Esto también es educar.

Mar Gragera Quartet. (Foto: Rut GG).
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programa de eventos del Ayuntamiento de Montijo

por Rut GG
John Coltrane, mientras escribo


No sé exactamente cómo contar lo de ayer. Estas cosas son difíciles de transmitir porque lo que ocurrió tenía mucho de atmósfera, de momento concreto que no se puede desmontar en palabras sin perder algo por el camino. Pero lo intento.

María Gutiérrez en plena actuación, con el contrabajo al fondo. La luz hace el resto. (Foto: Rut GG).

La Puerta Lateral en Montijo acogió ayer la actuación de María Gragera, una chica de diecisiete años que se plantó ante un repertorio de clásicos de jazz y blues con una naturalidad que desconcierta.

El setlist perdido escrito a mano. Algunos detalles analógicos resisten. (Foto: Rut GG)

No porque sea perfecta —no es eso— es porque canta desde un lugar muy honesto, sin esa capa de contención que solemos poner cuando sabemos que nos están mirando. Ella cantó. Y punto. Y eso se notó.

Así se canta cuando no hay miedo. (Foto: Rut GG).

Lo que hicieron los músicos que la acompañaron merece un párrafo aparte, y lo va a tener. Juanlu González, Luis Sanz, Gonzalo Barrera —que siempre es un gustazo escucharlos y ayer no iba a ser menos—.

Juanlu se marcó solos sin trampa ni cartón, improvisaciones que aparecían y desaparecían con esa elegancia de quien sabe cuándo entrar y cuándo callar.

Juanlu al saxofón. Siempre es un gustazo, maestro. (Foto: Rut GG).

El contrabajo, me gustó, espero volver a escucharlo. Y la guitarra hizo algo que requiere mucho oficio, estuvo ahí todo el rato sin llamar la atención, centrando al público en la voz, sosteniendo sin protagonizar.

El contrabajista y su instrumento, cara a cara. (Foto: rut GG).

Tres músicos que condujeron a María a través del repertorio, acompañando, educando, formando sin invadir.

La guitarra que estuvo ahí en todo momento, sonando sin pedir protagonismo. Oficio puro. (foto: Rut GG).

Se notaba que disfrutaba. Sin ponerse seria donde no hacía falta, con humor, con una naturalidad que no se aprende, se tiene. María los cantó de otra manera, con amor, con humor, con una espontaneidad que no ha tenido tiempo de contaminarse. Puede que su carrera tenga aún poco recorrido en términos formales pero lleva cantando desde siempre, y eso se transmite.

Ayer nos lo transmitió.

Ellos. (Foto: Rut GG).
Detrás del sonido, Miguel A. Gragera. (Foto: Rut GG).

Me parece importante decir esto en voz alta, dar espacio a los jóvenes en la música en directo, arroparles con músicos más experimentados, dejarles equivocarse y brillar en el mismo escenario, es una forma de educación que no aparece en ningún plan de estudios pero que vale más que muchos de los que sí aparecen.

Vista general del escenario, cuatro músicos, una sala llena y un jueves guay. (Foto: Rut GG).

Apoyar a las nuevas generaciones no es filantropía, es responsabilidad. Sentarles al lado de quien ya sabe, dejarles respirar el oficio de cerca, es la forma más antigua y más efectiva de transmitir cultura. El talento joven sin respaldo se apaga.

Vivimos tiempos muy digitalizados, con mucho estímulo rápido y poca profundidad sonora, y encontrarse con una chica de diecisiete años cantando jazz un jueves por la tarde tiene algo de acto de resistencia. Algo de recordatorio de dónde está lo humano.

Felicidad en un instante. (Foto: Rut GG).
La puerta lateral, literal. (Foto: Rut GG).

Echamos la tarde del jueves así, y fue una muy buena manera de hacerlo.

Momento íntimo, Luichi y María. (Foto: Rut GG).

Y querida cultura montijana: ya estamos esperando lo que nos tienes guardado en la nueva temporada del Teatro Nuevo Calderón.

Larga vida a las iniciativas juveniles. Larga vida a la música en directo. Larga vida a La Puerta Lateral.

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