Diario de campaña


por Alfonso Pinilla


 

Ni Pablo Iglesias es Iósif Stalin ni Santiago Abascal es Francisco Franco. Los adversarios han creado estas interesadas caricaturas para deslegitimar a ambas formaciones de cara a la liza electoral. De Podemos yo salvo algunas de sus políticas sociales que favorecen, realmente, a los más débiles. Pero no estoy de acuerdo con ellos en esa enmienda a la totalidad que plantean frente a la democracia de 1978, por mucho que deba regenerarse. Y tampoco comulgo con la formación morada en esa puerta abierta a la autodeterminación que esgrimen para “solucionar” la situación en Cataluña. Por otra parte, estoy de acuerdo con Vox en la defensa de una España unida, basada en la convivencia de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Sin embargo, critico su condena sin matices a las autonomías y rompo una lanza a favor de una solidaridad que no queda bien parada cuando los de Abascal hablan sobre inmigración. Esto quiere decir que la oferta electoral, el discurso de los partidos, puede rozar la órbita ideológica de cada uno sin coincidir absolutamente. Las caricaturas buscan aventar estereotipos, movilizar voto, inocular miedo, pero renuncian al matiz y al serio análisis de lo que realmente oferta cada partido. La vida no es una película en blanco y negro, sino una gradación de colores que burla cualquier código binario.