchísimo viendo como podía conectar todas esas piezas.

En cualquier pueblo, no solo en Montijo, cuando te pones a leer su historia, encuentras datos muy misteriosos, fascinantes. Simplemente hay que dar rienda suelta a la imaginación.

Aparte de lugares también aparecen algunos personajes históricos… ¿por qué has elegido esos personajes?

Hay personajes interesantísimos. No voy a desvelar sus nombres, ya que la novela se titula “el misterio” mantengamoslo hasta que el lector los descubra.

Hay un personaje del siglo XIX que da lugar a una casa emblematica en Montijo y qué tiene una historia muy curiosa. Es la historia de un emprendedor, alguien que se arriesga, que sale de un país en el que es la vida es difícil y va a otro continente a intentar sobrevivir –es verdad que con una actividad que hoy consideraríamos execrable, pero que en aquel momento era considerada una actividad más en el sistema económico imperante–. Ese carácter emprendedor del personaje se relaciona con todo lo que pasaba por ese mundo casi de pre-globalización dónde Europa y América se conectaban. Un personaje de mundo que traía un universo muy grande a sus espaldas acaba llegando a Montijo, un universo muy cerrado. Es un soplo de aire fresco en medio de este panorama tan local y provinciano. Esa situación me llama la atención.

Otro personaje es un activista político e intelectual autor de la hazaña de crear una revista –esa cosa tan heróica–, donde se mezcla información con opinión, en un pueblo con un nivel cultural tan escaso en aquellos años del siglo XIX. Esa naturaleza heroica del intelectual que defiende su criterio –era masón– contra viento y marea, me parecía también una figura muy atractiva.

Y hay un escultor del siglo XVI que deja una de las obras de arte más valiosas que existen en Montijo: un Cristo que cronológicamente debería pertenecer al Renacimiento y sin embargo es barroco. Este personaje es un hombre que en su quehacer artístico, en esta y otras obras, adelanta el siglo XVII por venir, a pesar de pertenecer a otra época. Desde mi punto de vista es un artista rompedor.

Estos tres personajes –el viajero, el intelectual comprometido y el artista que en su obra ya define los rasgos del futuro estilo–, están en la novela por su carácter novedoso y por ser capaces de dar un golpe sobre su pasado y generar nuevas realidades en su presente que acabarán cristalizando en el futuro… En realidad la novela es la interconexión de esos tres mundos.

Tú eres uno de los personajes de la novela… ¿qué te llevó a tomar esa decisión y que hay de ti en el personaje?

Yo quería hacer una historia de mi pueblo, una novela honesta. La quería escribir en primera persona y para qué inventarme un personaje que fuera historiador montijano, si yo soy historiador y soy montijano.

Es verdad que en esta novela hay algún apunte biográfico, de mis aficiones. Me encantan los animales, las aves y especialmente las gallinas y los gallos. Ese mundo de corral donde hay serias tensiones por el poder –hay una rebelión en cada granja, eso lo vio muy bien Orwell–. Por eso a mí me gusta el mundo gallináceao. También está la pasión por los cómics de superhéroes –especialmente por Spiderman, que es el héroe más humano– .

Yo no soy el protagonista de la novela, soy el narrador. El protagonista es un personaje histriónico, encantador, fascinante –dejo al lector que se lo descubra–.

¿En la última página acaba El misterio de Montijo o es posible que haya alguna secuela?

Nunca se acaban los caminos literarios. Yo escribo viviendo y vivo escribiendo. No concibo la vida sin escribir, sin expresar lo que siento y pienso en un papel y compartirlo, porque al final el escritor lo que hace es desnudarse continuamente –es un poco exhibicionista en ese sentido–. Cuando tengo algún disgusto o alguna alegría siempre suelo volcar de alguna manera ese sentimiento, que se impregna en el papel –y eso ocurre también en esta novela–. La vida de uno siempre está en lo que escribe y como siempre voy a estar escribiendo, la novela tendrá continuidad, de una u otra forma.

Una vez en la calle el Misterio… ¿en qué aventuras estás medido ahora?

Estoy metido en en dos proyectos: uno de ficción y otro otro real, fascinante.

Estoy trabajando en un libro sobre el 23F –ya lo había visitado en el 2010 en que escribí un libro basándome en la sentencia– y ahora estoy con material inédito muy interesante, reconstruyendo los entresijos y las actitudes de aquella historia fieramente humana, una historia de lealtades, deslealtades, riesgos a tomar, personalidades enfrentadas… He podido encontrar un amplio archivo documental que demuestra actitudes y actuaciones cruciales de militares importantes aquella noche.

Y estoy también con una novela que prácticamente terminé antes que El misterio de Montijo, pero que he querido que reposara, darle una vuelta, ampliar algunas cosas, quitar otras.

Hay un contraste evidente entre el ensayo histórico –al que le puedes dedicar un año de trabajo– y una novela –que te la ventilas en un par de meses–.

Son trabajos de naturaleza distinta. Mi profesión es la de historiador y mi afición es la de escribir ficción. La ficción que yo escribo no tiene otra pretensión más que el divertimento y la reflexión.

Un libro de Historia precisa de mucho contraste de fuentes, mucha reflexión previa, mucha organización, de una información muy vasta, que puedes conectar como quieras pero siempre tienes que hacer relaciones causales veraces, demostradas. Por lo tanto lleva muchísimo más tiempo que una historia inventada.

El Misterio de Montijo es el libro de ficción que más he tardado en escribir porque hay datos reales y había que contrastarlos.

Los puntos cardinales de mis obras de ficción son: el intento de enganchar al lector en la historia, el tono aventurero y descriptivo; un tono reflexivo que dé pie a que el lector piense en algunas cuestiones; la lírica, la metáfora, lo que llega al sentimiento. Sentir, pensar y describir.