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por Vanessa Cordero Duque

He creído descifrar veleros en tus ojos, un arcoíris disimulado de montañas y pájaros que anhelan descansar en el vientre de tu alma… he cerrado las palmas de mis injustas manos imaginando entre ellas el vestido de tu dolor, los hilos de las palabras no dichas, el alba de la casa que ha perdido sus cimientos, he intentado con algún que otro ansiolítico dormir este temblor de noche que no me permite sentirme parte de un mundo álgido de cenizas, aguardiente y hierro quemado en el corazón, te he mirado desde lejos y he vaciado mis pulmones hastiados para llenarlos de las escamas de tu templanza, la misma que se anudó a los ocho años de Gabriel, a las líneas finas de su sonrisa, a tu melena morena y a tu frente de océanos que no se separan de los peces tartamudos de los besos de sus labios pequeños…

La blancura de la bondad en la mirada desnuda del alma de Patricia
La blancura de la bondad en la mirada desnuda del alma de Patricia

Vuelan en tu cuello las vueltas de su pañuelo azul, lo sujetas buscando el cielo que te separó de su nombre, de su aliento, de sus pasos traviesos y sus cabañas imaginadas… A pesar de los vientos y sus bofetadas, de la hipocresía mancillada de frialdad, a pesar de la cama vacía, de la camiseta sin el abrazo de su piel, a pesar del eco de la nada y la sombra de la verdad, sonríes, y pinturas, girasoles y luces tapizadas con vapor de miel dejan a la intemperie las náuseas, las vértebras y las tripas de todos esos que viven con goteros de estiércol y odio en la aureola de un paisaje que terminará por llenarles de guadañas de soledad hasta la última célula del pellejo de sus centros…Me muestras tu verdad…y se me olvidan los adioses….

La bondad se hizo mariposa en la galaxia de tu rostro, Patricia Ramírez, pocas veces en mi deambular por los caminos de este existir me encontré con tal conjunción de magia en una retina, cuando de tu boca solo pedían salir cuervos negros y elefantes de rencor, cuando las citas utópicas de la esperanza dormían en el sótano de mis rendiciones absurdas, cuando el infierno eligió el museo de tus sentidos para recostarse, tú, mujer de alas blancas, con barniz de serenidad y ternura, con hilos de algodón en tu garganta y el relente de la nobleza embelesando los pésames del universo, cerraste las cortinas de nubes averiadas de rabia y vacío salpicando de paz las esquinas de los renglones de mis madrugadas, dejando sin cobertura mi descarnada falta de fe en la humanidad, moderando las quimeras de cada penitencia que le puse a los trazos del sentimiento, tú, con la delicadeza del beso que se enreda en la cintura de lo platónico me regalaste, nos regalaste, un despertar en la intimidad del abrazo sin mangas a los ojos sin puertas ni humedades…La brisa preñada de tu bondad izó los pómulos de mi esperanza, estrellando contra la saliva de las malditas brujas que nos llueven y golpean a diario, ese grito de amargura y desprecio, esa impotencia demacrada, ese desanimo ataviado de locura…Tú, Patricia, mujer de balcones abiertos a la vida, de sueños cifrados en una mirada sin humo, tallaste el principio de un destino sin cerrojos en los espejos del alma , dormiste vacíos, meciste, siempre mecerás las aguas calmadas de ese mar sin sombras ni marejadas en el que las aletas de los latidos de Gabriel dibujan en el olor de su bufanda cuentos de peces que nunca te olvidarán…