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por Teodoro Gracia

En la sociedad actual hay muchas personas, la mayoría de ellos ancianos, que están muriendo de soledad. No dejamos de conocer, no digo sorprender porque por desgracia casi nadie si sorprende, noticias sobre ancianos que mueren solos, abandonados y en la más triste soledad. La soledad es uno de los problemas más serios de la vejez.

Estoy seguro que muchas de estas muertes, si hubiesen estado acompañados, podían haberse evitado.

Tengo que reconocer, no voy a omitirlo, que muchos ancianos viven solos por voluntad propia y es muy respetable pero a pesar de todo ello, los familiares tienen que visitarlos con mucha frecuencia para controlar cualquier carencia o necesidad que se les presente porque seguro que cuando se tiene una avanzada edad, problemas es lo que sobran.

Yo en este artículo, de todos modos, quiero hablar de esos mayores que no quieren estar solos sus últimos años, esos que sufren la soledad diariamente y necesitan el calor y el cariño de su familia.

Hace muchos años, yo entonces eran muy joven, corría el año 1984, escribí un poema poniéndome en la piel de estas personas, en el reflejaba la cruel soledad que diariamente tienen que padecer:

Me cansé de andar caminos entre recuerdos… y solo,

junto a árboles que crecen con lágrimas de mis ojos.

Me tumbaré en el sendero olvidándome de todo;

de aquellos años de infancia donde murieron mis mocos.

Quiero olvidar las promesas.

Todas las penas que lloro; la fe, el amor, la familia…

¡las lágrimas de mis ojos!.

No quiero caminar de noche con tantos árboles sordos,

con tanta agua voluble, con tanto barro y despojos.

Me cansé de andar caminos y ser la fuente de todos,

junto a árboles que crecen con lágrimas de mis ojos.

Es, sin duda, un tremendo grito de tristeza que nos puede estar lanzando, cada minuto, algún ser que no desea terminar sus días en soledad y lo más triste de la situación es que ese ser que nos suplica… lleva nuestra propia sangre.

Tenemos que ser conscientes que el ser humano es un ser social por naturaleza, necesita durante toda su vida a los demás para sentirse bien. Tiene la necesidad de compartir penas y alegrías, disfrutar en familia, escuchar palabras cariñosas y recibir montañas de besos y abrazos pero… ¿Cuándo empieza a faltarles todo esto?, en la vejez, cuando más lo necesitan. Yo, desde aquí, os recomiendo a todas las personas que tenéis la suerte de tener mayores que no esperéis ni un solo minuto para darles un beso o un abrazo porque es la mejor medicina que pueden recibir cuando la vejez se ha apoderado de ellos.