por Gerardo Hernández Zorroza

Somos gente muy diferente, de muchas maneras distintas de pensar, pero básicamente me gusta distinguir dos grupos bien diferenciados: los que persiguen su libertad y los que prefieren no cuestionarse el mundo en el que viven, de falsa libertad. Y mira que entiendo las dificultades que algunos tienen, tremendas a veces, aunque de estos últimos han surgido los mejores ejemplos para todos, los auténticos héroes.

Como veis, no diferencio aquí entre mejor o peor tratados por la vida, nada de eso, pues –así lo veo yo– lo que define la resultante final, el logro alcanzado en nuestro porvenir, es la actitud que tomamos, o bien de acomodarnos dejándonos llevar por el plácido control externo o la búsqueda de control personal, interno, adquiriendo mayor consciencia y libertad a la hora de la toma de nuestras propias decisiones.

Que nadie piense, para terminar, que esto es una llamada a la “independencia” –pues somos seres absolutamente ínter-dependientes y condenados a compartir para vivir–, sino a la auto-gestión, a aprender de nuestros errores sin dejarnos arrastrar por modas, culturas y resto de condicionamientos que iremos desterrando en nuestro camino vital. Parafraseando a Erich Fromm, sería una llamada a perder “el miedo a la libertad”