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Diario de campaña


por Alfonso Pinilla


 

El alto índice de participación auguraba un buen resultado de la izquierda y así ha sido: Sánchez ha recuperado al PSOE y quizá no tenga que contar con los separatistas para gobernar. Todo depende de Ciudadanos, que tiene la histórica oportunidad de salvar la unidad constitucional y estabilizar la economía apoyando al gobierno socialista e, incluso, participando en él si jugara bien sus cartas. El acercamiento a los naranjas, sugerido ayer por Pedro Sánchez, fue respondido con las cajas destempladas de un Rivera instalado en el cordón sanitario –su gran error– desde el inicio de la campaña. Como aquí dijimos hace un mes: Ciudadanos se equivoca y su error lo pagará la España que conocemos. Es el momento de que Albert sobrevuele sus propias siglas y se emplee a fondo en practicar los valores que inspiran a su partido: la consideración de España como una nación de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Arrojando a Sánchez en brazos de la extrema izquierda y los nacionalismos, esa España está en peligro. Hay que hacer de la necesidad, virtud, y la imperiosa necesidad de Sánchez por seguir disfrutando del colchón monclovita debe ser aprovechada inteligentemente por Albert a favor de España, traduciendo la satisfacción del interés personal de Sánchez (lo único que mueve al personaje) en satisfacción del interés general: unidad del país y estabilidad económica. Por eso debe facilitarle el gobierno. Sólo otro interés personal, y estrictamente partidista, abortaría esta postrera posibilidad de salvar la España constitucional: el del propio Rivera. Como decía Alcide de Gasperi, la diferencia entre los políticos y los estadistas es que los primeros sólo piensan en las próximas elecciones, mientras que los segundos se preocupan por las próximas generaciones. Veremos qué quiere ser el líder de Ciudadanos.