los sueños son posibles si algún día se empiezan

La familia Zapp hizo escala en Montijo, en un viaje que empezó en Argentina en enero del año 2000 a bordo de un viejo auto de 1928

Nos encontramos con la familia Zapp en Montijo, en casa de la familia Estévez-Calero –su hijo Dámaso les dijo que cuándo pasaran por Badajoz fueran a casa de sus padres “que vais a comer muy bien”–.

Mientras charlamos con Herman Zapp (California, USA, 1968), su mujer, Candelaria (Buenos Aires, 1970), da clases a sus hijos pequeños en los asientos traseros de su auto –un Graham-Paige de 1928–, entre libros y cuadernos, convertido así en coche-escuela.

La familia Zapp posa en Montijo juto a los Estévez-Calero
La familia Zapp posa en Montijo juto a los Estévez-Calero

La partida

Hace 17 años, Herman y Cande decidieron emprender un viaje desde su casa en Argentina hasta Alaska al que pensaban dedicar 6 meses, “nunca imaginamos que sería tan espectacular”. En atravesar de sur a norte el continente americano tardaron 4 años. Salieron dos y llegaron tres: Pampa (Carolina del Norte, USA, 2002) nació en el camino y se unió a este maravilloso viaje.

Cuando los tres llegaron al destino previsto –Prudhoe Bay, en la punta norte del continente– no pudieron parar, “no nos ­veíamos volviendo y quedándonos en casa sentados”.

Desde entonces han recorrido Australia, Nueva Zelanda, Asia, Oriente Próximo, África… y ahora Europa. En total unos 70 países, “pero no importa la cantidad, importa la calidad, cuánto hemos disfrutado de cada lugar”. No quieren batir ningún récord, “si acaso batimos alguno será el del viaje más lento”, bromea Herman.

En Egipto
En Egipto

La familia crece

La familia Zapp ha ido creciendo a la vez que crecía su viaje vital: a Pampa, el primogénito, le siguieron Tehue (Capilla del Señor, Argentina, 2005), Paloma (Vancouver, Canadá, 2007) y Wallaby (Australia, 2009), hasta completar los seis miembros actuales. Siete si contamos al viejo Graham-Paige (Detroit, USA, 1928).

Coche-escuela

Nos llama la atención que los niños hablen español con su madre e inglés con su padre –que aunque nació en California confiesa que no sabía mucho inglés cuando partieron, lo aprendió en el camino–.

Porque aunque los chicos han recibido formación formal durante las visitas a su casa en Argentina –“cada tres o cuatro años vamos de vacaciones a casa por dos o tres meses, para disfrutar de la familia”­– y los periodos en los que han hecho paradas más largas –solo suelen pasar dos o tres días en cada lugar–, la mayor parte del tiempo la maestra de los Zapp ha sido su madre y su escuela el mundo.

En su breve parada montijana han visitado, con Dámaso Estévez como guía, una fábrica de conservas, donde los más pequeños pudieron aprender como se envasa el tomate que se cosecha en las Vegas Bajas del Guadiana.

En los países por los que han pasado han visitado muchas otras fábricas y también, por ejemplo, han estado en los campos de África aprendiendo cómo se cosecha el algodón, siguiendo sus distintas fases de procesado –transporte, lavado, hilado– hasta el taller textil donde se hacía la ropa… “es una educación empírica, viva e inolvidable”, asegura Herman.

Cande Zapp y sus hijos dibujan números en la arenas
Cande Zapp y sus hijos dibujan números en la arenas

“Hoy en día se equivoca la escuela, está muy atrasada” afirma, “sientan a los niños ocho horas al día… cuando lo que nece­sitan saber ya lo tiene acá en el bolsillo, la enciclopedia más grande del mundo: ­Google… ¡enseñémosles a ver oportunidades, a descubrir, a investigar, a explorar!”.

“Los chicos salen sin saber que quieren hacer porque no conocen el mundo… no saben cuál es su lugar en el mundo, lo ven como algo dificilísimo en vez de como algo maravilloso y no tiene ganas más que de ser empleados, cuando no tenemos que ser empleados, ¡tenemos que ser empleadores!”

“La juventud nunca lo tuvo tan fácil. Si no se les da no buscan… Tenemos tantas comodidades, que salir de ellas cuesta. Nosotros en Argentina, tuvimos tantas crisis y empezamos de cero tantas veces que te anima a empezar de cero”.

Antes de iniciar el viaje de sus vidas Herman tenía una empresa de redes de datos y Candelaria era ingeniera zootecnista. Partieron “en un momento excelente en Argentina, yo tenía muchísimo trabajo y la posibilidad de coger un trabajo muy grande y dije ¡NO, me voy ahora!”, exclama Herman. La crisis llegó a Argentina en 2001. Para entonces ellos estaban en México.

La familia Zapp en globo
La familia Zapp en globo

Crisis

Herman afirma que “las crisis son buenas también, porque si no la gente se distrae mucho, cuando le va bien económicamente lo primero que hace es llenarse de cosas y olvidarse de la vida. La crisis, para mucha gente es malísima, pero para quién está preparado para hacer lo que siente, es la oportunidad para dedicarse a lo que realmente le llena. Te dicen: ¿Cómo no vas a coger ese trabajo… después más adelante si quieres te dedicas a lo que quieres… y pasaron diez y doce años y no lo has hecho nunca…”. Y añade categórico: “si uno está esperando el mejor momento para vivir su vida nunca va a llegar. Si alguien tiene un sueño ¡adelante! Un sueño no se cumple con dinero, se cumple con ganas. Si un sueño se cumple con dinero será un sueño barato”.

Su única fuente de ingresos –“gastamos poco”, nos dice– es el libro que han escrito él y Candelaria contando sus experiencias, Atrapa tu Sueño (Olmo, 2011), traducido también al inglés y al italiano.

La gente es maravillosa

“Cuando salimos nos dijeron están locos, la gente les va a robar, les van a matar…pero la gente es lo mejor, nosotros estamos acá gracias a la maravillosa gente… al final el viaje no es dónde estuviste sino con quién estuviste. Sinceramente, lo que hemos aprendido lo hemos aprendido de la gente. Si no fuera por la gente ya estaríamos en casa de vuelta, porque estar viendo cosas llega un momento que cansa, pero estar compartiendo historias, eso llena”.

Herman define la experiencia que están viviendo como “lo mejor que nos ha pasado en la vida” y añade que en la vida “estamos todos de paso, estamos todos de viaje”.

El mejor lugar para vivir

¿Y de todos los lugares que han conocido, dónde les gustaría vivir? “El mejor lugar para vivir es donde está tu familia”, afirma. “La vida no la tenemos que razonar, la tenemos que sentir. Hemos pasado los más lindos momentos en los países menos desarrollados: cuanto más desarrollados más tristes: los bares llenos… pero sin niños en las plazas”.

Los planes, de uno en uno

Cuando acaben la etapa europea embarcarán rumbo a Brasil y desde allí conducirán hasta el punto de partida de su aventura, un pueblito cerca de Buenos Aires, “más chiquito que Montijo”. Aun les queda un año de viaje, calculan.

¿Y qué harán cuándo lleguen a casa?, ¿qué planes tienen?… “vamos de a uno, antes tenemos que terminar este… cuando quede poquito para terminar lo pensaremos, para llegar con un plan” •


El Grahan-Page de 1928 de la familia Zapp navegando
El Grahan-Page de 1928 de la familia Zapp navegando

El Graham-Page

La familia Zapp se desplaza en un Graham-Page de 89 años –empezó el viaje con 72–, con llantas de madera, que les ha llevado a Alaska, subido al Tibet –a 5.300 metros de altura–, cruzado el desierto de Sudán –a más de 50 grados–, ­las dunas de Namibia, los barros de Mozambique,… “y anda y anda y anda…”