Montijo venera a la Inmaculada Concepción desde el siglo XVII

El Patronato y Capellanía de Nuestra Señora de la Concepción en Montijo: 1636-1858 (Siglos XVII al XIX)


por Pablo Iglesias Aunión


Inmaculada Concepción proyectada en la iglesia de San Pedro Apóstol de Montijo
En el año 1636 el licenciado y párroco de San Pedro Apóstol don Bartolomé Barrena de la Huerta, funda en la villa de Montijo el Patronato de Nuestra Señora de la Concepción. Bartolomé Barrena de la Huerta era presbítero de la Orden de Santiago, Prior del Convento de San Marcos de Sevilla y Mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento de Lobón. Comenzaba así la historia de una de las asociaciones populares más importantes de las que ha contado Montijo dentro de todo su elenco de hermandades, cofradías, patronatos y capellanías. Una institución que alcanzó sus años finales en 1858 después de soportar innumerables avatares y conocer periódicos históricos que hicieron mella en la historia local, eclesiástica y de la misma institución. Sucesos tales como la Guerra de Secesión Portuguesa (iniciada en 1640, reconocida su independencia en 1665), leyes desamortizadoras del reinado de Carlos IV (1798), Guerra de la Independencia contra los franceses (1808-1814) y medidas desamortizadoras y secularizadoras de Mendizábal (1835) y Madoz (1855), que terminaron prácticamente con su rico patrimonio y expoliaron una de las asociaciones que más bienes materiales y espirituales ha aportado a la parroquial montijana.

FUNDACIÓN DEL PATRONATO EN MONTIJO: 1636

Como he indicado anteriormente en el año 1636 Bartolomé Barrena fundaba el patronato de Nuestra Señora de la Concepción. Lo hacía erigiéndolo con un bello cuadro (actualmente desaparecido su original) sobre la Inmaculada Concepción, sobre el cual actuó desastrosamente el tiempo y las malas condiciones de conservación y tuvo que ser restaurado en varias ocasiones a lo largo de su historia. Hoy conservamos en la Sacristía Mayor de la parroquia una copia de aquel primitivo lienzo.

Hasta el año 1927 se conservó en la capilla que obtendría posteriormente a su fundación el Patronato una cartela donde se indica y refería a la creación patronal: “En el año 1636 fundó esta imagen de la Concepción y su patronato el licenciado don Bartolomé Barrena de Huertas, de la Orden de Santiago; cura que fue de esta villa y prior de su casa de Sevilla…”

La riqueza de la fundación nos ha dejado en la actualidad la posibilidad de conocer dos aspectos esenciales del funcionamiento de esta asociación en torno a uno de los temas más populares y que con más rapidez el pueblo ha sabido acoger en torno a la figura de María, Madre de Dios: la Inmaculada Concepción. Prácticamente tres siglos antes de que la Iglesia proclamase el dogma (Pío IX año 1854, Ineffabilis Deus), Montijo como otras localidades de nuestra geografía extremeña (véase el caso de la ciudad de Mérida en el año 1620 con el voto del alcalde y resto de la corporación municipal a la Inmaculada, tradición que se mantiene aún en la actualidad), asumía el amor a María por medio de esta advocación en torno a la Inmaculada.

Además, el fundador establecía una serie de aspectos que marcarían las connotaciones y características del Patronato y sus Capellanías. En referencia al nombramiento de los Patronos se establecía lo siguiente: “Item declaro y es mi voluntad, que los Patrono que hubiera de dicho Patronato, altar e imagen, puedan ser sacerdotes y que sean preferidos a los seglares todas las veces que concurran de los llamados; y sea el primero patrono mi primo el licenciado Rodrigo Alonso Barrena, notario del Santo Oficio…”

Y así fue cumplido con toda efectividad pues, en la documentación que conserva en el Archivo Parroquial de San Pedro, la cual permite conocer el devenir del Patronato desde prácticamente su fundación hasta el final (año 1858), en ningún momento ha sido patrono un seglar.

Mediante el estudio de la continuación de la cláusula anteriormente citada establecida por Bartolomé Barrena en el momento de la fundación, ésta aclara que, nunca podrá recaer en la misma persona el patronato y una capellanía, como tampoco estar sujetas a un mismo individuo dos capellanías. Esto es importante puesto que debemos de saber, que una capellanía se basa en la fundación por medio de la cual, ciertos bienes (importantes para el caso del patronato montijano) quedan sujetos al cumplimiento de una serie de actos tales como misas y otras cargas pías que permiten disfrutar de unos beneficios económicos a su capellán. En el caso del Patronato de Nuestra Señora de la Concepción, la capellanía gozaban del título de Capellanía Colativa, es decir, que el ordinario había nombrado para beneficio de la colación con lo cual, recaer más de una capellanía en un mismo sacerdote junto al hecho de ser además patrono, suponía una importante remuneración, en detrimento de otros presbíteros y de la misma parroquia.

La cláusula, que debió ser elaborada en fechas no muy lejanas a la fundación, queda claramente establecida toda una serie de condiciones de líneas descendientes que permiten siempre el acceso a las capellanías por parte de un sacerdote miembro de la familia del fundador, nunca una mujer: “El pariente más cercano de las casas ya nombradas, que sea varón más capaz, viejo y que tenga medios…”

Existe junto a esta mencionada cláusula otra en referencia al nombramiento del capellán que viene de la misma forma a regular la entrada en ellas de los parientes y familiares del fundador y obviamente, en calidad de sacerdotes.

LA CREACIÓN DE LA SACRISTÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN: 1779-1784

Uno de los momentos más importantes en la historia del Patronato de la Concepción de Montijo fue sin duda, la solicitud en el año 1779 de una capilla donde erigir sacristía a favor de la imagen titular. El proceso comienza el 18 de febrero de 1779 y no finalizó hasta el 16 de junio de 1784. Desde un principio la capilla le fue concedida por lo que perfectamente podemos aceptar como fecha de creación de la sacristía el año 1779.

Para ello, el Patronato solicita a los condes de Montijo como patronos a su vez de la parroquia de San Pedro, les sea concedida la capilla conocida entonces como la del Baptisterio. En dicha capilla sería colocada la imagen titular. Respecto a la imagen, desconocemos en estos momentos si se trata del cuadro inicial del fundador o una imagen de vestir entendiéndola como talla. Lo cierto es que, cuando se describe la capilla a finales del siglo XVIII, aparecen cuatro lienzos colgados en las paredes laterales y en el retablo, la imagen de Nuestra Señora, por lo que el Patronato debió de adquirir una talla que hasta la fecha desconocemos el autor y el momento de su adquisición.

Resulta interesante el elenco de personalidades e individuos requeridos en todo el proceso, los cuales pueden ser englobados en relación al mismo proceso y atendiendo a un orden cronológico que nos permite hablar y dar respuesta al por qué de la vinculación de algunos individuos con el patronato montijano.

1.- Solicitud de la capilla, 18 de febrero de 1779: don Josef Aguilar y Valdés, Juez Eclesiástico Ordinario de la Provincia de León.

2.- Poder otorgado por los Condes, 26 de febrero de 1779: doña María Francisca de Sales Portocarrero, VI Condesa de Montijo, casada con don Felipe Portocarrero Palafox y Croix. Ambos aparecen en el encabezamiento del poder otorgado al Patronato.

Del mismo documento, don Juan Francisco Palacios, cura párroco de la villa de Montijo en el momento del otorgamiento. Don Pedro Álvarez Vadillo, como Administrador General de las Rentas de los Condes en Montijo. Los testigos de dicho poder: don Mateo Molinos, don Pablo Ordóñez y don Manuel de Ayala, como Residentes en la Corte; don Juan Francisco Palacios, don Miguel Lavado, Gonzalo Ramón Pérez y Antonio Bartolomé Rancel y Moreno; don Ventura Felipe como Escribano del Rey y de Número de la Villa de Montijo y de la Subdelegación General de Rentas de Cámara y Gastos de Justicia del Reino.

3.- Sentencia Definitoria, 22 de diciembre de 1783: don Lucas Ximénez del Toro y don Juan Antonio Díaz como Procuradores representantes del Patronato; don Josef Aguilar y Valdés como Juez Eclesiástico. Don Juan Lucas Ximénez del Toro como representante de los condes de Montijo.

4.- Auto, 31 de enero de 1874: don Josef Aguilar y Valdés como Juez Eclesiástico; don Diego Murillo y Saavedra, como capellán del patronato, cura párroco de la iglesia de Santa María la Mayor de Mérida. Don Antonio Bruguera del Campo Salgado como Provisor General.

5.- Otorgamiento definitorio de poder, 28 de mayo – 16 de junio de 1874: don Diego Murillo Saavedra, cura párroco de Santa María la Mayor de Mérida y don Andrés Peñaranda, presbítero y Teniente de Cura de la misma parroquial y capellanes del Patronato, a instancias de don Pedro Vadillo, como administrador General del Conde. Don Pedro Reinoso, Manuel Romero y Manuel Muñoz, como testigos y vecinos de la villa de Montijo. Don Lorenzo Mateos Malpartida y Espinosa, como Escribano del Rey, Público de la Gobernación y Ayuntamiento y de todas las Rentas Reales de la ciudad de Mérida.

Don Toribio Pérez Barroso, don Juan Caballero y don Gonzalo Ramos Pérez como capellanes sustitutos de los propietarios don Diego Murillo Saavedra y don Andrés Peñaranda, capellanes. Don Dionisio de la Cruz Murillo, como Patrono, presbítero y vecino de la villa de Lobón.

Gracias a todo el expediente de cesión de la capilla, hoy podemos vincular los nombres de Diego Murillo Saavedra y Andrés Peñaranda como capellanes titulares del Patronato que actuaron de testigos y a favor del expediente elaborado por el Juez Eclesiástico en Mérida. Este es el motivo por el cual, aparecen sus nombres en la base del cáliz de plata sobredorado que aún se conserva en la parroquia y que expresa literalmente: “Soy de Nuestra Señora de la Concepción de la villa de Montijo. Siendo capellanes don Diego Murillo y Saavedra y don Andrés Peñaranda, se hizo.” El mencionado cáliz está realizado en el último cuarto del siglo XVIII en algún taller emeritense.

ADMINISTRACIÓN Y REEDIFICACIÓN DE LA CAPILLA – NUEVOS ESPACIOS PARROQUIALES

Imagen de la Inmaculada Concepción en la iglesia de San Pedro Apóstol de MontijoSi bien la capilla fue solicitada en el año 1779, es en un documento posterior donde se recoge copia textual de dicha solicitud, en el que además, aparece una sentencia que expresa que toda la obra ha sido ya realizada: “En los 18 de febrero del año pasado de mil y setecientos y ochenta y tres, los capellanes sustitutos, administradores del Patronato de Nuestra Señora de la Concepción, que se venera en esta Parroquia y su cura párroco representante a su Excelencia, suplicándoles se digne ceder la capilla que servía de baptisterio para colocar en ella dicha soberana imagen, atento a no quedar perjudicado su Excelencia y que en su lugar, harían de cuenta del Patronato otra capilla donde asentar y poner la citada pila bautismal, un osario capaz y suficiente para juntas los huesos de los difuntos y un órgano decente, de valor de mil pesos sin perjudicación de las regalías de su Excelencia, ni tampoco de los derechos parroquiales.”

El beneficio parroquial era importante como podremos ir detallando progresivamente. De entrada, la capilla entregada al Patronato recaía a partir de ese momento íntegramente en el mismo es decir: “Se obliga al Patronato, que de su caudal se obligue a la sentencia y reedificación de la capilla cedida por su Excelencia y que este quede libre (la parroquia) e indigne de concurrir, ni sufragar costo o dispendio alguno para aquella en el caso que por algún evento se verifique su ruina…que la obligación sea de los bienes, rentas y efectos del Patronato para la decencia, conservación, reparos y reedificación…”

Pero además la reconversión de la capilla cedida en sacristía del Patronato como titular de la imagen conllevaban una serie de reformas importantes, que nos permiten incluso conocer la distribución espacial de la parroquia de San Pedro en el siglo XVIII, distinta lógicamente a la actualidad.

Al ser esa capilla conocida como la del baptisterio quiere decir que era el espacio destinado para los bautizos y por tal, donde se encontraba a la altura de 1779 la pila bautismal. El poder otorgado por los condes y la escritura de cesión al patronato, exigía además la construcción de una nueva capilla donde ubicar la pila bautismal. Esta recayó donde entonces se encontraba el osario, bajo el actual coro (donde actualmente la encontramos) y el traslado de los restos allí ubicados a un nuevo espacio: “Con motivo de la nueva obra de la parroquial se proporciona paraje bajo el coro alto en donde se perjudica la capacidad y hermosura de ella ante sí, dándole decencia y mayor seguridad. Haremos de cuenta del patronato otra capilla para colocar la pila, quedando la suplicada de cuenta de la Virgen. Y como el lugar donde se hace la nueva capilla discurre la precisión de hacer decir que, siendo paraje con modo para ello el terreno que ocupa el osario, nos obligamos hacer otro sitio que el administrador tenga por conveniente, con beneficio de la pared principal en que apoia, libertándose ésta de la infección de huesos muy perjudicial a los edificios en juicio de sus facultades.”

La nueva capilla quedaba terminada y realizada en el año 1784 configurada por un espacio dedicado al culto de la imagen la cual era ubicada en un altar con su retablo, ocupando ésta su centro. Insisto que ahora puede tratarse de una imagen de vestir pues, a partir de 1795, en el Libro de Fábrica aparecen diversos pagos para manto, redecillas para el pelo, incluso pelucas para la imagen. Esta capilla contiene una historia que ha evolucionado desde el mismo momento de su fundación. Según una Real Provisión de hidalguía a favor de don Pedro Gragera y don Juan Pérez Gragera fechada en el año 1796, se hace referencia a que, el 21 de octubre de 1603, otorgaron su testamento en la villa de Montijo a Juan Pérez Gragera y María Sánchez, su mujer, vecinos de esta villa. En el testamento, ordenaron que, de sus bienes, se hiciera una capilla en la iglesia mayor, entre la capilla de Isabel de Sequeda (la que sería en estos momentos del Patronato) y la mayor. Luego la fábrica de la capilla perteneciente al Patronato fue la antigua capilla de Isabel de Sequeda que ya estaba construida a inicios del siglo XVII.

La conservación y mantenimiento de la capilla en calidad de sacristía pertenecía en exclusividad al patronato y en ella se realizaban todos los cultos en honor de la Inmaculada Concepción: “Para que, sin elección ni voluntad de su excelencia, pueda usarla en sus fiestas, misas y sermones y demás oficios divinos…”El Patronato se había comprometido con el cese de la capilla, no sólo a reformarla y construir una nueva para ubicar la pila bautismal, sino que, además, proporcionaría un órgano a la parroquia que no poseía: “Carece esta parroquia de órgano decente para la solemnidad de las festividades y oficios divinos. Y, haciéndole falta así a Nuestra Señora en sus misas cantadas todos los sábados, como a nuestro Amo y demás imágenes en sus festividades, haremos uno decente por valor de mil pesos poco más o menos y queda la iglesia asistida sus gastos de ella y los derechos parroquiales en nada le perjudican.”

Órgano de la parroquia de San Pedro de MontijoEl órgano fue adquirido en Jerez de los Caballeros al maestro Francisco de Andía el 30 de junio del año 1780 por 15.000 reales de vellón, 1.000 pesos según aparece referenciada en la carta de cesión de la capilla. Hoy únicamente se conserva su armario exterior pues, todo lo que es el órgano propiamente dicho ha desaparecido. Situado el coro alto. Para poder pagar el mencionado órgano, el Patronato tuvo que pedir licencia para adquirir un crédito con el que poder hacer frente a los gastos.

FÁBRICA DEL PATRONATO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN: 1795-1858

“En la villa de Montijo…año de 1795. Siendo administrador del Patronato don Gonzalo Ramón Pérez, presbítero. Capellán sustituto, don Mateo Sánchez Xara, capellán principal y sustituto segundo don Francisco Pérez Barroso y capellán principal don Andrés de Peñaranda…

La historia que se desprende del estudio del libro de fábrica del Patronato no se aleja del normal funcionamiento de cualquier otra hermandad, cofradía o asociación propia del momento. Dedicada al culto de la imagen, mantenimiento de la capilla y actos de solemnidad en determinadas fechas del año, el patronato quedaba organizado esencialmente en los siguientes cargos: un administrador del Patronato, dos capellanes principales y dos capellanes sustitutos. Así, por ejemplo, en el año 1796 era administrador del Patronato don Gonzalo Ramón Pérez; capellanes principales, don Mateo Sánchez Jara y don Andrés de Peñaranda; capellán sustituto, don Toribio Pérez Barroso.

Indicar con respecto a la documentación existente en el fondo parroquial de la sección de la iglesia de San Pedro Apóstol que, para el análisis del funcionamiento y devenir del Patronato, he manejado cinco tipos documentales que podríamos clasificar de la siguiente manera:

  • Libro de Fábrica del Patronato, libro incompleto tanto en su inicio como en su final pues comienza en una hoja iniciada anteriormente pero que no conserva para el año 1795 y finaliza en el año 1833, cuando existen hojas sueltas con la fábrica del patronato hasta 1858.
  • Escrituras de bienes y censo que permiten la reconstrucción del rico patrimonio que mantuvo hasta el final el Patronato, las más antiguas de los años 1663-1664 y que, están fechados entre los años 1775-1815. Por último, un inventario de 1858.
  • Documentos sueltos correspondiente a la fábrica del patronato entre los años 1852-1858.
  • Inventario de los bienes del patronato: 1850.
  • Nombramiento de administrador, año 1852.

En cuanto a los principales actos que realizaba, destaca la víspera de la festividad de la Inmaculada en la que el Patronato daba a los sacerdotes de la localidad un pequeño convite consistente esencialmente en dulces y chocolate. Esta costumbre, aparece reflejada puntualmente todos los años de existencia del patronato (hasta 1858). El día de la festividad, misa solemne y cantada en la capilla y sermón, que en su dilatada historia el patronato ha contado con predicadores venidos especialmente del conventual franciscano de Lobón, desde San Isidro de Loriana y desde el Hospicio de Montijo:

 

AÑO

 

 

PREDICADOR

1796 Fray Manuel Cabrera, conventual de San Isidro de Loriana
1798 Conventual de San Isidro de Loriana
1799 Fray Juan de Rivera, religioso descalzo
1800 Fray Domingo Gragera, presidente del Hospicio de Montijo
1801 Fray Domingo Gragera, presidente del Hospicio de Montijo
1802 Conventual de Loriana
1803 Fray Pedro Macayo, predicador del conventual de San Isidro de Loriana
1804 Fray Francisco de Daza, religioso de nuestro padre San Agustín
1805 Guardián del Conventual de Lobón
1806 Fray Pedro Moncayo, religioso del conventual de San Isidro de Loriana
1808 Sermón el Hospicio de la villa de Montijo
1809 Sermón pagado al guardián del Conventual de Monte Virgen.
1811- 1814 Fray Alonso Calvo, religioso de este Hospicio
1815-1818 Fray Salvador de Silva Mendoza, Guardián del Convento de Lobón.
1819 Fray Pedro Gallardo, religioso observante y morador en el Convento de Lobón.
1820 Fray Salvador de Silva Mendoza, Guardián del Convento de Lobón.
1821 Fray Pedro Gallardo, religioso observante y morador en el Convento de Lobón.
1822-1833 Don Juan Luna, presbítero
1842-1848 Don Juan de Ribera
1849 Padre Pantoja
1850 Juan González Guisado
1851-1853 Juan Pérez Gragera
1854-1855 Juan González Guisado

 

  • LOS BIENES, CENSOS Y RENTAS DEL PATRONATO: desamortizaciones desde 1798 a 1855.

Al inicio del presente estudio indicaba que, el Patronato de Nuestra Señora de la Concepción ha sido una de las asociaciones que más bienes y riquezas ha aportado a la parroquial de San Pedro. El mismo patronato poseía un conjunto de bienes y censos considerables. Creo que este es el motivo por el que, las primeras medidas desamortizadoras nacidas durante el reinado de Carlos IV (1788-1808) afectaran a dicho patronato. Es la única entidad parroquial que recibió el fuerte impacto de este ensayo desamortizador que adquiriría posteriormente en el siglo XIX una fuerza que lo haría desaparecer como a tantas otras cofradías, hermandades y asociaciones con patrimonio propio y censado.

Valga como ejemplo del citado patrimonio, algunas de las escrituras que aún se conservan y que permiten entender y conocer el proceso de acumulación de bienes, censos y rentas de las cuales se mantenía el Patronato y de cuyos beneficios éste podía hacer frente a los diferentes gastos, beneficios parroquiales y obras de arte adquiridas de las cuales posteriormente tendremos oportunidad de estudiar: “Una escritura de venta sobre la huerta en el exido, otorgada en Puebla de la Calzada en el nueve del mes de abril del año mil seiscientos noventa y nueve por Alonso Gragera y su mujer, Inés González a favor del licencia don Bartolomé Barrena de Huerta…Una escritura de venta de un huerta, sita frente de la calle de San Antonio, otorgada el trece de febrero del año mil seiscientos setenta y nueve, que otorgaron don Pedro Durán Zambrano y María Esteban, su mujer a favor de don Bartolomé Barrena… Una escritura de venta de un cercado de dos fanegas, al sitio de La Dehesilla, otorgada en agosto de mil setecientos ochenta y nueve por Francisca Sánchez, viuda de Pedro González Triguero a favor del Patronato de la Concepción y adjunta a dicha escritura de imposición del censo otorgado en veinte de septiembre de mil seiscientos sesenta y tres por Diego Ramírez Herrador y su mujer María García, por capacidad de ochenta ducados y cuarenta y cuatro reales de réditos anuales, sobre un cercado de dos fanegas y media al sitio de las Huertas Viejas…Una escritura de venta de dos fanegas que llaman del Ajoya, al sitio de Los Cercados de las Huertas Viejas, fecha en cuatro de octubre de mil seiscientos noventa y dos. Otorgado por don Pedro Gragera Presbítero y su hermana Catalina a favor del Patronato de la Concepción… Una escritura de venta de una fanega de tierra al sitio del Barreal, dada en doce de octubre de mil seiscientos sesenta y cuatro. Otorgada por Juan Sánchez Almirante y su mujer Catalina Sánchez a favor de don Bartolomé Barrena.”

El patronato de Nuestra Señora de la Concepción contaba a mediados del siglo XVIII, en el año 1753, según el Catastro del Marqués de la Ensenada en su libro de Seglares con los siguientes bienes:

 

BIENES

 

 

ARRENDATARIOS

 

RENTA

Los Barriales Pedro Severino 3 fanegas
Juan de Loja y Sánchez 10 fanegas
Toribio Maldonado, presbítero 4 fanegas
Diego Sánchez Gordo 4 fanegas
Sancho Gonzalo Bejarano 3 fanegas
Pedro Soltero, “el fraile” y Mateo Sánchez Ramas 5 fanegas
Juan Martín Poyos y Juan de Luna 11 fanegas
Pedro Garay y Juan de Luna 6 fanegas
Andrés Maco, presbítero 3 fanegas
Pedro Hernández Barrena 2 fanegas
Alonso Martín Barrena y Alonso Guzmán 6 fanegas
Pedro Halconero Barrena 4 fanegas
Los Cercados Juan Sánchez Loja 2 fanegas
Alejandro Porras 2 fanegas
Diego Sánchez, presbítero 3 fanegas
Bartolomé Muñoz, clérigo de menores 5 fanegas
Puebla y Alonso Valiente, vecinos de Montijo 5 fanegas
Juan Sánchez Aperador 5 fanegas
º Sancho González Bejarano 3 fanegas
Juan Caballero Ramírez 2 fanegas
Alonso Sánchez Coco 2 fanegas
Pedro Martín Gragera 4 fanegas
Casa en la Plazuela de los Herradores Pedro Sanguino Graxera 89 reales.
Casa en la Calle de Porras Beatriz Hernández 41 reales
Pedro González Halconero 26 reales
Fernández Gragera Caballero 16 reales
María Esteban 16 reales
María Sánchez “la rubia” 33 reales
Pedro González de la Vufra 13 reales
Pedro Rodríguez 4 reales
Pedro Fernández 5 reales
Casa en la Calle de Papas Francisco Rodríguez Macarro 33 reales
Casa en la Calle de Papas Juan Francisco 9 reales
Casa en la Calle de Arcos Alonso García 24 reales
María Durán 6 reales
Casa en la Calle de la Carnicería Viuda de Alonso Sánchez 49 reales
Casa en la Calle de la Cárcel Manuela García Barril 21 reales
Tierra en Baldelagrana Alonso Martín Barrena 4 reales
Diego Sánchez Molina 13 reales
Gómez Hernández 17 reales
María Andrés de la Cámara 7 reales
Tierra en Los Cercados Pedro Fernández Maio 26 reales
Pedro Martín Gragera 46 reales
Pedro González Halconero 18 reales
Fernando Vara del Rey 23 reales
Exido: huerta de regadío y árboles frutales Toribio Piñero 25 ducados
Fernando Macías 25 ducados
Pedro Gragera 90 reales
Juan Antonio de Guzmán 180 reales
Una casa mesón Villa de Lobón
Varias casas Villa de Lobón —-

 

En la ampliación del interrogatorio para la elaboración del catastro del marqués de la Ensenada que se realizó en el año 1761, aparecen igualmente relacionados y vinculados con el Patronato bienes y personas del estado eclesiástico que permiten conocer con una mayor exactitud la importancia de éste y la riqueza patrimonial, lo que explica una vez más, el por qué de las medidas en 1798. Le fue comprobada en 1761 la declaración que realizó en el año 1753 y que aparece recogida anteriormente, a la cual se le añadió algunos censos y se le volvieron a imponer sobre otras propiedades que su administrador no declaró sobre 25 reales que paga Alonso Pérez de Guzmán sobre tierra al sitio de Las Huertas.

Los efectos de las medidas desamortizadoras afectaron al Patronato de Nuestra Señora de la Concepción como una constante que se observa a lo largo de toda la documentación estudiada. Entendamos que, la desamortización fue resultado de una multiplicidad de factores entre los que destaca el persistente endeudamiento del Estado, al que tuvieron que enfrentarse Godoy (con el reinado de Carlos IV y Mendizábal durante la regencia de Espartero). El Estado se encontraba en una situación en la que no había suficiente dinero para saldar la Deuda Pública más los intereses. Además, las cuatro guerras (una con Portugal, otra con Francia y dos contra Inglaterra) habían debilitado la Hacienda hasta tal punto que no había más remedio que empezar la venta de algunas de sus propiedades. El esfuerzo fiscal de las guerras, combinado con una Deuda Pública superior a los 7.000.000.000 reales hicieron necesario, desde el punto de vista del Estado, nacionalizar bienes.

Una primera etapa (1766-1798) comprende la venta de bienes de los jesuitas y la denominada desamortización de Manuel Godoy (bienes raíces pertenecientes a hospitales, hospicios, casas de misericordia, cofradías, patronatos, capellanías, etc.) En Montijo, el Patronato aparece como una de las más afectadas por esta medida. Con la comparecencia del administrador general del Patronato don Mateo Sánchez Jara y las asistencias de los capellanes sustitutos don Toribio Pérez Barroso y don Pedro Sánchez Barroso, se formula el pago de trescientos noventa y cinco reales por el inicio del pleito ante la pérdida de los bienes afectados precisamente por esta primera medida desamortizadora: “Item. Noventa y cinco reales vellón pagados al Gobernador de Mérida en defensa de la venta de los bienes desamortizados del Patronato mediante haber procedido orden del Alcalde de esta villa, para que se hiciese relación jurada de todos ellos pidiendo el libro de cuentas y títulos del Patronato, para ponerlos en pública subasta mediante Real Orden de su Majestad. El señor Gobernador comunicó dicha orden y por ello pidió y ante justicia y mandó se diesen por libres a dictamen.”

En el año 1800, el Patronato tiene que hacer frente de nuevo a los gastos que ocasiona el mencionado pleito, pagándose doscientos reales a don Pedro Benito Sarriamara, agente en Madrid por el recurso que se hizo en la superioridad para defender los bienes del Patronato, los cuales se han perdido en parte al estar incluidos –según expresa textualmente la citada carga del Libro de Fábrica- dentro de los que fueron ordenados nacionalizar.

Derivado de los gastos y la pérdida que todo lo anterior ocasionaba, el Administrador del Patronato decide en el año 1801, no dar la cantidad que desde el mismo momento de su fundación éste tenía designado anualmente para los pobres. Resolución que sería rectificada con la visita del año 1802 por el Visitador General, don Josef Casquete de Prado, el cual obligó según Cláusula de Fundación al abono de dicha cantidad (alrededor de 4.000 reales).

La segunda fase (1808-1823) corresponde a la desamortización impulsada durante la guerra de la Independencia por la administración bonapartista y por los legisladores reunidos en Cádiz (bienes de la Inquisición y reducción a un tercio del número de monasterios y conventos). Parece ser que esta segunda fase, no afectó a los bienes del patronato. Si bien todo lo contrario. El Patronato recoge en el año 1815 una circular en la que se expresa que, sean remunerados económicamente el equivalente a lo que le ha sido quitado por la desamortización. Están comenzando a llegar las consecuencias del regreso del sistema político absolutista de la mano de Fernando VII (1814-1833) una vez ha finalizado la guerra de independencia de los franceses: “Por la Intendencia de Extremadura, en relación al crédito público que se había designado devolver a los hospitales y casas de benficencia, y a quienes se les vendieron parte de sus bienes, imponiéndoles capitales en la consolidación, hay crédito público, se les satisfaga, si fuera posible el crédito correspondiente a un año de conformidad con las notas.”

Cinco años más tarde, el Patronato no había recibido ninguna cantidad de lo establecido anteriormente por lo que de nuevo recurre a una circular que menciona el abono de las cantidades a aquellas instituciones y asociaciones que no les han sido abonada: “Circular emitida por la Comisión Principal del Crédito Público de Badajoz, a su vez pronunciada por la Junta Nacional del Crédito en el que se acuerda, continuar pagando las anualidades respectivas a 1814 y 1815 de los capellanes incongruos y demás establecimientos de beneficencia a quienes no se les hubiese satisfecho hasta ahora.

En la tercera etapa (1834-1854), conocida como desamortización de Mendizábal y Espartero, se procede al sistemático despojo patrimonial de la Iglesia, y a la desaparición de monasterios y conventos. Aquí comenzará el declive del Patronato que culminará tres años después de haberse iniciado la cuarta fase (1855-1924) que se inaugura con la Ley General de 1 de mayo de 1855 o Ley Pascual Madoz y es por duración y volumen de ventas la más importante. Se completó la enajenación de los bienes de regulares y seculares. El Patronato sufriría una importante pérdida.

La privatización de fincas rústicas afectó a una extensión equivalente al 25% del territorio español. El cometido financiero fue cubierto satisfactoriamente, a juzgar por las cantidades que Hacienda percibió en títulos y en metálico por la venta de los bienes desamortizados (14.435 millones de reales). La extracción social de los compradores, restringida inicialmente a los círculos más acaudalados, se diversificó a medida que se cubrían las etapas del proceso. En conjunto, no obstante, fueron los miembros de la burguesía (comerciantes, hombres de negocios, profesiones liberales y campesinos acomodados) quienes capitalizaron las fincas más preciadas y de mayor extensión. Por el contrario, tanto el campesino pobre como el colono dispusieron de menores posibilidades de acceso a la propiedad. La desamortización de fincas urbanas (casas, edificios conventuales) contribuyó a la transformación del modelo de ciudad del siglo XIX: de la ciudad conventual, marcada por el predominio del caserío amortizado y el tono hegemónico de los edificios religiosos, a la ciudad burguesa, caracterizada por la desaparición del viejo caserío, su crecimiento en altura, la apertura de nuevas vías, la presencia de los edificios públicos y los ensanches. La legislación previó para los edificios conventuales destinos tan diversos como la conservación para uso parroquial o público (conversión en museos, cuarteles, hospitales), la demolición para la apertura de nuevas calles o el ensanche de las existentes, o su mera inclusión entre los bienes nacionales sujetos a la privatización. El patrimonio mueble corrió la misma suerte: fue reservado como parte de la memoria histórica nacional (creación de museos).

Pero si estos acontecimientos forman parte de la historia propia y particular del Patronato, tampoco se puede pasar por alto otro importante momento para la historia de éste en particular y de la villa de Montijo en general: la guerra de la Independencia con los franceses (1808-1814). El patronato se vio seriamente afectado por ella. En el año 1809, los 4.000 reales destinados como limosna a los pobres fueron donados a la Suprema Junta de Badajoz: “Cuatro mil reales de limosna a la Suprema Junta de Badajoz por mano del marqués de Alameda para subsistir a las urgencias de la guerra mediante las actuales circunstancias de la nación, que son mayores y más precisas que los pobres, para quienes estaban destinados.” 

Un año después, en 1810, toda la plata del patronato junto a los de la parroquia y los de la Hermandad de Nuestra Señora de Barbaño fueron trasladados a Badajoz para preservarlos del pillaje francés. Para ello se pagaron cincuenta reales a Francisco Vega, vecino de Montijo, para su traslado.

Mal debió quedar el patronato pues al finalizar la guerra en 1814, tuvo que ser nombrado un administrador interino para continuar con el regimiento de éste, cargo que recayó en el cura párroco de San Pedro, don Pedro Reinoso.

En los últimos años del patronato, las dificultades y problemas para el normal funcionamiento de éste iban creciendo. En el año 1850 tiene que intervenir don Pedro Nogales y Granda, presbítero de la Orden de Santiago y abogado de los Tribunales Nacionales, Prior y Juez Eclesiástico en el nombramiento de sucesor para el Patronato, contra don Toribio Bautista Pérez, Teniente de Cura de la parroquial montijana, quien se apropia de la titularidad administrativa del patronato al fallecer don Pedro Sánchez Barrena y no presentar sucesor ni como patrono, ni como capellanes. El Gobernador Eclesiástico declara incompetente a don Toribio Bautista Pérez y nombra como administrador y capellán a don José María Guroz en detrimento del anterior y del sobrino de don Pedro Sánchez Barrena, don Álvaro Sánchez Barrena, su sobrino y sobre quien debió ser presentado la dirección del Patronato.

Las cláusulas de fundación de las que hemos hecho mención al inicio de este estudio, no son ahora tenidas en cuenta y el 25 de mayo de 1850, don Toribio Bautista acepta el nombramiento y ordena la realización de un inventario de todos los bienes y ornamentos que posee el patronato, comenzando por el reconocimiento de la capilla que posee el Patronato y de todo cuanto hay en ella. Entre los ornamentos principales que se cita en este inventario aparecen:

  • Cáliz completo de plata sobredoradoUn espejo viejo con marco sobredorado (desaparecido).
  • Un cáliz completo de plata sobredorado (que aún se conserva y que observamos en la imagen).
  • Cuatro cuadros grandes (se conservan dos).
  • Una corona de plata para la imagen (desaparecida).

Una nueva contrariedad se suma a la historia final del patronato. En el año 1856, la parroquial montijana sufre un importante robo en sus capillas, entre las que se encuentra la capilla de Nuestra Señora de la Concepción. Han de pagarse noventa y cuatro reales por componer una nueva cerradura y arreglar los destrozos que dicho robo ha ocasionado.

Sobre la advocación en torno a Nuestra Señora de la Concepción no volveremos a tener noticia en Montijo desde el último documento que aparece fechado en el año 1858. Será el 2 de septiembre de 1877, cuando el amor del pueblo montijano por la Inmaculada Concepción vuelva a surgir, ahora como Archicofradía “Hijas de María”, fundación que se realizó en la parroquia siendo cura don Francisco Crespo Crespo, primer director de dicha asociación. En el acta de fundación de la archicofradía aparece claramente recogido el deseo y objetivo de esta nueva asociación: agradar a la Inmaculada Concepción.

Miembros fundadores de la archicofradía fueron: Dominga Botella, Ana María Escobar, Dorotea Capote, Catalina Rodríguez, Carlota Vera, Josefa Thomas, Sinforosa Piñero, Olalla Capilla, Vicenta Capilla, Celestina Amado, Ana Sánchez, Ana Mena, Carmen Núñez, Olalla Campos, Coral Fuentes, Isabel Olmedo, Inés Rodríguez, Eduvigis Gragera, Leonor Ramas y María Caballero. Como presidenta quedó Javiera Bootello; Vice. -Presidenta: Sinforosa Piñero; Secretaria: Isabel Olmedo; Vice-Secretaria: Olalla Campos; Tesorera: Clara Codes; Director: Francisco Crespo Crespo; Vice-Director: presbítero Ángel Marín; Camareras: Ana María Escobar y Juana Rodríguez.

EL RICO PATROMONIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO DEL PATRONATO: maestros que han trabajado para la fábrica del patronato.

Desde el mismo momento de su fundación y, hasta su desaparición, el Patronato de Nuestra Señora de la Concepción fue acumulando un rico patrimonio artístico que ha quedado plasmado no sólo en lo que aún puede observarse y que se conserva en la parroquia de San Pedro sino, en todo aquellos que la fábrica del Patronato nos ha legado por medio de sus pagos a maestros pintores, doradores, plateros, entalladores, etc. Por el patronato han pasado sin duda obras de remodelación del templo parroquial como por ejemplo, la nueva capilla bautismal o baptisterio que aún se observa en la actualidad y que se construyó en 1779. La ya mencionada adquisición del órgano a Francisco de Andía en el año 1780 además de, obras de reforma en el coro como las realizadas en el año 1803 que le supuso abonar la cantidad de 1.500 reales, sillería para éste, ornamentos, plata, cuadros y todo un conjunto que podríamos recoger de la siguiente forma:

 

AÑO

 

 

AUTOR

 

LOCALIDAD

 

OBRA

 

VALOR

1636 Cuadro de la Inmaculada
1636 Cartelas de fundación
1780 Francisco de Andía Jerez de los Caballeros Órgano para la parroquia 15.000 r.v.
1800 Manuel Bravo, platero y dorador Araña y composición de una estrella para Nuestra Señora  

1800 Manuel Bravo, platero y dorador Compostura del cuadro del fundador 55 r.v.
1802 Josef Barranco, platero Córdoba Dos Candelabros. 1.014 r.v.
1803 Manuel Pérez Aceuchal Dorar el altar y pintura del retablo de Nuestra Señora  

3.078 r.v.

1806 Josef Guerra, pintor Sevilla Cuadro grande de Nuestra Señora. Un lienzo para la capilla  

1.620 r.v.

1825 Juan de la Flecha, platero Almendralejo Arañas y vinajeras 104 r.v.
1830 Antonio Buenhombre, pintor Montijo Pintar la capilla y retocar la imagen de Nuestra Señora 200 r.v.
1853 Badajoz Cuadro para la capilla 550 r.v.
1854 Francisco Silva, platero Badajoz Arañas para la capilla 174 r.v.
1855 Julián Campomanes, pintor Badajoz Nuevo cuadro del fundador 80 r.v.
1855 José Mina, pintor Cuadro de la Virgen 130 r.v.

 


FUENTES DOCUMENTALES 

Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol. Fondo Histórico.

Patronato de Nuestra Señora de la Concepción:

 

Solicitud capilla para el patronato: 1779-1784.

Libro de Fábrica del Patronato: 1795-1834.
Escrituras, bienes y censos: 1775-1815.

Documentación suelta: 1850-1858.

Censo e inventario del Patronato: 1850.