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por Antonia Gómez Quintana

“Prietas las filas, recias, marciales”
Himno del Frente de Juventudes

Y que desde el año la nana, Montijo tenía predilección filial por Franco, Yagüe y Queipo, y que ya iba siendo hora se prescindiera de tal devoción a tamaños matanceros.

La moción cogió con el paso cambiado a la izquierda auténtica, básicamente porque venía de su enemigo natural, a saber los sociatas; y órsay a la pretty derecha al entender que, con un informe técnico, pasado vuelta y vuelta poco hecho como le gusta a mi marido, por comisión informativa, hubiera bastado.

Se ve que pretendían hacer la misma “pirula” que en Alicante, allá donde se adoptó en Comisión Municipal de Memoria Histórica el cambio de cuarenta calles y plazas; proceso por el cual el PP recurrió y el juez le dio la razón, porque tal acuerdo debió tomarse en Pleno, órgano competente en la cosa.

Vestigios del franquismo siguen existiendo en nuestra localidad, aunque a lo que se ve lo que no se tiene muy claro es lo que significa el palabro.

“Ruina, señal o resto que queda de algo material o inmaterial” dice la RAE, que en el contexto que nos ocupa se referiría a signos emanados de la dictadura.

Entiéndase, un poner, la “Cruz de los Caídos” en el Parque Municipal, la calle “La Legión”, otrora “Numancia” o “Ruiz de Alda”, antes nada porque se nominó durante el “Régimen”.

Nada que ver con las nombradas en democracia, como la dedicada a Hipólito Gragera, ahora garabateada por la barbarie maniqueísta, esa miope que no distingue más que el blanco o el negro, a saber, si eres rojo bueno de santidad y si no es así, malo de solemnidad.

Esa que desconoce, u omite maledicente, que lo fue en la legislatura de Pedro Serrano, avalada por un nutrido número de firmas de la ciudadanía, a cuyo dictamen me pliego, como no puede ser de otra forma, en aras de la voluntad popular.

Otra cosa es opinar desde la bancada de la inopia, donde prima la máxima “desprecio cuanto ignoro”, la convulsión como alegato, el improperio como respuesta y el victimismo laboral como muleta argumental.

Desterrar al este del Edén a quienes se desvían de la línea que marca el norte, esta teniendo un alto coste para la “legítima” izquierda, de tal forma y manera que han tenido que atar las cuerdas de la pancarta, que solicita la gestión pública del Centro de Día, a dos puntales en la Avenida por falta de cuórum.

Cartel que ha desaparecido, al parecer por arte de birle birloque, pero ya malicia la rumorología que con nocturnidad, como fue colocada, y alevosía gubernamental.

Que sea fundada su reivindicación nadie lo pone en duda, que lo público es lo primero tampoco, pero que no tienen respuestas ni capacidad de involucrar al gentío en sus planes, es palmario, al igual porque el proletariado que defienden dejó de existir hace más de un siglo.

Si esto es al menos descorazonador, también ha sido triste la muestra de apartamiento en la Semana de la Mujer, que ya tenemos bastante, como para que se utilice como baza política el apartheid del programa propuesto por la Concejalía del ramo.

La exclusión numantina lleva a la combustión espontánea y sobre todo cuando hay un núcleo dirigente inapetente, que lleva demasiado tiempo echando leña a un fuego extinto.

Quedarse con la vieja guardia, dejando tras de sí a la famélica legión ha sido norma de esta izquierda obsoleta y caudillista, a quien no interesa más que sus seguidores entreguen cuerpo y mente, como el que lo hace a la ciencia.

En ocasiones nos convertimos en lo que odiamos, así pues, prosigan “prietas las filas, recias, marciales”…