por Antonia Gómez Quintana

“El cante por bulerías, como lo decía la Perla, nadie lo dirá en la via” así hacia si cabe, más grande con su cante Camarón a la Perla de Cádiz, memorable cantaora gitana donde las haya.

Pero en el mundo de estas esferas de nácar las hay de muchos tipos, que van desde las naturales, como las que el erario público regalaba a Carmen Polo o Rita Barberá, pasando por las Majórica, que deben ser las que se cuelga la reina para hacer proselitismo de la Corona en su veraneo mallorquín, hasta la bisutería, esa que se tiene en el joyero de casa.

No obstante existe otro modelo de concreciones nacaradas, las de quincalla, a saber, comentarios clamorosos por desafortunados.

Ahí queda para Wikiquote y la posteridad, la del ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis aseverando que el Gobierno “no ha expulsado a nadie“, amén que “actualmente” los jóvenes que se marchan al extranjero a trabajar “muestran inquietud” y “amplitud de miras”, remachando que “irse fuera enriquece”.

Que digo yo que a lo peor, al no tener el arte chirigotero gaditano, no hemos sabido interpretar en condiciones lo que el diplomático jerezano quería decir, y por eso al común de los mortales se nos ha puesto cara de hígado.

A la zaga va la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, afirmando que “es verdad” hay muchos jóvenes que han salido de España en busca de oportunidades por la crisis y que “eso se llama movilidad exterior porque hay quien busca oportunidades “laborales y formativas“.

La piadosa choquera es otra incomprendida, porque mira que ya nos remitió a la Virgen del Rocío para ” nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar todos los días de los ciudadanos”, o sea, que los que se van de la Madre Patria, deberían hacerse romeros de la Blanca Paloma para resolver lo suyo.

Ahora bien, si algo vale más que mil palabras es una imagen, y sobre todo si es de amor, porque “en España bendita tierra, donde puso su trono el amor, solo en ella el beso encierra, armonía sentido y valor

Y es que así lo tiene de claro Pablo Iglesias que anda dándose el pico ora con Xavier Domènech, ora bien con Errejón para después purgar, al más puro estilo estalinista propio en los activistas del hula hoop allá do quiera que estén, a su mano derecha Sergio Pascual.

Que diría Joaquín Sabina, “por eso a veces tengo dudas, ¿no será un tal Judas el que le enseñó a besar?”

Claro está que para joya, la diadema de la Chata que luce la nuestra Letizia cuando se tercia, con esos perlones que deben tener hasta nombre como las campanas de la Giralda.

Pues ahí va ese Felipe VI y las desparrama en su discurso de navidad: “Son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”. Olé.

A lo que se ve como su familia tiene pudridero y Cripta Real en el Monasterio del Escorial, no se hace su coronada cabeza a que haya gente sin identificar en cunetas y demás procelosos parajes.

Enterrar a los muertos como Dios manda, es una obra de misericordia que el monarca católico se pasa por el forro, por no decir que sobre la justica galopa como desbocado caballo cuatralbo.

Como dijo la sin par Sara Montiel: “¿Pero qué pasa? ¿Pero qué invento es este?”