Puebla de la Calzada encumbrada en la historiografía de la baja Extremadura

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por Pablo Iglesias Aunión


Introducción

La actual villa de Puebla de la Calzada se encumbra en la cima más alta de la denominada historiografía de la Baja Extremadura y dentro del espacio geográfico de la rica Comarca Emeritense, siendo una villa que sin lugar a dudas no por ello -el pertenecer originalmente a dicha Comarca- pierde sus señas de identidad si tenemos en cuenta que entrará a formar parte de la encomienda del mismo nombre una vez queden estructurados los términos jurídicos y administrativos entre el reino conquistador, León con su rey Alfonso IX llamado “rey peregrino” y, la administración eclesiástica con el Arzobispo de Santiago don Bernardo y la Orden Militar igualmente de denominación santiaguista, la configuren como a otras localidades en un concejo dispuesto a despegar en los siglos siguientes.

Es obvio a la vez que irracional, inusual y falto de total rigor científico, considerar que para obtener un análisis y una comprensión de estos siglos (entre el XIII y el XV), el pasado humano recogido en la rica herencia paleográfica y archivística debe o puede ser considerado como “algo dormido o muerto.” Puebla de la Calzada para los periodos de la Baja Edad Media y los años comprendidos en la Edad Moderna (siglos XVI, XVII y XVIII) necesita, como toda realidad viva, recurrir a esos documentos que son inseparables -no los únicos medios- de la vida del investigador.

Coincidiendo con la gran historiadora de enorme raigambre académico Natalie Zemon Davis, profesora emérita de la Universidad de Princeton, son los “olores de los archivos” los que provocan en el historiador una atracción y un asombro que ejerce en el investigados la capacidad, siempre bajo una adecuada preparación académica, de adentrarse en su análisis y comprensión para aproximarnos a sociedades, a comunidades y por tantos a individuos del pasado como lo es ahora el morador de antaño y habitante actual de la villa de Puebla de la Calza

Una conexión entre el ayer y nuestra realidad

Acabamos de terminar la festividad de la “Pura” que para Puebla de la Calzada y con el permiso de la festividad patronal de San Pedro en junio, hace de esta localidad un rico entramado de elementos de gran carácter histórico (tendremos tiempo en otras entregas de desglosar el por qué de este arraigo entre Puebla de la Calzada y la Inmaculada Concepción).

El comportamiento del poblanchino desde una visión antropológica, social, religiosa y por supuesto política propia del siglo XXI, se entiende en el conocimiento histórico que iremos dando a conocer (para eso está ese “conocimiento histórico”), desde una localidad que nos habla con anterioridad a los mencionados siglos XIII y XIV a través de sus afamadas aldeas que unificadas jurisdiccionalmente y en cuyas averiguaciones de su exacta localización geográfica andamos (“tiempo al tiempo” en el mejor argot lingüístico histórico).

Pero como en todo acontecer histórico y en el propio devenir histórico, algo que esta villa encierra, requiere y ofrece para un espacio literario que se nos dilatara en varias entregas (con el debido permiso de VentaDigital), en una serie de breves capítulos de la historia que Puebla protagoniza, especialmente para un periodo que a buen seguro los poblanchinos desconoce, pero saben agradecer.

Puebla de Mérida y la encomienda santiaguista: 1ª parte

Rompemos también el tópico de que la “Historia se repite”, afirmación que el lector puede pensar al introducirse en la lectura de estos artículos que ahora anunciamos. Es más bien “el hombre quien se repite” y de la misma manera que se trata un lugar, un espacio vital determinado, con idénticas herramientas históricas (pedagógicas, metodológicas y didácticas), se trata otro marcando siempre las debidas diferencias.

Ahondado ya en un contenido meramente histórico, cuando el “rey peregrino” Alfonso IX de León conquista la ciudad de Mérida en torno al año 1230, toma y arrebata de manos musulmanas tierras, bienes, lugares adecuados para un futuro asentamiento, que quedan formalizados con el arzobispo don Bernardo de manera que Puebla de la Calzada ya está registrada documentalmente e inscrita con nombre propio en lo que será un rico documento ratificado y firmado en la ciudad de Mérida ante el monarca Fernando III “el Santo” y doña Berenguela y que suponía dar larga vida a la conocida concordia entre la Corona y la Orden Santiaguista fechado el 12 de abril del año 1231,

Así, bajo el nombre de Puebla de Mérida, aparecerá ya mencionada y de forma rápida como Puebla de la Calzada, dentro de la Encomienda emeritense, con sus repartimientos antes de que lleguen los años centrales del siglo XIII en torno al año 1245: “Mérida, Aceuchal, Aljucén, Almendralejo, Alguijuela, Arroyo de San Serván, Calamonte, Carminita, Fuente del Maestre, Esparragalejos, Cordobilla de Lácara, La Nava de Santiago, Lobón, Los Santos de Maimona, Mirandilla, Montijo, Puebla de la Calzada, Torremejías, Trujillanos, Valverde de Mérida y Villafranca de los Barros.

No tendrá que pasar ni siquiera un siglo (los asentamientos humanos son lentos, muy lentos y requieren de largos espacios históricos), cuando el 28 de abril de 1327 el maestre santiaguista Vasco Rodríguez Cornago, conceda nuevos privilegios a estas tierras que irán dándole forma social, económica, política y religiosa.

Un poblamiento cuyos morades llegarán posiblemente de tierras leonesas, regulándose términos y aldeas (unión en Puebla de Mérida de las llamadas aldeas del Rubio, Carazo y Torrefresno), obligando al cumplimiento en las formas de asentarse los hombres y mujeres, labriegos de tierras que hará de Puebla de la Calzada que, con el aprovechamiento de sus frutos (leña, bellota, siega y siembra, tierras de pasto y ganados, aprovechamiento común, etc.), hagan como decimos una localidad que alzará con fuerza y empuje ya en el siglo XV. Una zona llena de vida que evoluciona desde los 26 vecinos en el año 1494 (125 habitantes) a los 120 vecinos (420 habitantes) antes de que finalice el primer tercio del siglo XVI.