por Chema Álvarez

El líder y mandamás de “Ciudadanos” en Montijo ha manifestado públicamente, a través de un diario local de los de su cuerda, que su partido viene a ser algo así como el Partido Republicano Radical, “lo que vendría a ser el Ciudadanos de antes de la Guerra Civil” (cita textual).

El parangón lo establece con intención de ilustrar a una persona por la que dice sentirse odiado en las redes sociales, a la que califica “de escasa cultura, sin formación, trabajo ni oficio conocido”, “de trazos gruesos y poco dada al pensamiento crítico y a las sutilezas intelectuales”, “que milita activamente en un partido de extrema izquierda” (se entiende que Podemos), a la que cuestiona por atreverse a opinar en las redes sociales, a pesar de “su carencia de currículum”.

Entre tanto improperio fundamentado en la superior enjundia del articulista naranja, y más allá del lamento continuo o jeremiada por sentirse en la diana del ataque político (cuando lo cierto es que se barrunta como candidato público municipal número uno de Ciudadanos a las próximas elecciones municipales: lo que más le molesta es que le llamen “facha”), se echa en falta un poco de rigor histórico y de honradez intelectual, pues si a lo que se quiere parecer Ciudadanos Montijo es al Partido Republicano Radical, debería saber que dicho partido pasó a la historia de nuestro país por ser fundado y liderado por Alejandro Lerroux, quien acostumbraba a lanzar la piedra y esconder la mano, directo responsable (tanto él como su partido) de la represión catalana y de los huelguistas en Asturias y León tras los hechos revolucionarios de 1934, donde Franco y Yagüe, el “carnicero de Badajoz”, se emplearon a fondo, estrenando los métodos criminales contra la población civil que dos años más tarde, tras el golpe de estado de 1936, emplearía también contra la democracia española.

El líder del Partido Republicano Radical, fascistizado durante la II República, enemigo del republicanismo democrático, que tanto gusta al crecido (y dolido) articulista, no sólo fue un mal gobernante que reprimió duramente a su pueblo, sino también un declarado corrupto y ladrón, implicado en los casos de corrupción conocido como el caso del estraperlo y el caso Nombela. En el primero obtenía pingües beneficios con un trucaje que se hacía en las ruletas de reconocidos casinos; en el segundo se llevó sustanciosas comisiones por dar contratos públicos fraudulentos a la Compañía de África Occidental. No parece, pues, un ejemplo a seguir.

No todos contamos con el “currículum” del líder de Ciudadanos en Montijo, algo que critica en la persona por la que se siente mal mirado y a la que achaca su escasa cultura y formación intelectual (lo de “sin trabajo ni oficio conocido”, que suena a ficha policial, no tiene desperdicio), pero para el conocimiento de la Historia le recomiendo que lea un poquito más, y no sólo los libros del revisionismo. Para conocer la verdadera historia del Partido Republicano Radical puede comenzar con el libro de José Álvarez Junco, El emperador del Paralelo (Lerroux y la demagogia populista).

En cuanto a la cita final que hace de Tennessee Willians, es de lamentar que acuda a Internet para encontrarla y se atreva a citarlo, sin leer la obra original, Dulce pájaro de juventud. Si la hubiera leído verdaderamente descubriría que la cita real es “Creo que el odio es una cosa, un sentimiento, que sólo puede existir cuando no hay comprensión”, entendida ésta como falta de tolerancia (en editorial Losada, traducido por Cristina Pina).

Una mala interpretación del original inglés “understanding” (comprensión) ha llevado en las redes a traducir de modo erróneo dicha palabra por “inteligencia”, lo cual hace que el líder de Ciudadanos Montijo persevere en el equívoco y plagie la cita tal cual para calificar a la persona mentada, sin contrastarla con la maravillosa obra de teatro que, por supuesto, ni ha leído ni ha visto, donde Willians habla del odio en la parte del prólogo, al relatar un tratamiento al que se sometió con su psicoanalista. Es lo que tiene el abuso de Internet, que lleva a la ignorancia.

Como reza otra cita esencial, también tergiversada y atribuida al filósofo español Jorge Santayana, quien no conoce su historia (su pasado), está condenado a repetirla.