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por Antonia Gómez Quintana

Mira que estaba rechulona esa Pinito del Oro sentada en equilibrio inestable, sobre una silla a dieciséis metros de altura, meciéndose en el trapecio retando a la manzana de Newton.

Y que si hocicaba no tenía otro colchón que los brazos de su marido, quien no pudo evitar tres talegazos monumentales, en los que se rompió el cráneo dos veces y tres las manos.

Al día de hoy todo se hace con red, un poner a base de “like”, vulgo “me gusta”, que no les duele en prenda jugar con los sentimientos del gentío para posicionar ciertas web que ganarán en publicidad una pasta.

Caso habitual de “No me daréis like porque soy negrito” o”like si amas a Dios”, joder que se te remueven las entrañas y con el corazón en un puño, te replanteas de súbito, el racismo o el escepticismo en un clic.

“La fruta que cura el cáncer, pero que los médicos no quieren que conozcamos”, “Dale al like y te curaras del cáncer”, ni que decir ya de ese bálsamo de fierabrás a base de agua, bicarbonato y limón, que aseguran ser un anti-cancerígeno mil veces más efectivo que la quimioterapia. ¡Ahí la llevas!

Qué decir del WhatsApp, ese etéreo lugar donde se reúnen grupos de madres, padres y profesores para, por lo común hablar de los deberes de sus retoños, aunque en ocasiones resulta ser ágora de atropellos.

Caso de una localidad madrileña donde en un chat entre profesores se incluían sabrosos comentarios tales “ningún moro es bueno”, además de los despectivos hacia compañeros y progenitores.

Sabido es que matones y perdonavidas han existido de siempre en la escuela, a servidora la apedrearon en la calle por gorda, pero ahora, como diría Groucho Marx, han alcanzado las más altas cotas de la mierda en el ciberespacio. En mi caso, al día de hoy, estaría ciberlapidada.

Allá ejercen el Ciberbullying, a saber acoso escolar, que se espacia fuera del ámbito presencial, o sea, que es como el amor cuando llega de esa manera, ni tiene fecha, hora o calendario, por lo que el afectado nunca está tranquilo.

Redes sociales toxicas son utilizadas por quienes suplantan personalidades o hacen lo suyo con pornografía infantil, todo un panorama de Ciberdelincuencia que, a mi humilde parecer, se le está yendo de las manos al gobierno de turno por desidia presupuestaria y legislativas.

En tan solo 140 caracteres se hace “Política tweet” o en algo más “Facebook” en época electiva, herramientas que se abandonan toda vez termina la campaña, véase el caso del compañero Vara que, periclitado el plebiscito, no ha vuelto a decir “ni chus, ni mus ni bicicleta” a la hora de contestar a la ciudadanía.

La cúpula de Podemos, con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón a la cabeza, se enzarzaron en una pelea virtual por las esencias del partido y, Beverly Whaling, alcaldesa republicana de una pequeña ciudad de Virginia dimitió de su cargo por “alegrarle el día”, un comentario publicado en las redes sociales en el que se hacía referencia a Michelle Obama como “un simio con tacones”.

Y es que este trajín en el éter de la @ deja a la vista lo peor de cada casa, frustraciones personales para quienes ser “culto” es un insulto; paradojas ideológicas “haz lo que yo diga, no lo que haga”, o simples muestras de impericia política, todas ellas recompensadas en forma de insulto o mofa hacia un enemigo, más que antagonista, virtual.

En numerosas ocasiones se hace referencia, como sinónimo de destreza en las alturas, a esa gran trapecista que 1990 recibió el Premio Nacional de Circo en su primera edición.:”¡Que te vas a caer, a ver si te crees Pinito del Oro!”. Pues eso.