«Lo que la enfermedad ha unido…»

alfonso marín
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por Alfonso Marín


ENFERMEDAD, qué palabra tan concreta para describir algo tan abstracto. Una palabra que puede englobar desde un simple resfriado hasta un padecimiento terminal. TODOS hemos tenido y tendremos que lidiar muchas o algunas veces a lo largo de nuestra vida con la enfermedad y en muchas ocasiones, convivir con ella. Cuando alguien enfrenta una enfermedad, ya sea crónica o temporal, el impacto no sólo se siente en el individuo que padece la dolencia, sino también en quienes lo rodean, porque ¿qué ocurre cuando esa enfermedad no recae en nosotros sino en un ser querido? ¿Qué pasa cuando el dolor ajeno forma parte de nuestro día a día? ¿Qué sucede cuando está en nuestra mano tratar, consolar y aliviar el padecimiento de un ser querido? ¿Qué pasa cuando te conviertes en CUIDADOR?

Evidentemente, la ENFERMEDAD sólo tiene connotaciones negativas y por supuesto NADIE, repito NADIE quiere pasar por un proceso de dolencia y sufrimiento; pero cuando la vida nos coloca en una situación de este tipo, aparecen factores, surgen momentos y salen emociones que de otra forma seguramente no habrían aflorado. A menudo, el cuidador debe dedicar tiempo y energía a atender las necesidades del enfermo, lo que les obliga a pasar mucho tiempo JUNTOS. Este tiempo compartido puede llevar a conversaciones profundas y significativas que quizás NO habrían ocurrido en otras circunstancias. Se comparten miedos, dudas, esperanzas, anhelos, sufrimientos e inquietud, lo que inevitablemente fortalece la intimidad emocional entre ambos y en muchos casos, se crean o se fortalecen lazos que van mucho más allá de los vínculos familiares o afectivos.

La enfermedad puede derribar barreras que antes existían en la relación. La RIGIDEZ de un padre con un hijo, la FRIALDAD de una hija con su madre, el DESGASTE de una pareja, la INDIFERENCIA de unos hermanos, el DESAPEGO de unos amigos,…el enfermo se encuentra en una posición de dependencia y vulnerabilidad, lo que puede hacer que se sienta más cómodo abriendo su corazón y compartiendo sus sentimientos más profundos con el cuidador, que a su vez debe ocultar su miedo o su ansiedad ante una situación que en muchas ocasiones le sobrepasa. Debe hacerse fuerte y convertirse aparte de cuidador, en psicólogo, en animador, en paño de lágrimas y como no, en la ÚLTIMA tabla de salvación de la que el enfermo se desprende cada noche al acostarse y la PRIMERA a la que se aferra cada mañana al despertarse. Al fin y al cabo, ambos están montados en el mismo barco y en muchas ocasiones, sin saber ni el rumbo ni la duración del viaje, con lo que deben apoyarse y animarse mutuamente para no caer en el DESÁNIMO y la DESESPERANZA.

La ENFERMEDAD forja el carácter de las personas. Todos hemos oído o conocemos personas que siempre han dicho que no serían capaces de lidiar con procesos dolorosos y sin embargo, cuando se han visto en la tesitura de afrontarlos, ellos mismos se han sorprendido de su fortaleza física y sobre todo anímica. La vida no te pregunta si estás dispuesto a hacerlo o si estás preparado para afrontarlo, te pone en la situación y tú debes decidir cómo encararlo. Aquí no se trata de encontrar entre nosotros a los héroes o a los villanos, esto no va de demostrar quiénes somos valientes y quiénes somos cobardes, porque cuando surge la ENFERMEDAD, ella ya elige su propio bando y sabe perfectamente que sus enemigos somos TODOS NOSOTROS: los valientes, los cobardes, los héroes, los villanos, útiles, inútiles, fuertes, flojos, altos, bajos, ricos, pobres,…, todos estamos en el mismo bando frente a una enfermedad y esa unión, ese frente común es el que afianza en muchas ocasiones nuestros vínculos personales y emocionales.

Evidentemente, no todas las relaciones sobreviven a la prueba de una enfermedad prolongada. Algunas pueden verse afectadas duramente por el estrés, el desgaste y las tensiones que surgen del cuidado constante. Sin embargo, para muchos, esta experiencia puede convertirse en uno de los capítulos más significativos de sus vidas, donde descubren LO VALIOSO QUE ES TENER A ALGUIEN A SU LADO EN MOMENTOS DE DIFICULTAD.

En definitiva y como dije al principio, NADIE QUIERE UNA ENFERMEDAD, pero cuando llega, trae consigo desafíos significativos a todos los niveles. La ENFERMEDAD tiene el potencial de romper relaciones, pero también tiene el poder de crear vínculos profundos e inquebrantables entre las personas. Estos vínculos al fin y al cabo, son el poderoso testimonio del AMOR, del SACRIFICIO, de la EMPATÍA y de la RESILIENCIA ante las adversidades. Al final del día, lo que realmente une a las personas no es sólo compartir momentos felices, sino también estar presentes unos para otros durante los tiempos difíciles.

Así que, LO QUE LA ENFERMEDAD HA UNIDO, QUE SÓLO LO SEPARE DIOS.

Ahí lo dejo…

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