Vista de las capillas centrales de estilo gótico: 1494-1556. Foto: Archivo Parroquial S. Pedro Apóstol
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por Pablo Iglesias Aunión


“Sus primeras manifestaciones en el arte ornamental: 1498-1556” (Iª parte)

Recientemente hemos conocido la noticia del “derrumbe” de una de las partes inferiores de la calle central del Retablo Mayor perteneciente al templo parroquial de San Pedro Apóstol. No vamos a entrar en detalles de lo ocurrido como tampoco del proceso de restauración que comenzará con su desmantelación pronto.

Todo ello pueden leerlo y seguir dicho proceso en la web de la Parroquia, tal y como nos lo describe José Antonio Martín Parada.

Creemos que es el momento de que dediquemos un estudio detallado de lo que supone esta obra, cuyas características en cierto grado están bien conocidas desde el punto de vista historiográfico, pero sobre el que aún nos quedan muchas incógnitas, algunas de las cuales pueden que ahora sean resueltas precisamente en el momento que se enfrente a un proceso de restauración y conservación necesario y muy demandado a la vez que, deseado desde hace ya muchos años (imposibilitado por su alto coste).

Altares y retablos de la primera mitad del siglo XVI: iconografía sobre san Pedro, Nuestra Señora y San Sebastián (1494-1511)

Bóveda de crucería. Primeras fases constructivas del templo. Foto: Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol

Para una ubicación correcta que nos permita conocer con exactitud lo que supone la presencia de un retablo en el altar de un templo, hemos de cambiar algunas de nuestras ideas espaciales que nos llevan a ver la fábrica de San Pedro en los siglos XV-XVII como lo vemos ahora en pleno siglo XXI.

De la misma forma debemos hacernos a la idea, que habla del Montijo de estos momentos es hablar de una población que en 1494 contaba con 254 vecinos (unos 1.270 habitantes), mientras que para el primer tercio del siglo XVI y en torno al año 1529, lo era de 353 vecinos (1.765 habitantes). Población considerable a nivel de la comarca emeritense donde también destacaba La Garrovilla, que en el año 1529 contaba con 1.175 habitantes, 235 vecinos.

Ubicados espacio-temporalmente, cronológicamente estamos comenzando a movernos a partir del último cuarto del siglo XV lo que habla de que no siempre la complementación ornamental del mismo fue realizada a la par que la realización de sus capillas: altares correspondientes, los mencionados retablos, etc. Así, por ejemplo, la primitiva iglesia de San Isidro, el antiguo hospital de pobres o la ermita de los Santos Mártires de Montijo, tuvieron pinturas murales a modo de decoración, que sin embargo en la de san Pedro no aparecen porque en estos momentos se encuentran en sus primeras e importantes fases de construcción. Pinturas murales que bien merecen en otro momento un detallado estudio[1].


Información sobre la encomienda de Montijo en el año 1498. Foto: Pablo Iglesias Aunión

San Pedro Apóstol contaba en estos momentos, entre los años 1494 a 14982, con un altar mayor del que se dice existían varias imágenes de las cuales no se especifican sus nombres. En el año 1511 aparecerán descritos no uno,sino tres altares y sus advocaciones: San Pedro, Nuestra Señora y San Sebastián. Se tratan de altares con sus frontales pintados en los que se ubican imágenes escultóricas en sus respectivas hornacinas.

Debemos detenernos un momento en el altar referido a San Pedro pues sabemos que existía ya en el año 1500 (obviamente no el actual): “Tiene fecho todo el cuerpo de la iglesia de piedra mampuesta. E tiene hecho un altar en el que está la imagen de san Pedro metido en una hornacina de madera con una cruz de alatón, con un crucifijo…E está en muy buen estado”[3]. El templo poseía ya pila de bautizar y sagrario así como en los mandamientos de los visitadores se especificaban que las obras debían de continuarse (mandamientos que son esenciales para conocer la existencia de la evolución de la parroquial montijana y por tanto de la aparición ornamental de la misma), quedando estos refutados ante los alcaldes que en este momento eran Alonso Fernández y Juan Esteban, los regidores Antonio Macías y Toribio Fernández, el mayordomo del concejo Pedro Ruíz.

UN ALTAR MAYOR AL QUE SE SUBE POR TRES GRADAS: con una imagen de bulto del señor San Pedro (1550-1556)

La evolución del templo como hemos indicado anteriormente supone igualmente la evolución ornamental. La llegada de los años centrales del siglo XVI nos indica la finalización de la primera parte de las grandes obras acometidas desde finales del siglo XV y que posteriormente a los años centrales del siglo XVI darán nuevas formas al edificio para terminar en el siglo XVII con una imagen en su interior prácticamente como lo podemos observar hoy, siendo en el primer tercio de este siglo cuando aparezca nuestro protagonista es decir, el Retablo Mayor.

Pero para poder llegar hasta él antes debemos detenernos en estos años centrales del siglo XVI porque en las obras, remodelaciones y construcciones así como, decoración y ornamentación del mismo, existen algunos aspectos que nos responden a cuestiones que servirán para entender por qué el Retablo Mayor es como es y tenga la iconografía que ahora vemos.

En el año 1556 estamos en disposición de poder describir adecuadamente el templo de san Pedro sin lo que hoy es su crucero y actual altar mayor (de estilo clasicista y del que nos ocuparemos en una segunda parte de este estudio). Entre los años de 1500 y 1556 aparece una iglesia con una sola nave cuya bóveda es de cruceros sobre piedra. Posee una capilla mayor que igualmente está realizada sobre bóveda de cruceros sobre ladrillos y “… en ella está el altar mayor al cual se sube por tres gradas y en él está una imagen de san Pedro con un manto colorado y un paño pintado en lugar de retablo…”[4], evidencia de que el templo carece de retablo mayor, pero se trata de un templo perfectamente estructurado y funcional.

Vista de las bóvedas del templo realizadas entre 1494 y 1556. Foto: Archivo Parroquial de San Pedro Apóstol

Sabemos que la pila bautismal se encontraba ubicada en la parte derecha de la denominada puerta del Perdón y que costó la cantidad de 4.000 maravedíes (la torre se había comenzado a construir en 1508), y entre los años 1552 y 1553 se realizan las pertinentes obras para el baptisterio, obras que se desglosan en importantes sumas: 30.556 maravedíes al maestro cantero; 8.446 maravedíes a Gabriel Hernández por la cal; 3.446 maravedíes a Garrido Bermejo por la teja y ladrillo.

UNA RICA INCONOGRAFÍA EN LA CRUZ DE PLATA: un “árbol sobre madera” inspiración temática para el Retablo Mayor: 1603-1605

Al llegar los años iniciales del siglo XVII la fábrica del templo contaba ya con su crucero y altar mayor de estilo renacentista, obra del maestro zafrense Francisco Montiel y su hijo Bartolomé González Montiel.

En los mandamientos santiaguistas de los años 1603 a 1605 hay una clara insistencia en que debe ser encargado para al altar mayor un retablo adecuado a las condiciones propias ornamentales. El retablo[5] es un exponente artístico que sirve para cubrir el muro tras el altar mayor generalmente realizado en madera, piedra e incluso metal. Con pinturas, esculturas u obras artísticas de ambos tipos, cuya forma variará en función al estilo artístico predominante. Clasificaremos y tipificaremos el de san Pedro Apóstol en su momento.

Cristo de la Buena Muerte. Debió presidir el Altar Mayor junto a la cruz de plata. Foto:Archivo Parroquial de San Pedro

¿Qué existía hasta entonces en el Altar Mayor? Se habla en algunas de las visitas de la existencia de un gran lienzo pintado; de remodelaciones de la capilla mayor dividiéndolas en tres partes: en la central, la cabecera donde se expresa deberá ir ubicado el retablo mayor (estamos en el año 1605); una segunda a la derecha para la sacristía y otra a la izquierda (donde estuvo en su momento ubicado el archivo histórico parroquial).

Entre estas descripciones llama poderosamente la atención, la presencia en el altar mayor de una preciosa e imponente cruz que en el detalle de su hechura y en su iconografía se nos empieza a visionar el futuro retablo: “Tienen una cruz de plata. El árbol sobre madera. De la una parte un crucifijo de todo bulto grande y a los lados san Juan y nuestra Señora y en lo bajo la Magdalena. En lo alto un pelícano. Todo de medio bulto con unas labores al romano de la misma obra.

En el reverso, las imágenes de nuestra Señora, con cuatro ángeles a los lados y en los cuatro brazos del árbol de la cruz, los cuatro evangelistas, todo de medio bulto”[6]

Imaginemos por un momento la dimensión de la cruz la cual no termina con esta descripción que hemos realizado ya que es tan sólo la primera parte de ella. Un crucifijo todo de bulto o de bulto redondo es una imagen exenta, es decir, donde se representa de
forma tridimensional, lo que exigía su verdadera proporción, a veces en tamaño natural.

Los visitadores insisten en este tipo de descripción para diferenciarla de otras partes de la cruz cuyas imágenes, relieves y decorados (al romano), dicen que eran de medio bulto lo que supone una ligera reducción.

La cruz aparece descrita en su totalidad al hablarnos del pie de la misma cuya forma es “…de cañón con festón (decorados en forma de colgaduras) de mascarones (caras) y frutos de medio relieve (va disminuyendo el tamaño), sobre el que está una basa y un festón de serafines (relacionado con la angelología cristiana) y frutas y florones de medio relieve, sobre el cual hacen un cuerpo donde están seis tabernáculos que los acompañan seis columnas pequeñas todas de bulto (volvamos a recordar, en su volumen total), en los cuales hay seis figuras de seis apóstoles”

Obvia decir las dimensiones de la cruz, cruz desaparecida y que presidía el altar mayor junto a la imagen del crucifijo del que igualmente hacen referencia los visitadores y que señala al Cristo de la Buena Muerte que si se conserva en la actualidad y que está datado sobre el último tercio del siglo XVI. Nos aproximamos al encargo, realización y ubicación del Retablo Mayor de la iglesia de San Pedro Apóstol.

En la segunda parte de nuestro estudio sobre la presencia retablística en el templo de San Pedro Apóstol, centraremos la atención en el Retablo Mayor: origen, autores, estructura, iconografía y temática así como su tipología y estilo.


[1] CF. P. IGLESIAS AUNIÓN, Historia de la Comarca de Lácara. Del Medievo a los Tiempos Modernos, 69-79.
[2] La fuente documental que utilizamos para hablar con la propiedad de la descripción del templo y de otros edificios en el Montijo del siglo XV al XVII, son el de las actas de los libros de visitas de la Orden Militar de Santiago que posteriormente será referidas convenientemente.
[3] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección, Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago, Libro de visitas del año 1500. Número, 1.104c. MCF: 35. Montijo año 1500.
Conejo y obviamente al cura párroco, fray Bartolomé Pérez del hábito de San Pedro (que lo fue desde 1486 a 1515).
[4] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección, Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago, Libro de visitas del año 1556. Número, 1.143. MCF: 41. Montijo año 1556.
[5] CF. G. FATÁS Y G. BORRÁS, Diccionario de término de arte y arqueología, 185.
[6] P. IGLESIAS AUNIÓN, Historia de la Comarca de Lácara. Del Medievo a los Tiempos Modernos, 204.
[7] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección, Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago, Libro
de visitas del año 1605. Número, 1.017. MCF: 31. Montijo año 1605.

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