La obra nos habla de Alacrán, un personaje canalla y entrañable que se prepara para salir a escena e interpretar a su amor, La Cangrejo. La recuerda y actúa para ella, para tenerla presente, cada noche el mismo ritual para un nuevo desencanto.
La obra tuvo momentos íntimos, sensibles y simpáticos, resaltando uno en el que Alacrán nos muestra un paso de Semana Santa, con saeta incluida.
Un impecable trabajo sobre el escenario de la Casa de la Cultura en el que se valora, principalmente, el mucho talento colectivo que se han unido para realizar este excelente montaje.

















