Fotografía a la que hace referencia este artículo. (Foto: Ángel Sánchez Mazarrón)
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Chema Álvarez, colaborador de La Ventana, acaba de publicar un libro titulado “Extremadura anarquista. Siglo y medio de movimiento libertario, represión y contracultura”, Editorial Jarramplas.

En dicho libro aparece la fotografía a la que hace referencia este artículo.


por Chema Álvarez


La fotografía es de Ángel Sánchez Mazarrón, quien firmaba sus trabajos con el acrónimo formado por las primeras sílabas de su nombre: ANSAMA. El lugar y el tiempo, la Plaza de la República de Montijo, a principios de 1936, hoy día Plaza de España, en una fecha, como veremos, cercana a la primavera.

El motivo de la fotografía es el kiosco de prensa de Juan Rodríguez Pérez, el kiosquero, quien posa orgulloso en compañía de quienes se adivinan conocidos, habituales de la corrobla, gente de campo, entre quienes habría algún obrero de la Electro-Harinera o de la Tahona del Obrero. Juan Rodríguez es el que está sentado en el centro de la fotografía, con camisa y pantalón oscuro, por debajo de la voluta de humo que desprende el cigarro del que fuma detrás. La fotografía, todo un testimonio de la llamada cultura obrera extremeña del primer tercio del siglo XX, ha sido cedida por Juan Carlos Molano Gragera, autor del libro donde apareció impresa por primera vez, en 1982, Introducción a la historia del movimiento obrero en Montijo, editado por la Agrupación del Partido Comunista de España.

A Juan Rodríguez, significado miembro de Radio Comunista de Montijo, le fue denegada la licencia para abrir su kiosco en pleno municipal del Ayuntamiento de Montijo del 27 de julio de 1935. En ese momento el pueblo estaba gobernado por un consistorio bastardo de derechas, puesto a dedo por el Gobernador Civil de la provincia, que había desplazado al gobierno legítimo del socialista Miguel Merino, elegido en abril de 1931. Una vez restituido Miguel Merino en su puesto de alcalde, tras las elecciones democráticas de febrero de 1936, Juan Rodríguez obtuvo la licencia y pudo abrir su kiosco en la Plaza de la República.

Justo sobre la cabeza del dueño del kiosco, Juan Rodríguez, podemos adivinar tres publicaciones de carácter socialista: Democracia, La Verdad Social y Claridad.

Al contrario de lo que sucede hoy con la prensa, en aquellos tiempos los periódicos marcaban en buena medida la línea ideológica de los partidos, mostrando posturas más radicales que el partido mismo. Con El Socialista y la mayor parte de la prensa obrera suspendida (Lerroux-Gil Robles), Julián Besteiro lanza el 15 de junio de 1935 el periódico Democracia, dirigido por Andrés Saborit, cuyo título hace referencia al modelo de socialdemocracia alemana y propugna la alianza republicana. En sus líneas se aboga por un socialismo reformista que se aleje de los “extremismos” que llevaron a la revolución de octubre.

Apenas un mes después, el 13 de julio de 1935, cuando ya hay cinco números de Democracia en la calle, sale Claridad, dirigido por Carlos de Baraibar y con tendencias “anarquizantes”, impulsado por Luis Araquistain y con una plantilla a la que se agregaron los bolchevizantes Julio Álvarez del Vallo, Rafael Vidiella y Margarita Nelken. A diferencia de Democracia, Claridad es un periódico que surge desde la cárcel, donde se encuentran sus colaboradores, con Largo Caballero a la cabeza. Por último, entre ambos periódicos cuelga La Verdad Social, el órgano de la UGT en la provincia de Badajoz, un periódico ampliamente leído entre los obreros extremeños y dirigido por Pedro Rubio Heredia, diputado socialista por Badajoz desde 1933, con solo 23 años. Pedro Rubio fue asesinado el 10 de junio de 1935 en el bar La Mezquita de Badajoz, por un sicario del Gobernador Civil.

A la derecha de Juan Rodríguez, en uno de los extremos, apartado de esta gresca periodística, encontramos El Socialista, el diario orgánico del PSOE, que reaparece en escena, tras la suspensión ejercida por el Gobierno de Lerroux, el 18 de diciembre de 1935, con una clara postura conciliadora y abogando por la unión de todos los socialistas.

Entre las revistas de prensa del kiosco destaca la vistosidad de Estudios. Revista Ecléctica, correspondiente al número 137, con portada de Manuel Monleón Burgos, dirigida por José Juan Pastor, una revista claramente libertaria, que recogía los motivos, intereses y propuestas de la sociabilidad ácrata del momento. Estudios llegó a tener tiradas de hasta 75.000 ejemplares, distribuyéndose entre las clases más populares y obreras de izquierdas. Entre sus contenidos destacaban muchos y muy diversos temas relacionados con la eugenesia, el neomalthusianismo, la educación sexual, la abolición de la prostitución, la lucha antivenérea y difusión de medios para prevenir este tipo de enfermedades, la libertad sexual de la mujer, el control de la natalidad, la desintoxicación religiosa del sexo, etc.

Escribían en sus páginas, profusamente ilustradas, el elenco de pensadores y pensadoras ácratas de la época, con Isaac Puente a la cabeza, Antonio García Birlán (Dionysios), Antonia Maymon, María Lacerda de Moura, Felipe Alaiz, Diego Abad de Santillán…

Uno de sus inspiradores y colaborador esencial fue Félix Martí Ibáñez, médico anarquista y psiquiatra licenciado en Medicina con solo 19 años. Félix Martí formó parte del equipo de la anarquista Federica Montseny cuando fue ministra de Sanidad y Asistencia Social, entre noviembre de 1936 y mayo de 1937. El aborto fue legalizado en Cataluña en diciembre de 1936 a iniciativa del doctor anarquista Félix Martí, siendo director general de la Conselleria Sanitat i Assitència Social de la Generalitat catalana. A él se le atribuye la redacción del primer decreto, circular o instrucción sobre interrupción artificial del embarazo, en diciembre de 1936, en el que se establecía: «El aborto podrá verificarse no sólo por causas terapéuticas o eugénicas sino también con la finalidad de limitar voluntariamente la maternidad. (…) La mujer quedará liberada de la tiranía egoísta masculina y tendrá unos derechos, de los cuales destaca el derecho a disponer de sí misma y a decidir sobre su maternidad”. A raíz de esta circular o decreto, se pusieron en marcha dispensarios donde se practicaría la interrupción voluntaria del embarazo por personal sanitario cualificado.

Pero no todo eran periódicos políticos o revistas culturales en el kiosco de Juan Rodríguez. En el extremo izquierdo de la fotografía según la miramos, en primera línea, podemos encontrar la revista Cinegramas, dirigida por Antonio Valero de Bernabé (1897-1949). Cinegramas era una revista dedicada al cine y a las estrellas del cine, con portadas en color y contenido muy fotográfico, ocupado por los grandes artistas y actrices de la época. En la portada de este número, del 1 de septiembre de 1935, aparece la actriz Dolores del Río, quien fuera pareja sentimental de Orson Welles.

Las portadas de los periódicos y revistas nos dicen que la fotografía de ANSAMA fue hecha, muy posiblemente entre febrero y mayo de 1936. Juan Rodríguez pudo abrir por fin su kiosco en la plaza tras las elecciones de febrero de 1936, una vez repuesto el Ayuntamiento legítimo de Miguel Merino.

El kiosco nos envía un mensaje a través del tiempo: el del afán de cultura y emancipación de una clase social que era excluida de los circuitos ilustrados de la burguesía y que participaba en la producción de su propio acervo cultural, como nexo de unión y base de la formación del individuo y del grupo. La disposición de los periódicos no era fortuita: respondía, de forma gráfica, a la experiencia del Frente Popular, la coalición de diversos partidos políticos y tendencias ideológicas que llevó al triunfo de las izquierdas en las elecciones libres de febrero de 1936.

El 13 de agosto de 1936 las tropas golpistas del ejercito franquista tomaron el pueblo de Montijo, donde no se había dado represión alguna contra las fuerzas de derechas, salvo su encarcelamiento en un convento de monjas. Una vez liberados los fascistas del pueblo, se dirigieron a la Plaza de la República, en compañía de soldados o guardia civiles y allí, a golpe de mosquetón, derribaron por completo el kiosco de Juan Rodríguez Pérez. Con sus restos, periódicos, novelas y demás género cultural hicieron una pira en el centro de la plaza que ardió durante horas ante los vecinos.

Juan Rodríguez Pérez corrió la misma suerte que su kiosco. Su nombre se pierde entre los asesinados en Montijo por los falangistas, guardiaciviles y entusiastas vecinos que comenzaron a ejecutar sus crímenes la noche del 28 de agosto, tras oficiar una misa en la plaza del pueblo, con motivo del traslado de la Virgen de Barbaño. En apenas unos meses más de 200 vecinos y vecinas de Montijo fueron asesinados. Es de suponer que entre los asesinados estaban quienes aparecen en esta fotografía, donde se señalaron como de izquierdas y firmaron su sentencia de muerte, niños incluidos. A día de hoy sus cuerpos aún siguen sin aparecer.

Su memoria ha sobrevivido al paso del tiempo en la fotografía de ANSAMA. Entre las páginas de sus lecturas se guarda el deseo truncado de libertad y cultura de unos cuantos parias de la tierra.

Chema Álvarez Rodríguez.

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