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Diario de campaña


por Alfonso Pinilla


 

Ha vuelto el macho alfa de Podemos, y lo ha hecho por donde solía: arengando a las masas en un cartel donde anuncia su venida como el mesías anhelado y redentor que necesitamos. Aunque pronto haya renegado del engendro, el celebrado cartelito lo delata. A Podemos lo hundirá la soberbia de su líder, fuente de todas sus contradicciones. Se vanagloriaba de comprar el pan en Vallecas, su barrio de siempre, y ahora precisa de cuatro guardias civiles para vigilar su palacete de Galapagar. El Partido defiende a ultranza el feminismo, pero las féminas –Manuela, Tania– que urdieron el apuñalamiento del líder durante su baja paternal no se atrevieron a dar el paso al frente, valientes ellas, encabezando la rebelión a bordo. Tuvieron que llamar a Íñigo, el yerno de izquierdas que toda suegra de orden toleraría. Y ni siquiera Irene, siempre a la sombra de su “marido”, ha tenido el empaque de prolongarle la baja al jefe para tirar ella sola del carro, empoderada y con el fruncido ceño que ya es marca de la casa. En medio de la crisis, cuando todo parecía venirse abajo, Podemos creció al ilusionar con sus ideas, ahora zozobra porque sus propios líderes ni siquiera se las creen.