El docente extremeño comparte su visión sobre el impacto de una pregunta en la PAU, la presión que viven los estudiantes y la necesidad de repensar cómo y para qué evaluamos
Cada año, miles de estudiantes llegan a la PAU tras un largo camino de esfuerzo y constancia.
En esta entrevista, el profesor de Lengua Castellana y Literatura del IES Vegas Bajas de Montijo, Andrés Manuel Domínguez Murillo analiza el efecto de una controvertida pregunta de sintaxis y lanza una reflexión necesaria sobre evaluación, equidad y lo que realmente medimos al examinar.
Muchos alumnos han dedicado meses de preparación para afrontar con solvencia la PAU. ¿Qué consecuencias cree que puede tener esta pregunta de sintaxis en la motivación y confianza del alumnado, especialmente después de tanto esfuerzo invertido?
En ocasiones, no somos del todo conscientes del gran esfuerzo que realizan muchos de nuestros alumnos cuando cursan 2º de Bachillerato y preparan, posteriormente, la Prueba de Acceso a la Universidad.
Es una carrera de fondo, de una altísima exigencia, que, además, les supone un gran sacrificio y exige la implicación del profesorado y de las propias familias, que tan necesarias son en ese acompañamiento diario.
Por esta razón, deberíamos ser muy cuidadosos a la hora diseñar los exámenes y plantear las preguntas de las pruebas, tanto a lo largo del curso -como siempre hemos intentado hacer en nuestro centro, el IES Vegas Bajas-, como en el propio examen de la PAU.
De otro modo, las consecuencias en el alumnado pueden ser imprevisibles y muy negativas. En el caso que nos ocupa, dichas consecuencias podrían ser más o menos dolorosas e indeseadas, en función de las expectativas que cada cual haya puesto en unas pruebas que exigen con rigor y excluyen con severidad.
¿Ha recibido comentarios o testimonios directos de estudiantes que se sintieron frustrados, desmoralizados o incluso injustamente evaluados tras enfrentarse a esa oración tan compleja?
Bueno, he tenido la ocasión de escuchar estos días a muchos de mis alumnos decir que se sienten ciertamente frustrados por no haber podido con una oración que para ellos ha supuesto un reto casi imposible.
Debemos tener en cuenta que era el primer examen y que disponían de solo una hora y media para hacer un total de seis ejercicios distribuidos en tres bloques de contenidos (Comunicación Escrita, Reflexión sobre la Lengua y Educación Literaria).
Ya de entrada es una prueba muy exigente si tenemos en cuenta la extensión del temario y el tiempo del que se dispone. Así que era previsible que, ante esta situación, pudiera haber malestar.
Los comentarios que más se repiten son del tipo “Cuando leí la oración, rápidamente entendí que era mejor hacer el siguiente ejercicio”. ¿Podemos hablar, entonces, de frustración y de un sentir generalizado de desánimo entre la mayor parte del alumnado? Siento decir que sí.
Desde su experiencia en el aula, ¿considera que este tipo de dificultad afecta de forma especial a los alumnos con expedientes brillantes o a aquellos que, sin destacar por sus notas, han trabajado intensamente durante el curso?
Pienso que ha podido afectar a todo el alumnado en general, sin que hagamos distinción entre alumnos más o menos brillantes o más o menos trabajadores.
No obstante, sí es cierto que algunos alumnos muestran una mayor predisposición para gestionar con éxito una situación de dificultad sobrevenida, como es el caso del análisis sintáctico del examen que nos ocupa.
En esos casos, quienes mejor hayan sabido gestionar sus emociones habrán podido enfrentarse al resto de la prueba con más determinación.
Por tanto, podríamos concluir que el examen ha sido profundamente injusto en la medida en que esa china en el zapato durante toda la prueba ha podido afectar más a algunos alumnos que a otros.
¿Qué mensaje le gustaría transmitir a los estudiantes que sienten que su rendimiento global en la PAU ha quedado deslucido por esta única pero exigente pregunta de sintaxis?
Bueno, creo que tampoco debemos hacer un drama de esto.
Es cierto que esta vez no se ha acertado con la oración que se ha propuesto para el análisis sintáctico, pero no es menos cierto que desde la propia UEx se ha querido lanzar un mensaje de tranquilidad a los alumnos.
Hace unos días, podíamos leer en prensa esta afirmación, que hacía la propia Universidad: “Tranquilidad a los alumnos, a la hora de corregir se tiene en cuenta la dificultad”.
Creo que se puede inferir de estas palabras que se flexibilizarán los criterios de corrección a la hora de valorar el examen, por lo que, al final, los resultados en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura a lo mejor no están tan condicionados por el ejercicio de sintaxis como en un principio podíamos esperar.
¿Cree que este episodio puede abrir una oportunidad para revisar cómo se diseña y evalúa la competencia lingüística en la PAU, y qué mejoras propondría para evitar que se repita una situación similar?
Creo que, en principio, todo es mejorable. Sabemos que los momentos de crisis o de dificultades a lo largo de la historia han servido a menudo para que nos replanteemos el orden establecido. Y en este sentido, probablemente, se le podría dar una vuelta al modelo de examen de Lengua y trabajar con una sintaxis más práctica, que dé más sentido al propio aprendizaje de la gramática.
En lugar de plantearse un análisis sintáctico al uso, desde una perspectiva más filológica -como sucede ahora- , quizás se le podría pedir al alumno que realizara ejercicios en los que poder aplicar sus conocimientos al uso de la lengua.
De este modo, entendería que la sintaxis no solo sirve para analizar oraciones de manera aislada, sino que, además, descubriría que un conocimiento amplio de la gramática nos permite, sobre todo, hablar y escribir con corrección.
En su carta menciona la desigual dificultad entre comunidades autónomas. ¿Hasta qué punto cree que esta falta de equidad puede perjudicar a los estudiantes extremeños en comparación con los de otras regiones, especialmente a la hora de competir por plazas universitarias?
Es la pregunta de siempre. ¿Debería haber un solo examen para todo el territorio nacional? ¿Sería así más justa la PAU? ¿Evitaríamos de este modo situaciones aparentemente injustas a la hora de que los alumnos procedentes de diferentes regiones accedan a las mismas universidades? Aunque se han escrito ríos de tinta sobre este aspecto y aun así a día de hoy este tema daría para un largo debate, mi opinión es que sería interesante intentar consensuar un examen común para todos.
Así, si una prueba fuera especialmente fácil o difícil en Extremadura, lo sería también para los alumnos andaluces, cántabros o canarios. Sin embargo, para que esta propuesta pudiera llegar a ser una realidad, tendrían que discutirla y, en última instancia, acordarla nuestros políticos, y eso, debido sobre todo a la polarización que vivimos, se me antoja a día de hoy harto difícil.
Como docente que conoce de primera mano los procesos de aprendizaje en Bachillerato, ¿considera necesario que los profesores de Secundaria tengan más voz en el diseño de este tipo de pruebas?
En el diseño de la prueba, los profesores de Bachillerato tenemos voz; lo que nos falta es voto.
La prueba se nos da ya hecha y solo podemos introducir pequeñas modificaciones o matices sobre el grueso de lo que nos presentan.
Por ello, agradeceríamos -y pedimos encarecidamente- que fuera un debate más abierto en el que todo el profesorado pudiera participar y hacer sus aportaciones.
Más allá de la polémica, ¿qué le diría hoy a sus alumnos y alumnas, que han vivido con ansiedad esta prueba, para que no pierdan la confianza en sus capacidades ni en el valor de lo aprendido durante el curso?
A los alumnos que hayan podido vivir con ansiedad esta prueba, bien sea por la cuestión de la sintaxis o por cualquier otra, me gustaría decirles que su esfuerzo a lo largo del curso y sus conocimientos no siempre se pueden valorar con un examen.
Las pruebas son solo un momento puntual, y es normal sentirse frustrado cuando no salen bien, pero deben recordar que en la dificultad es precisamente donde se encuentra el aprendizaje y el crecimiento personal.
Lo importante es seguir adelante con confianza porque el conocimiento no siempre se puede medir, pero deja huella en quien lo adquiere.

















