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por Lorena Torrado Melchor

Hacia una nueva masculinidad

Sigue habiendo selvas, y gorilas. Hace más o menos un siglo que se creía que su hábitat había desaparecido, pero aún quedan algunos, no son muchos, pero si los suficientes. Se niegan a extinguirse porque son fuertes y poderosos, desean que las hembras sean sumisas.

Los más viejos viven en el corazón de la selva. Enseñan a los gorilas jóvenes a no llorar, a no mostrar sus sentimientos, a proteger a las hembras, a trabajar… Los que se oponen se hacen llamar “maricones” (supongo que serán mariquitas, pero grandes, creo que utilizan ese adjetivo despectivo para indicar que son pequeños, no sé, no se me ocurre otra cosa) y son expulsados de la selva. “Pegar está bien” les dicen, si la mujer no limpia, no cocina, se niega a hacer su papel en la cama, debe ser castigada. Todos se sientan en sus butacas y contemplan al gorila viejo elaborar las normas, con papel y boli lo anotan todo.

Por último, les recuerda que un hombre debe estar siempre con una mujer, esta es la norma principal para estar en este grupo. Dos hombres juntos no son dos hombres.

La selva está rodeada por una especie de mosquitera, les protege de una masculinidad frágil. Ese es su mayor miedo, los cigarrillos, las pelotas de fútbol, las maquinillas de afeitar, la espuma, la laca, los cinturones, los pantalones, los escudos, los calzoncillos…

Todos estos elementos son repelentes contra esa masculinidad que tanto temen que les invada.

Para conservar la masculinidad tradicional es necesario que la mujer también contribuya a ello. Ellas nunca deben salir a la calle con escote o minifalda, si no, están buscando que otros gorilas las rapten y abusen de ellas en la selva. Deben encargarse de las tareas del hogar, pues la cocina debe ser su lugar. Los gorilas ya aprendieron hace tiempo que las mujeres solo sirven para trabajar en el hogar, ninguno de ellos debe cuestionárselo nunca.

Deben tener niños y cuidar de ellos, el embarazo es cosa de mujeres. Para eso son mujeres. Tienen que aguantar a un desconocido en su barriga 9 meses ellas solitas, además, de que nace el bebé, ellas son las que se encargan de cuidarlo, ya que el gorila auténtico solo se debe limitar a trabajar.

Ellas son las que lloran. A veces una mujer llora porque un gorila le pega, a veces porque está triste, a veces porque quiere llorar, a veces porque tiene la regla. Esto último genera mucho asco entre el comité de gorilas, de hecho, más de una vez, algún que otro gorila se ha mareado del asco que le generaba. Otras veces simplemente hacen chistes con la palabra regla, el sinónimo de un instrumento para medir suele hacerles bastante gracia.

A veces esa masculinidad tradicional que tanto les importa conservar, les hace protagonistas de los medios de comunicación. Esa masculinidad tan radical, sin fundamentos lógicos, los lleva a agredir, a veces a abusar, u otras a matar. Entonces los gorilas abandonan la selva y se desplazan a los juzgados, a la espera de que el gorila viejo le aconseje qué hacer, pero no aparece. El gorila entonces se encuentra junto a su abogado, y por mucho que el abogado intente camuflar la selva, intente maquillar al gorila, la selva va a seguir siendo selva, y el gorila, gorila.

Hoy en día la masculinidad tradicional es un estereotipo que caracteriza a los hombres, pero entre todos debemos destruirla. El mundo está lleno de etiquetas, algunas con códigos de barra, que te analizan, y que se rigen por los genitales que tengan, sin importar con qué te identifiques tú.

Hay muchos tipos de masculinidades, el problema no son los hombres, sino los estereotipos con qué les califiquemos.

Se acerca la evolución, aunque a mi me gusta más con una r delante.

Lorena Torrado Melchor

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