Calle Gloria Fuertes
Calle Gloria Fuertes
por Chema Álvarez

Me hubiera gustado titular esta columna El día en que la calle de Antonio Maura se llamó de Gloria Fuertes, pero la estrechez de espacio a la que me arrumba mi buen amigo Alfonso Pinilla, quien arrempuja por mi derecha, junto al apremio de mi querido Blas Manuel Parejo, editor de esta revista, para no pasarme de los 3500 caracteres, malogran el rótulo y me obligan a cambiarlo por este otro que le viene al pelo para significar la deuda intelectual, moral e histórica que nuestra sociedad, y sobre todo mi generación, tiene contraída con Gloria Fuertes, escritora que cultivó todos los géneros literarios y autora de aquella letra que ha quedado en nuestra memoria colectiva de Un globo, dos globos, tres globos, la Luna es un globo que se me escapó.

El pasado 8 de Marzo, como acto simbólico –pero necesario y reivindicativo- un grupo de mujeres y de hombres del Círculo Podemos Montijo cambió el nombre de algunas calles de este pueblo. La plaza de España, a donde van a dar seis calles con nombres de hombre y ninguna con nombre de mujer, pasó a llamarse, por un día, la plaza de María Zambrano, filósofa destacada de la II República; la Calle Felipe Checa lo fue de María Telo, destacada jurista defensora de los derechos de la mujer; la de Antonio Maura se llamó, como bandera de tan significado día, calle de Gloria Fuertes.

Feminista declarada, convencida pacifista y mujer crítica a secas de una sociedad pacata e hipócrita, que cultivaba sus prejuicios morales y odios vecinales sembrados por la Iglesia de la época que le tocó vivir, supo eludir con su poesía la censura tanto del Estado como de la opinión pública, y en sus versos de soledad y amor expresó su angustia y su lesbianismo nunca reprimido, pero sí ocultado, a la vez que inició en la lectura, con sus hermosos versos y cuentos no faltos de cierta melancolía, a toda una generación de niñas y niños cuando la literatura infantil aún no era un producto de mercado que copara los escaparates de las librerías.

Su obra poética para mayores –sin menoscabar la teatral- expresa un significado vital arropado por un significante claro, capaz de llegar a cualquiera que lea sus versos de Amor, humor y desamor, por citar alguno de sus libros (Historia de Gloria), y deja a la altura del betún a tanto poeta y poetisa practicantes de un complaciente onanismo intelectual que fabrican crípticos versos al uso de plantillas universitarias sin valor ninguno pero que, a veces, una crítica aduladora, donde prima el principio de si tú me citas yo te cito, trata de encumbrar y de convertir en referente de estilo, patético ejemplo de la vanidad hecha wáter (que no vate).

Frente al recuerdo de un mal gobernante como Antonio Maura, oligarca responsable de la cuota de sangre española en las guerras de Marruecos, instigador del asesinato de Ferrer i Guàrda y miembro inmerecido de la Real Academia de la Lengua, nos queda la pasajera presencia un 8 de Marzo, sobre la fachada de una calle de Montijo, del nombre de Gloria Fuertes, evidencia de lo que dijera en su memorable noche el gran Max Estrella –Luces de Bohemia, escena cuarta- cuando se encontró con los jóvenes modernistas que andaban de curda:

“¡Yo soy el verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico! ¡Muera Maura!”.