por Francisco Bautista Gutiérrez

A diario, nos estamos dando cuenta que lo que en realidad prima, es la sociedad de la información. Y sucede sin lugar a dudas, gracias a la tecnología reforzada por las redes sociales.

Esta nueva forma de vivir, nos reduce una serie de actividades de suma importancia para el ser humano, como puede llegar a ser el que podamos tomar la iniciativa ante cualquier situación, el prepararnos completamente para afrontar cualquier disciplina y por supuesto, aceptar la baja autoestima que la impotencia de abarcar todo, nos empuja a un descontento constante.

La información, que nos llega a borbotones, incluye en primer lugar a todos aquellos elementos que nos rodean y en segundo, a la sociedad que se está construyendo en torno a esas redes llegando a una total dependencia de las mismas. Esta información, esta situación caótica como lo es el exceso de mensajes recibidos afecta no solo a la masa, lo hace también a dirigentes por igual afectando no solo en el conocimiento o la cultura sino en el concepto de educación y lo que es peor, a la mente, influyendo así de una manera totalitaria a ideales y principios.

En esta información que nos llega a veces sin querer, encontramos no solo propagandas y comentarios, también ideas, consejos y mensajes que nos afectan sin contar con nuestra forma de pensar.

Información banal a veces que bloquea aquel otro tipo de mensaje que podría resultarnos útil o al menos, que no enmascare aquellos otros que nos afectan, llámese corrupción y corruptos, crisis y culpables, verdad y mentira en definitiva de lo que nos rodea.

Y otro aspecto a tener en cuenta, negativo como no podía ser menos, es la velocidad a que se trasmiten, va creciendo, caminando a pasos agigantados en un mercado que no puede controlarse, alterando conceptos que deberían significar lo mismo para todos, léase libertad, esta palabra tan distinta para los seres humanos, condicionada a veces y que nos impide encontrar el equilibrio entre lo que queremos y lo que lograremos, entre lo que es justo y lo que no.

Es el caos, básicamente es asi porque lo que sucede no se puede predecir, cualquier persona que sepa manejar los engranajes de esta sociedad de la información puede erigirse fácilmente en líder y hacer cambiar todos los principios que hasta hace pocas fechas nos regían, un cambio constante que ni sabemos de quien viene ni a donde nos va a llevar, que nos hace perder el tiempo intentando controlar, buscando en un ambiente ficticio un estado de bienestar utópico.

A pesar de que el conocimiento nos da todo el poder para hacer mas cosas, lo que si es cierto, es que no nos permitirá mejorar el mundo, este exceso de información no nos lleva a ser grandes pensadores, ni adquirir las habilidades precisas para saber mas que nada ni nadie.

Se habla mucho de economía, política, de todo tipo de crisis, excepto de una, la única que debería estar presente en nuestro pensamiento, la de no saber oír, la de no comprender lo que se lee, somos animales que hablamos, pero que ni sabemos hacerlo ni sabemos comprender las palabras que nos llegan.