VÍDEO: Abraham Gragera reivindica el valor de los pueblos en el pregón de la Feria de Montijo

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El poeta repasó su infancia, la influencia de su familia y su reconciliación con la localidad antes de invitar a celebrar “la suerte de ser todavía un pueblo”

Abraham Gragera convirtió la memoria, la familia y su relación con Montijo en los ejes del pregón de la Feria y Fiestas Patronales de 2026. El poeta recordó su infancia y adolescencia en la localidad y cerró su intervención con una defensa de los pueblos como espacios de comunidad en una sociedad cada vez más conectada, pero también más distante.

La familia y el origen de su vocación

Gragera dedicó parte del discurso a sus abuelos maternos, campesinos que influyeron en su forma de entender la poesía y su relación con la naturaleza. De ellos destacó especialmente el valor del silencio y una forma de vivir vinculada a la tierra.

El poeta los definió como “la música de la tierra” y aseguró que fueron ellos quienes sembraron el germen de su vocación.

Su padre ocupó también un lugar central en el pregón. Gragera recordó cómo leía a sus hijos poemas de Bécquer, Campoamor, Rubén Darío y Lorca y cómo le animó durante años a continuar escribiendo.

“Hijo, pase lo que pase, te veas como te veas, no dejes de escribir”, recordó que le repetía.

Abraham Gragera pronunciando el pregón de la feria y fiestas de Montijo 2026 (foto: Rut GG).
Abraham Gragera pronunciando el pregón de la feria y fiestas de Montijo 2026 (foto: Rut GG).

Una relación con Montijo sin idealizaciones

El pregonero repasó también su adolescencia en el Montijo de finales de los años ochenta, una época que vinculó al desarrollo cultural de la localidad y a las actividades promovidas desde la Universidad Popular.

Pero su relato no evitó los momentos difíciles. Gragera recordó las consecuencias que tuvo para su familia ser hijo de un alcalde que “no rehuía la polémica” y reconoció que aquellas experiencias podrían haber provocado que no quisiera regresar al pueblo.

Con los años, explicó, consiguió reconciliarse con Montijo. Para ello tuvo que volver a observar sus calles, plazas, campos y huertas sin que las experiencias personales condicionaran su mirada.

Esa nueva relación con la localidad recuperó recuerdos de la infancia: las nieblas del invierno, las campanas de San Pedro, el olor de las tomateras recién regadas y, especialmente, la llegada de la feria, que describió como el momento más esperado del año.

Abraham Gragera junto al alcalde de Montijo, Javier Cienfuegos, en el acto institucional del Día de Extremadura 2026.
Abraham Gragera junto al alcalde de Montijo, Javier Cienfuegos, en el acto institucional del Día de Extremadura 2026.

“La suerte de ser todavía un pueblo”

Gragera dedicó el final de su intervención a reivindicar el papel de los pueblos en una época marcada por la hiperconexión, la búsqueda de gratificaciones inmediatas y la polarización.

“Es en los pueblos y en sus fiestas donde todavía podemos recordar de primera mano lo que nos une”, afirmó.

El poeta cerró el pregón invitando a los vecinos a mantener ese sentimiento de comunidad: “Celebremos juntos mientras podamos, un año más con motivo de las ferias y fiestas patronales, la suerte de ser todavía un pueblo”.

La intervención terminó con un “¡Viva la Virgen de Barbaño!”.



Abraham Gragera (nacido en 1973 en Madrid y estrechamente vinculado a Montijo) es poeta, traductor, dramaturgo y director escénico. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, ha publicado los poemarios Adiós a la época de los grandes caracteres (2005), El tiempo menos solo (2012), O Futuro (2017) y La domesticación (2025).

Como traductor, ha trabajado con obras de autores como Louise Glück, W. S. Merwin, Emily Dickinson y Pascal Quignard.

Su obra ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio El Ojo Crítico de Poesía de RNE en 2013, por El tiempo menos solo; el Premio al Mejor Libro de Poesía del Gremio de Libreros de Madrid y el Premio de la Crítica de Madrid en 2017, por O Futuro; y el V Premio Nacional de Poesía Meléndez Valdés en 2026, por La domesticación.

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