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por Alfonso Marín Caballero

Es raro el fin de semana que no termina hablándose de algún evento deportivo: el coraje de Rafa Nadal en el tenis, la mala suerte de Fernando Alonso, la rivalidad entre Márquez-Rossi-Lorenzo, el enésimo éxito de Francisco Javier López Noya en una disciplina tan dura como es el Triatlón, el canastón en el último segundo de Sergio Llul ó de un penalti fallado por una estrella del fútbol y que propicia la derrota de su equipo. Pues bien, estos casos como el de muchísimos otros, son ejemplos de personas que viven por y para el deporte, con sus éxitos y sus fracasos; personas que han hecho de su hobby una profesión y de su profesión una forma de vida. En mayor o menor medida, todos ellos viven de lo que les gusta y gracias a hacer lo que les gusta, tienen en el reconocimiento y el cariño de la gente, pero sobre todo, tienen el sustento de sus clubs y de sus patrocinadores.

Pero hay muchísimas otras personas, millones de personas que a diario fallan penaltis y disputan triatlones; personas que aparte de hacer su jornada laboral, se quitan tiempo de su tiempo y tiempo de sus familias, para practicar el deporte que les gusta, deporte de verdad, deporte por AFICIÓN, deportes que en muchos casos exigen una gran preparación tanto física como mental: IronMan, Triatlones, Maratones, Medias Maratones, Trails, UltraTrails, Millas Romanas, Los 101 de Ronda, Quebrantahuesos, 10.000 del Soplao, Atletismo, Judo, Natación, Gimnasia, etc…

Personas que no tienen el reconocimiento de las masas, que no tienen ningún tipo de repercusión pública, que no tienen el respaldo de sponsors ni patrocinadores que sufraguen sus gastos de desplazamiento, de inscripción, de material, etc…; personas que practican los mismos deportes que los mega-cracks y que encima los lunes, deben levantarse bien temprano para no faltar a sus respectivos trabajos.

Dicen, que para valorar a una persona, hay que fijarse en lo que hace cuando tiene completa libertad para elegir.

Pues bien, desde aquí quiero rendir un sincero y modesto homenaje a estas personas que pudiendo elegir quedarse en casa, o en la cama un domingo por la mañana, optan por madrugar, optan por ganarle horas al día con el único objetivo de superarse a ellos mismos, con la única motivación de no defraudarse a ellos mismos y con la recompensa de hacerlo lo mejor posible. Para todos estos deportistas amateurs, el premio no es una mejora de ficha y ni mucho menos un contrato publicitario; para muchos de ellos, el mejor de los premios es cruzar la meta agarrando la mano de su hij@, es saber que sus padres están viéndole desde la grada ó simplemente recibir el beso de su pareja al finalizar la prueba. Esa debería ser la esencia del deporte, practicarlo para sentirnos bien con nosotros mismos y cada vez estoy más convencido que cuando el deporte deja de tener ese sentido, deberíamos de dejar de llamarlo deporte.

(Bueno, y no nos olvidemos de las cervezas de después claro….)

Ahí lo dejo…