Jóvenes de Puebla de la Calzada, Valdelacalzada y Montijo participarán en una misión solidaria en Guinea Ecuatorial impulsada por Justo Fermín Luengo

Grupo de jóvenes de Puebla de la Calzada, Valdelacalzada y Montijo junto al párroco Justo Fermín Luengo antes de su misión solidaria. (Foto: cedida).
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programa de eventos del Ayuntamiento de Montijo

por Mª Ángeles Huertas Toncas



Construyendo comunidad donde más se necesita

«La misión de llevar la Iglesia al corazón del pueblo, y donde manos jóvenes provocan grandes cambios”

En un momento social en el que, demasiadas veces, parecen imponerse los mensajes de miedo, rechazo y odio hacia las personas inmigrantes, surgen iniciativas que nos recuerdan que otro mundo es posible. Un mundo más justo, más humano, más solidario y más comprometido con quienes más lo necesitan.

Ese es el ejemplo que nos regala un párroco de pueblo, Justo Fermín Luengo Luengo, acompañado por un grupo de jóvenes de Puebla de la Calzada, Valdelcalzada y Montijo, ell@s han decidido mirar más allá de su propia realidad y apostar por trabajar allí donde hace falta. En este caso, Guinea Ecuatorial se convierte en el destino de una experiencia que nace del compromiso, de la fe entendida como acción y de la convicción profunda de que las cosas pueden hacerse de otra manera.

Esta iniciativa demuestra que la solidaridad no entiende de fronteras, que la juventud tiene una enorme capacidad para transformar realidades y que, cuando existe compromiso, ilusión y acompañamiento, se pueden conseguir grandes cosas. Porque estos jóvenes, con toda la vida por delante, han decidido implicarse en una acción que habla de justicia, de comunidad y de esperanza.

En tiempos donde a veces se intenta señalar al diferente, levantar muros o alimentar el miedo, ellos apuestan por tender puentes. Apuestan por acercarse, por conocer, por compartir y por construir. Apuestan por una sociedad más justa y solidaria, donde nadie quede fuera y donde cada persona sea reconocida con dignidad.

También es un ejemplo de una Iglesia cercana a la comunidad, abierta, inclusiva y comprometida con las necesidades reales de las personas. Una Iglesia que no rechaza a nadie, que sale al encuentro, que escucha y que actúa. Una Iglesia que entiende que crear comunidad también significa estar presente donde más se necesita, acompañando, apoyando y generando oportunidades.

Gracias, Fermín, por creer que se pueden hacer las cosas de otra manera. Por impulsar acciones que impactan, que remueven conciencias y que crean comunidad desde el compromiso y la cercanía.

Gracias, Jesús y Miguel Ángel, por estar siempre dispuestos y por hacer posible tantas cosas. Por sumar, acompañar y demostrar que la implicación constante puede abrir caminos.

Gracias, Juan Diego, por entregar parte de tus vacaciones a enseñar que desde el amor, la entrega y la generosidad se pueden lograr grandes aprendizajes.

Y gracias también a Alberto, Irene, Carmen, Alejandro, Leo, Pablo y Teo. Gracias por demostrar que la juventud no es solo futuro, sino también presente. Un presente capaz de movilizarse, de ilusionarse y de comprometerse con grandes acciones. Jóvenes que entienden que la sociedad debe ser más justa, más humana y más solidaria.

Iniciativas como esta nos recuerdan que el cambio empieza cuando alguien decide dar un paso. Cuando alguien cree que merece la pena implicarse. Cuando un grupo de personas se une para construir algo más grande que ellas mismas.

Porque un mundo mejor es posible. Porque los jóvenes pueden lograr grandes cosas. Y porque, sin duda, este es el momento de hacerlo.

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