Decir que el teatro costumbrista está desfasado, no deja de ser una falacia, a la vista del éxito de publico y de la interacción que entre este y los actores se crea cada vez que se programa una obra de teatro de esta época.
Este tipo de teatro, siempre actual y siempre actualizado una mil veces, pero siempre con su propia personalidad, no pretende plantear grandes temas filosóficos ni sacar a la luz las virtudes y miserias existenciales de la Humanidad, sino que se limita a presentar una situación cercana, casi vecinal, de la vida cotidiana, con un toque de humor sencillo, familiar y fácilmente entendible; ingredientes indispensable para pasar un buen rato de teatro sin muchas más pretensiones y que es lo que hoy en día necesitamos para olvidarnos, en lo que cabe, de la agitación continua a la que estamos sometidos en estos tiempos.
Los actores de Lucerna han conseguido este difícil combinado de interpretación, humor y comunicación con el público, y este así lo supo entender y reconocer con un sonoro aplauso puesto en pie.

















