por Antonia Gómez Quintana

A lo que se ve parte de la ciudadanía, y quiero pensar que es solo una fracción por higiene mental, tiene los pies en el aserrín que cubre, en ocasiones, el suelo de los bares

En su caso conglomerado de residuos que se desprende de la madera al serrarla, cabezas de gambas, huesos de aceitunas chupadas con la premura del aperitivo de balde y servilletas de papel baboseadas.

El abanderado de la banalidad en limbo del presente “no es de ayer ni es de mañana, sino de nunca; de la cepa hispana no es el fruto maduro ni podrido, es una fruta vana”, estribado en una barra.

Parece ser que aquí no pasa nada. Pobre de mí Pueblo, pobre de mi País