por Teodoro Gracia

El año 2017 tiene un buen número de fechas que conmemorar, concretamente el artículo anterior lo dediqué a Miguel Hernández por el 75 aniversario de su muerte. Dentro del mundo literario este año también celebraremos el cincuenta aniversario de la muerte de Azorín y el centenario del nacimiento de José Luis Sampedro y Gloria Fuertes.

Precisamente, a esta última quiero dedicarles este artículo de hoy y empiezo con un poema que le escribí en 1984 y que aparecía en mi libro: “Como el viento”:

Golondrinas. Hermosas mariposas

son tus versos que danzas por el viento

enterrando tus tristes sufrimientos

con millares de pétalos de rosas.

A leer tus versos me provocas

cuando el hombre apuñala la conciencia.

Entre tu sencillez y tu inocencia

mi rabiosas heridas se desbocan.

Que tu lluvia será bien recibida,

llueve amor, ven y descarga

sobre esta tierra que enferma y amarga

jamás se vio tan bien humedecida.

Pinta hermosas cigüeñas diferentes

en los pueblos de España solitarios

que adornen los negros campanarios.

Necesitan tus versos, Gloria Fuertes.

El 28 de julio, Gloria Fuertes, hubiera cumplido cien años pero el 27 de noviembre 1998 nos dejó para siempre y desde aquel día, su corazón dejó de decir cosas, dejo de manar de su alma hermosas palabras repletas de amabilidad, sensibilidad, fuerza y honestidad, valores que no es fácil que puedan darse juntos en una misma persona.

Siempre la catalogaron como la poeta para niños y ella era muy feliz con este encasillamiento pero yo al menos creo, que los adultos, teníamos que leer entre líneas porque ella nos mandaba mensajes de cordura a través de su poesía.

En su poema “Autobiografía” nos confesó que ella fue una mujer que intentó parar la guerra y no la dejaron o que le gustaría comprarse a plazos una flor natural como las que le dan a Pemán… frases sin sentido, dirían algunos, pero a mí me parecen hermosas reflexiones repletas de ternura. En este poema autobiográfico, me encanta como describió su nacimiento: “Fue muy laborioso el parto de mi madre que si se descuida muere por vivirme” o cuando contaba que empezó a trabajar: “Luego me salió una oficina donde trabajo como si fuera tonta –pero Dios y el botones saben que no lo soy–“.

Quiero terminar con una de sus poesías que me parece una declaración de amor realmente conmovedora: “Pienso mesa y digo silla, compro pan y me lo dejo. Lo que aprendo se me olvida… lo que pasa es que te quiero”.