por Alfonso Marín Caballero

Qué disciplina tan bonita…. Qué deporte tan completo…. Qué difícil de jugar y de entender el Ajedrez.

Un tablero, dos colores, las mismas piezas para cada equipo, cada una con su función, tantas estrategias como jugadores lo practican y con un único fin: SER MÁS INTELIGENTE que tu rival, respetando las reglas, manejando los tiempos en cada turno y optimizando tus piezas, aunque para ello sea necesario sacrificar a la “REINA”.

En España, se lleva jugando una partida de Ajedrez hace tantos años como tiene la misma Democracia, durante los cuales cada equipo ha utilizado a sus peones con la simple función de “esparring” para detener los golpes y cuidar así sus “piezas” jerárquicamente más importantes. Años donde cada color ha usado a sus “alfiles” para trazar diagonales mediáticas sin la mayor carga estratégica, con la simple intención de tener entretenido al contrario y a los espectadores de la partida. Turnos donde se han limitado a mover sus “caballos” de forma aleatoria y errática por el tablero de las instituciones. Una partida donde el miedo a perder piezas, ha provocado que hasta los jaques hayan sido meras pantomimas para escenificar una rivalidad sin pólvora. Un enfrentamiento donde las “TABLAS” parecían pactadas de forma indefinida y donde las “Torres” de cada equipo, en lugar de utilizarse de manera ofensiva, se han reservado para el “Enroque” definitivo de las posiciones.

UN JUEGO TAN DIGNO COMO EL AJEDREZ, NO SE MERECÍA UNOS JUGADORES TAN MISERABLES COMO LOS POLÍTICOS QUE HEMOS PERMITIDO QUE MUEVAN LAS PIEZAS.

Lo dije ayer y me reitero, lo que ha pasado este fin de semana ha sido la escenificación de un FRACASO por parte de todos y cuando digo todos me refiero a TODOS (Rajoy, Puigdemont, Junqueras, Iglesias, Mas, Pujol, Carod-Rovira, Zapatero, Aznar, González,…), esta partida ya venía amañada desde hace tiempo como para culpar exclusivamente ahora a los últimos contrincantes (entre todos la mataron y ella sola se murió).

En todas las facetas de la vida (pareja, amigos, trabajo, etc…), llevarse bien siempre requiere muchos más esfuerzos que llevarse mal. Para llevarse bien hay que trabajar a diario, sin embargo para llevarse mal, sólo necesitamos una excusa. En este país en materia política por desgracia, durante años nadie querido trabajar para hacer las cosas bien y todos han encontrado excusas para amenazar con romper el tablero…

Una pena…