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por Aquilino Noriega Piñera


Conocido en el pueblo como “el Guarda”, Alburquerque (1930 – 2021)

En el invierno de 1967 ya habían finalizado las obras de construcción del poblado de colonización de Lácara pero aún no se habían previsto las personas que deberían habitarlo: tanto colonos como obreros. Las viviendas y las infraestructuras debían ser
custodiadas ya que el núcleo se encontraba en una zona despoblada y sin apenas vigilancia. Ese mismo año Eugenio se traslada con su familia desde la finca “El Pajonal” en Carmonita hasta Lácara como guarda del INC (Instituto Nacional de Colonización,
posteriormente en 1971 pasaría a formar el IRYDA) con el cometido de vigilar y custodiar tanto el pueblo como su entorno.

En esa fecha el pueblo aún no disponía de electricidad ni agua corriente en las viviendas, pero sí tenía alumbrado público. El agua debían acarrearla desde un pozo situado a algo más de un kilómetro que servía también como lavadero y que según recuerda Manuela, su esposa, era de muy buena calidad.

Este problema se acarreó durante varios años después, incluso con la llegada de los primeros colonos. La corriente eléctrica para la vivienda era aprovechada desde la farola más próxima. No fue en absoluto la mejor de las vidas, pero siempre lo recuerdan con muchísimo cariño. No cabe duda que el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier circunstancia.

Eugenio Bernal siempre fue celoso en su profesión y más de una vez fue mediador en cuestiones vecinales, prefería que hubiese un acuerdo entre las partes en disputa que llegar a males mayores. Siempre fue de carácter sobrio aunque no desperdiciaba la
oportunidad de echar un buen rato con los amigos. Fue pionero en el pueblo, la primera televisión, el lugar donde los primeros habitantes podían reunirse después de las duras jornadas de trabajo, y donde podían compartir un partido de fútbol o una corrida de toros en la única televisión del pueblo en aquellos momentos. Eso sí, antes había que poner la gorra…

Son muchas las anécdotas que cuentan con añoranza sus vecinos.

Él y su familia fueron los únicos habitantes del pueblo durante varios años hasta que en el año 1971 comenzaron a llegar los primeros colonos. Posteriormente se puso en marcha la acometida eléctrica en las viviendas, el agua empezó a correr por las acequias y por los grifos, y lo que es más importante en una comunidad que comenzaba a nacer, comenzaron a corretear las niñas y los niños por las calles. La calidad de vida comenzó a mejorar.



Más de medio siglo después de su llegada al pueblo fallece el Sr. Eugenio a la edad de noventa años. Curiosamente el día 10 de octubre cumpliría noventa y uno.

Los vecinos de Lácara hemos querido rendir homenaje a este hombre bueno, como figura en su epitafio. El nos ha visto llegar a todos los que vivimos y han vivido en este pueblo.

Hemos querido que se recuerde a esta persona tan querida instalando una placa conmemorativa en la fachada de su vivienda con la intención de que su figura perdure en el tiempo y sirva de ejemplo a generaciones futuras.

Aquilino Noriega Piñera

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