Con la invitación de su homónima de Lobón, la escuela poblanchina lleno la pista de chicos y chicas que evolucionaron con sus pasos, piruetas y coreografías durante más de dos horas.
El graderío, a rebosar, supo apreciar con sus aplausos el esfuerzo y trabajo de estos pequeños y mes pequeños gimnastas, que durante todo el curso se han ido perfeccionando para demostrar, en la calurosa tarde del domingo pasado, todo su valor y destreza tanto en suelo como en aparatos.
Desde los más pequeños de 6 años hasta las mayorcitas de 14 y 15 todos han sabido moldear sus cuerpos y sus movimientos en un alarde de expresividad y coordinación rítmica.

















