Una gran hoguera en la Plaza de España sirvió para que el sacerdote encendiera el Cirio Pascual, con él, se fueron encendiendo seguidamente las velas que todos los fieles llevaban para la celebración.
La procesión, como un río de centenares de llamas, estaba formada por numerosos fieles que entraban en el templo, lugar de la celebración, en completo silencio y seguidos del párroco que llevaba el Cirio Pascual en alto. La parroquia, completamente a oscura, empezaba a alumbrarse con el resplandor de las velas y así comenzaba una vigilia que cambiaba las tinieblas por una hermosa luz símbolo del Cristo Resucitado.
Mucho público, buena organización y gran participación en este acto religioso en la noche del Sábado Santo.

















