Esther Sánchez Sánchez celebra 101 años de vida en Montijo, rodeada de su familia

Esther Sánchez Sánchez 101 años
Esther Sánchez Sánchez, vecina de Montijo, en su 101 cumpleaños, rodeada de su familia. (Foto: cedida)
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programa de eventos del Ayuntamiento de Montijo

Su historia ha sido compartida por Daniel Gerrmán del proyecto “Extremeños Centenarios”, que recoge y difunde testimonios de personas mayores en Extremadura.

Esther es de Espinoso del Rey, reside en Montijo desde los años 50 y es reconocida por su vitalidad, devoción y amor por las manualidades

Esther Sánchez Sánchez, vecina de Montijo, ha cumplido 101 años este 9 de enero. Nació en 1925 en Espinoso del Rey, provincia de Toledo, y vive desde hace décadas en la localidad pacense junto a sus hijos, con quienes comparte su día a día.

Una vida marcada por la historia y el esfuerzo

Hija de Francisco Sánchez, labrador y ganadero, y de María Sánchez, ama de casa, Esther fue la tercera de ocho hermanos. Solo ella y el menor, de 89 años, siguen con vida. Su infancia transcurrió en tiempos de guerra y posguerra. Según recuerdan sus familiares, de niña cantaba en bailes populares junto a su hermano Faustino, conocido como “el Fleta”, para ganarse unas monedas.

En su pueblo natal conoció a Pablo Herrador Rivas, con quien contrajo matrimonio tras un noviazgo marcado por la emigración de él a Badajoz gracias al Plan Badajoz de 1952. La pareja se instaló definitivamente en Montijo, donde nacieron sus cinco hijos: Pablo, José Ignacio, Pedro, María Esther y Francisco Javier.

Dedicación a la familia y pasión por las manualidades

Esther se dedicó por completo al cuidado de sus hijos, mientras su marido trabajaba como transportista. Desde su viudedad en 2002, ha vivido arropada por su familia: 10 nietos, 9 bisnietos y sus cinco hijos, con quienes convive por turnos mensuales.

Según cuenta su hijo Pedro, hasta los 87 años blanqueaba techos y patios por sí sola. Muy devota, asistía regularmente a misa y seguía las celebraciones por televisión cuando ya no podía acudir al templo. También era habitual verla en el mercadillo del pueblo, donde compraba telas y bisutería, siempre atenta a los detalles y con gusto por los accesorios.

Las manualidades fueron su gran afición. Bordó y tejió durante toda su vida, y desde los 60 años participó en talleres donde aprendió a pintar, esculpir y trabajar diferentes materiales.

Un testimonio de longevidad

Esther goza de buena salud, con cierta pérdida de memoria propia de la edad. Su longevidad parece heredada; uno de sus abuelos vivió hasta los 103 años.

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