por Gerardo Hernández Zorroza

La religión en la que se nos ha educado, está basada en la creencia, en “creer en aquello que no vemos”. Nada que ver con la religión original en la que basan su doctrina.

El cristianismo, o el Islam, nada tienen que ver con lo que proponían Cristo o Mahoma. Cristo, por ejemplo, no habló de fe ciega, como entiende el cristianismo, sino de “pistis”, que significa tener crédito en lo que se dice.

Las religiones oficiales, a los hechos me remito, no han servido para iluminar la espiritualidad de sus fieles, sino más bien para enfrentarlos ardorosamente en base a sus diferentes creencias. Han colaborado en unos casos con el poder terrenal, o directamente se lo han atribuído en otros.

El avance cultural está llevando a un descrédito público de la religión tal como la conocíamos. Somos más conscientes ahora de la oscuridad que la habita y contamina, a pesar del esfuerzo edulcorante en contra. También de que su supuesta “infalibilidad” carece de base. Por ello, la tecnología científica (Inteligencia Artificial en el horizonte), ha pasado a ser la nueva religión, la única “fe verdadera”, aunque, como en la veija, aún no se vean los frutos.

Tanto vieja como nueva religión, carecen, como pretenden, de crédito, y se quedan meramente en el terreno de la creencia. Justamente lo contrario de lo que la religión original propone, que es confiar antes de nada en uno mismo, e iluminar la propia verdad, oculta u ocultada en sucesivas capas de condicionamiento social y “religioso”.