El festival ‘Soy la poesía’ llevó al escenario un recorrido por el circo, el teatro, la mujer y el amor con coreografías de Lara Fernández, Paloma Soto y Pedro Cruz
La poesía también puede entrar en escena sin una sola palabra. Lo hizo en Montijo a través de la danza, con cuerpos que trazaron versos sobre el escenario, música que marcó el pulso de cada imagen y el alumnado de la Escuela de danza de Montijo que convirtió el festival ‘Soy la poesía’ en algo más que una muestra de fin de curso.

La Escuela Municipal de Danza de Montijo planteó una función organizada como un viaje en cuatro actos: el circo, el teatro, la mujer y el amor. Cada bloque tuvo su propio clima, su propio ritmo y una forma distinta de mirar la emoción desde el movimiento.
Un viaje que comenzó bajo la carpa
El primer tramo llevó al público al universo del circo, ese lugar donde todo parece posible durante unos minutos. Bajo el lema “Donde los sueños aprenden a volar”, el alumnado abrió la función con una serie de piezas marcadas por la fantasía, el juego escénico y la precisión del conjunto.




Sonaron Stanley Black para ‘Pegasos’ y Julius Fučík para ‘Directoras de pista’, ambas con coreografía de Lara Fernández.


Después llegaron ‘Acróbatas luz’, con música de Cirque du Soleil y coreografía de Paloma Soto; ‘Acróbatas aros’, con música de French Fuse y coreografía de Lara Fernández; y ‘Arlequines’, con música de Scott Joplin y coreografía de Paloma Soto.





El teatro y sus máscaras
La segunda parada fue el teatro. No como edificio, sino como ese territorio donde el gesto tiene voz y una mirada puede cambiar el sentido de una escena. En este bloque, titulado ‘El teatro’, la danza se acercó al mimo, al bosque, a las hadas y a las máscaras.


El programa incluyó ‘Mimos’, con música de Joe Hisaishi y coreografía de Lara Fernández; ‘Luces del bosque’, con música de Adolphe Adam y coreografía de Paloma Soto; ‘Hadas del bosque’, con música de Léon Minkus y coreografía de Paloma Soto; y ‘Máscaras’, con música de Adrián Berenguer y coreografía de Lara Fernández.



Alumnado de la Escuela Municipal de Danza de Montijo durante la coreografía Hadas del bosque, dirigida por Paloma Soto.
La mujer como centro del relato
El festival avanzó después hacia uno de sus bloques más definidos: ‘La mujer’. Bajo la idea de “Fuerza, sensibilidad y belleza hechas poesía”, la propuesta reunió piezas que miraron a la identidad, la espera, la entrega y la palabra femenina desde el lenguaje de la danza.


En esta parte se interpretaron ‘Ser mujer’, con música de Abel Korzeniowski y coreografía de Lara Fernández; ‘Penélope’, con música de Ilya Beshevli y coreografía de Paloma Soto; ‘Quiéreme entera’, también con música de Ilya Beshevli y coreografía de Paloma Soto; y ‘Poetisas’, con música de Michael Nyman y Rosalía, y coreografía de Paloma Soto y Lara Fernández.


El amor como último verso
El cierre quedó reservado para ‘El amor’, presentado como “el verso eterno que inspira cada historia”. Fue el bloque más amplio del festival y reunió siete coreografías con registros musicales muy distintos, desde el repertorio clásico hasta la canción popular.

El alumnado interpretó ‘La bailarina de la caja de música’, con música de Piotr Ilich Chaikovski; ‘La rosa blanca’, con música de Bedřich Smetana; ‘Amor eterno’, con música de Taylor Swift; ‘Amor brujo’, con música de Manuel de Falla; ‘Tango’, con música de Astor Piazzolla; ‘No quiero estar sin ti’, con música de Rosana; y ‘Ne me quitte pas’, con música de Jacques Brel. Todas estas piezas contaron con coreografía de Pedro Cruz.


Alumnado de la Escuela Municipal de Danza de Montijo durante la coreografía Quiéreme entera, dirigida por Paloma Soto.
El festival terminó con un agradecimiento al alumnado, profesorado, familias y público, y con una frase que resumió el sentido de la propuesta: “Porque todos llevamos un poema dentro”.








Alumnado de la Escuela Municipal de Danza de Montijo durante la coreografía La rosa blanca, dirigida por Pedro Cruz.







Alumnado de la Escuela Municipal de Danza de Montijo durante la coreografía No quiero estar sin ti, dirigida por Pedro Cruz.





















