por Gerardo Hernández

Nuestra vida resulta paradójica, pues la perdemos la mayor parte del tiempo mirando ansiosos a todas partes, sin percibir nada. Morimos a cada momento a la vida que surge de la quietud mental. Y no dejamos de morir en vida, en un sin vivir, corriendo de un lado para otro.

Por otra parte, resulta paradójico que sean los raterillos los que paguen los platos rotos e inunden nuestras cárceles, mientras los grandes predadores sociales, campan a sus anchas, eximidos además de responsabilidad.

Algunas luchas para mejorar nuestras condiciones de vida, “por la igualdad”, o “por la independencia”, por ejemplo, se sospecha han sido pensadas como cortinas de humo, y utilizadas por el poder para desviar la atención de lo verdaderamente importante, y de asuntos que les comprometen gravemente y quieren ocultar.

Es por ello que dejar escapar la vida persiguiendo señuelos que, si analizamos a fondo las cosas, dudosamente han mejorado ni mejorarán nuestras condiciones de vida, es algo no tanto paradójico, característico de los tiempos que vivimos, sino absolutamente estúpido.