Al llegar a la Plaza Mayor, como cada año, el silencio de los Guadianeros y los vecinos de otras poblaciones era sepulcral. Tras el silencio y el encuentro del hijo con la madre, la banda de tambores y cornetas de Guadiana entonó la “La Saeta”. Un año más Guadiana del Caudillo se echó a la calle a pesar del mal tiempo para acompañar a Jesus Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad.