Historia de una devoción en el Montijo de los siglos XVII y XVIII (1605-1782)


por Pablo Iglesias Aunión


Entre la tradición, la devoción y la historia

El Martirologio Romano nos indica que estamos a 26 de julio y por tal, ante la “Memoria de san Joaquín y santa Ana”, padres de María, la madre de Jesús y, por ende, los abuelos de éste, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos. Concretamente, esta tradición parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador. Joaquín significa “Yahvé prepara” y Ana, “benéfica, compasiva, llena de gracia.”

Pero no se trata de hace una historiografía en torno al Martiriologio Romano sino de vincular su festividad, su nombre, su devoción a Montijo y más concretamente el de Santa Ana en este día en que recordamos a los abuelos.

Si hablamos de la advocación en Montijo a santa Ana, estamos seguros de que a todos se nos viene a la cabeza la actual imagen que se encuentra en uno de los retablos del templo parroquial. Sin embargo, históricamente en Montijo hablar de la devoción por la madre de la Virgen y abuela de Jesús, es remontarse mucho más en el tiempo que cuando el escultor valenciano Blas Molner hizo dicha imagen en el siglo XVIII. Debemos irnos al último tercio del siglo XVI y principios del siglo XVII.

Ermita de Santa Ana desde su fábrica y arquitectura: 1605-1777

Aparece mencionada por primera vez en la visita que la Orden de Santiago hace a Montijo en el año 1605. De ella dice que es una ermita que se encuentra en las afueras de la villa, al poniente y en la zona conocida como ejido. Un edificio levantado sobre paredes de piedra grajadas con cal y rejas de ladrillo. La pobreza de sus materiales nos hace comprender que en el siglo XVIII se abandonara porque amenazaba derrumbe, trasladándose su retablo mayor e imagen (que no era la imagen actual), al templo de San Pedro Apóstol.

Retablo de Santa Ana. Templo de San Pedro Apóstol
Retablo de Santa Ana. Templo de San Pedro Apóstol

Poseía la ermita dos puertas, una de ellas situada hacia donde sale el sol y la otra, al mediodía. Era en la primera donde se levantaba un gran portal sobre cinco arcos de ladrillo labrados con columnas, basas y capiteles. La techumbre del mencionado portal era de cuarterones de pino y alfarjías de caña (tablerillos de madera generalmente de pino o más pobre como este caso de caña, que servían de revestimiento a las techumbres).

La segunda de las puertas descritas y que se situaba al mediodía, también poseía un portal sobre un arco de ladrillo, con molduras del mismo material y sus puertas realizadas en madera con clavazón. El cuerpo del edificio quedaba dividido en dos naves, lo que nos hace sin duda pensar que estamos ante un edificio de dimensiones considerables ya que además, la capilla se situaba en la parte delantera de una de esas naves y allí estaba el retablo mayor y una imagen de bulto entera y vestida de nuestra señora santa Ana con el niño Jesús en brazos por tanto, la referida imagen no era la que conocemos hoy en día que es la talla policromada realizada por Molner tras el encargo realizado por la parroquia en el año 1782 y que representa a la madre de María con ésta en su regazo y no con el niño Jesús.

Era su mayordomo de la ermita de santa Ana en el año 1605 Martín Asensio y tenía ésta como principal fuente de ingresos, las limosnas que los Domingos y día de su festividad (san Joaquín y santa Ana el 26 de julio), con realización de sermón. Es muy posible, analizando detenidamente las dimensiones del edificio descrito en los primeros momentos del siglo XVII que, ermita y advocación (cofradía en definitiva), pudieran haber surgido en Montijo como mínimo en el último tercio del siglo XVI.

El siglo XVIII y la obra de Blas Molner: año 1782

En uno de los libros de fábrica de la parroquia de San Pedro (Archivo Histórico de la Parroquia de San Pedro Apóstol: Sección: Hermandades y Cofradías. Libro de Fábrica de la Cofradía de Santa Ana. 1713-1828), se recoge en el año 1782 el pago de 1.330 reales de vellón al maestro escultor valenciano afincado en Sevilla Blas Molner, quien realizó una de las obras más preciosas que posee actualmente esta iglesia parroquial. De Blas Molner tenemos además la suerte de contar con otra posible obra, un Crucifijo que se venera en la ermita de Jesús Nazareno formando parte de un Calvario junto a María Magdalena y san Juan. Así lo hizo saber en su momento el doctor Francisco Tejada Vizuete (+) siendo entonces Delegado Diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.

Imagen de Santa Ana con la Virgen en su regazo de Blas Molner (detalle)
Imagen de Santa Ana con la Virgen en su regazo de Blas Molner (detalle)

Volviendo a la ermita de Santa Anta, se nos dice en el asiento de cuentas correspondiente, que amenazaba ruina y que, se decidía pasar retablo y antigua imagen (la descrita en el año 1605) al templo parroquial en el año 1777, pero al encontrarse ésta, la imagen, en mal estado preferían encargar una nueva talla, la que hoy podemos ver en su primitivo retablo. Se trata de una imagen realizada en madera tallada, estofada y policromada de 140x70x57 cms. en la que santa Ana aparece sentada en un sillón, cuyo respaldo está rematado en un arco, inclinando la santa la cabeza ligeramente hacia la izquierda en actitud de contemplación a la Niña Virgen que, casi de perfil y sujeta por la pierna izquierda, alarga su brazo y su proyecta su mirada hacia la madre, quien le acerca una de sus sandalias.

La pequeña viste una graciosa túnica, recogida las mangas y ceñida por un ancho cinturón, que nos deja ver el pie derecho descalzo. Santa Ana por su parte lleva una túnica y toca que se ciñe al óvalo del rostro, que desciende por el cuello y ocupa la generosa escotadura de la túnica. Hablamos de una obra que está ricamente decorada y policromada que crea en torno a la imagen una atmósfera evanescente propia del estilo artístico.

Junto a la historia de este templo o ermita de santa Ana cuya existencia se prologó en el templo parroquial de San Pedro, no podemos olvidar que igualmente existió en Montijo una Cofradía advocada a la figura de santa Ana de la cual tenemos documentación e información relativa a los años 1713 a 1828 lo que en su conjunto nos hace pensar que, la piedad y religiosidad popular en torno a la madre de María tuvo una importante y especial significación en la vida montijana.

Fuentes Bibliográficas recomendadas

  • Catálogo “Gratia Plena”.150 Aniversario de la Declaración Dogmática de la Inmaculada Concepción. Exposición en la Santa Iglesia Catedral de Badajoz. Arzobispado de Mérida-Badajoz. Badajoz, 2005.
  • Iglesias Aunión, Pablo: Historia de la Comarca de Lácara. Del Medioevo a los Tiempos Modernos. Tomo I. Edita: Adecóm. Lácara. Publica: Diputación Provincial de Badajoz. 2000. Pág. 206-207.

• La presencia del franciscanismo en Montijo

• Templo Parroquial de San Pedro Apóstol en Montijo: 1490-1780

• San Isidro en Montijo: 1486-1668, de “Templo Parroquial” a “Casa Granero”

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