Una revolución como dios manda.

Chipi durante una de las escenas de El Bar Nuestro de Cada Día en la Puerta Lateral del Teatro Nuevo Calderón, donde público y actor comparten escenario alrededor de una mesa de bar. (fotos: Rut GG).
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por Rut GG
Jazz Street, mientas escribo


Después de una jornada laboral, de haberme bebido dos cafés, cuando uno casi me hace volar por los aires, de llevar a entrenar a adolescentes que no huelen especialmente bien a la salida, sudados y hormonados, y de aterrizar a toda velocidad los 40 kilómetros que separan Badajoz de Montijo, llegué al Nuevo Calderón por trabajo para cubrir El Bar Nuestro de Cada Día.

Llego a la Puerta Lateral y, salvo el porcentaje habitual, el público es nuevo.

Qué alegría me da ver gente nueva en el teatro. Sí, sí, yo apoyo el teatro y quiero que las salas se llenen, porque en ocasiones la interpretación, las artes escénicas  me resultan mucho más activistas que muchas otras maneras de reivindicar derechos.

Soy de las que ve el teatro como una revolución y hoy, con El Bar Nuestro de Cada Día, mantengo esa pequeña esperanza.

Podría hablar maravillas de Chipi. De sus premios. De que El Bar Nuestro de Cada Día fue reconocido como Mejor Espectáculo de la Feria de Artes Escénicas de Andalucía-Palma del Río. De los reconocimientos obtenidos en los Premios Lorca 2025, entre ellos Mejor Espectáculo de Teatro, Mejor Intérprete Masculino y Autoría Musical. De su capacidad para sostener durante más de dos horas la atención de ochenta personas. De su enorme trabajo interpretativo. Pero no quiero hablar de eso. Para valorar su trabajo ya hay profesionales con más conocimientos que yo y seguramente lo harán mejor. Yo prefiero hablar de lo que me llevé a casa al salir del teatro.

Antonio Romera. (fotos. Rut GG).

Durante más de dos horas nos hemos estado riendo mientras nos empapamos de historia, desde la política actual hasta los griegos y los romanos. Sí, sí, un monólogo donde hemos recibido una clase magistral de historia desde un punto de vista crítico y argumentado.

Y además en un espacio muy particular. La Puerta Lateral es el lugar de los actores y actrices, de los directores y directoras, de las fotógrafas y fotografos, del personal técnico… Es decir, el lugar donde todo pasa. Donde todo sucede.

Yo vengo a contarte la ambigüedad de esta obra. Su mensaje. Su capacidad para convertirse a la vez en espectáculo, conversación y espejo.

La Puerta Lateral. (fotos: Rut GG).

Porque vivimos tiempos en los que faltan orejas. Tiempos en los que parece que las personas homosexuales casi tienen que volver al armario. Tiempos en los que todavía hay que explicar que feminista no se es a medias. Que la sanidad no es un lujo, sino un derecho. Que la educación es poderosa y quizá por eso algunos prefieren que no llegue a todo el mundo. Que los derechos humanos no se cuestionan. O que tener tu propia casa no debería ser una heroicidad, sino parte natural del sistema económico de un país.

Oremos. (fotos: Rut GG)

Tiempos en los que las mujeres seguimos teniendo que recordar que nuestros derechos no son concesiones. Quiero pensar que el pequeño porcentaje que se conforma es eso, pequeño, y que el resto siguimos avanzando con paso firme.

También habla de la velocidad. De la obligación constante de ser productivos. De la búsqueda obsesiva de la felicidad. De no sentirte culpable por pasar varios días leyendo un libro sin hacer nada más.

Solo de trompeta. (fotos: Rut GG).

Una lección sobre la importancia de aburrirse. Ya me lo decía mi amiga Rosa: «Abúrrete». Aburrirse es un privilegio.

Una puerta lateral de vuelta. Los árabes, los godos, los griegos y los romanos desfilaban ante nosotros mientras degustábamos jamón y vino. Sí, sí, teatro con degustación. Durante más de dos horas compartimos una cronología que no sonaba a lección académica, sino a conversación de bar. Una de esas conversaciones que importan.

La historia no son solo fechas, reyes o batallas. La historia explica de dónde vienen muchas de las discusiones que seguimos teniendo hoy. Explica quiénes fuimos y, en gran medida, quiénes somos.

Ese es el poder del teatro, salir de él removida, para bien o para mejor, con ganas de seguir hablando de lo que acabas de vivir. De lo que acabas de escuchar. De lo que acabas de entender.

Y sigo repitiéndome, y lo haré cuantas veces sean necesarias: la historia hay que saberla. Pero también es importante cómo te la cuentan. No es lo mismo memorizar una fecha que comprender por qué hemos llegado hasta aquí.

Tremenda cronología sobre la mesa de un bar, en el altar, nunca mejor dicho. El gusto de disfrutar del teatro desde el propio escenario, junto al actor, mientras el pasado y el presente compartían conversación.

Se me quedan en el tintero Isabel I y el rey, el maricón y Cuenca, el ocio y la almohada. El que sabe, sabe. Si no entiendes de qué hablo, ve a ver El Bar Nuestro de Cada Día y luego te pasas por este artículo y me cuentas.

No hay mayor felicidad que ser consciente del momento presente.

Hoy he tenido el doble de trabajo y me ha parecido la mitad.

Queridas y queridos, esto acaba de empezar. El otoño en el Nuevo Calderón viene con fuerza. Si ya conoces la programación, nos vemos dentro. Si todavía no la conoces, pues te la estás perdiendo.

Mucha mierda, Chipi.

Pero mucha.

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