Jurado del XXI Certamen de Relatos “Rafael González Castell”
Jurado del XXI Certamen de Relatos “Rafael González Castell”

El pasado lunes, 5 de noviembre, el jurado del XXI Certamen de Relatos “Rafael González Castell, y en presencia de la concejala de Cultura, María Jesús Rodríguez Villa, falló como obra ganadora de esta edición el relato ‘La Noción del Cero’, premio otorgado a título póstumo a Fulgencio Valares Garrote.

El jurado, compuesto por José Luis Bernal Salgado, Manuel Pecellín Lancharro, Carmen Fernándes-Daza Alvarez, Lourdes León Gómez, Piedad González-Castell Zoydo y actuando como secretaria María del Carmen Trejo Simóes, leyó y estudió minuciosamente cada una de las obras presentadas llevándoles a determinar ‘La Noción del Cero’ merecedora de este galardón.

Fulgencio Valares Garrote

Fulgencio Valares Garrote, autor de la obra y procedente de San Sebastián, ofreció una trayectoria profesional vinculada al teatro tras cursar Grado Superior de Arte Dramático por la ESAD. Entre otras menciones, dirigió el aula de teatro en la UEX, pasó por ayudar en la dirección de festivales como el Festival de Teatro Clásico de Alcántara o poner bajo su dirección en escena textos propios como “Volver a nacer” (Rodetacón, 2008). A ello hay que sumarle, además, publicaciones y premios literarios como Primer Premio “VIII Certamen de Cuentos de la Diputación de Badajoz” (año 2005).

Valares falleció el pasado mes de julio a la edad de 46 años.

La noción del cero

Numerosos títulos a los que hay que incorporar ‘La noción del cero’, historia hábilmente narrada de un pobre hombre, un don nadie, “un cero a la izquierda”, cuya moral irá degradándose hasta límites insospechables para él mismo. Metido ya en la cincuentena, un divorcio infeliz lo deja en la calle y sin trabajo, al optar por dejarle a su mujer la propia librería. La mujer encuentra pronto otro compañero; él se refugia en amores pagados. Poco puede ayudarle el hijo, un adolescente más lúcido que los padres y cuyo afecto se esfuerza por mantener.

Desesperado, decide recurrir al partido político al que antes sirvió. Su patrimonio es el buen manejo del lenguaje y la fidelidad sin mácula. El máximo responsable, con buenas palabritas, lo que hace es servirse de este “antihéroe”, utilizándolo para afrontar una huelga y manejarlo en la próxima campaña electoral. Al fin, termina olvidándose de sus principios éticos y se entrega a las exigencias de los políticos.

Novela bien construida, con personajes muy verosímiles y situaciones de plena actualidad. No se escandalice el lector. Este hombre derrotado es cualquiera de nosotros en circunstancias similares.