Puebla de la Calzada en la Semana de Pasión a través de la “pública disciplina”. La procesión de los flagelantes de la mano de la Vera-Cruz: 1603-1777(IIª Parte)

Jesús Nazareno de Puebla de la Calzada. Siglo XVII-XVIII. (Foto: archivo)
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por Pablo Iglesias Aunión, crofista oficial de Puebla de la Calzada


“Queriendo no solamente gloriar en el árbol de la preciosa cruz y de nuestro Señor Redentor Jesucristo, por la que somos salvados y libres, pensando y contemplando como el manso y humilde cordero hijo de Dios verdadero, Señor nuestro, en aqueste tan bendito árbol quiso ser crucificado” [Año 1732][1]

Nuestra profundización en la Semana Santa de Puebla de la Calzada adquiere unas connotaciones y una capacidad de expresión popular de unas dimensiones extraordinarias tanto por su continuidad cronológica que arrancan con las cofradías propiamente “de pasión, disciplinantes o de sangre” en los años finales del siglo XVI e inicios del XVII hasta la realidad de la cofradía actual de Jesús Nazareno la cual merecerá una mención no sólo especial, sino con novedosas referencias históricas.

Ciertamente los primeros datos que hacen mención a una cofradía de disciplina en Puebla de la Calzada y por tal absolutamente vinculada en su actividad principal pública a lo que conocemos como Semana Santa, es la llamada Hermandad de la Vera-Cruz que aparece en la visita de la orden santiaguista a Puebla de la Calada en el año 1605 y que permite conocer datos de la misma en el año anterior (hablaremos de ello más adelante) y que el correspondiente libro nos aclara en muchas cuestiones[2].

Sentido de la “disciplina”. Las llamadas Cofradías de Pasión: cofradías de la Santa Cruz o Vera-Cruz

Las llamadas cofradías de pasión, penitencia o sangre, hemos de entenderlas como aquellas que quedan definidas bajo el mismo concepto de lo que es una cofradía o hermandad, pero teniendo en cuenta que incorporan un elemento esencial a los que ellas le dan una extraordinaria importancia: la penitencia pública[3] que pueden conllevar el autocastigo generalmente basado en la “auto-flagelación” por lo que suelen popularmente recibir el nombre de cofradías de sangre.

Su relación por tanto está totalmente vinculada a la “pasión y muerte de Cristo” recogiendo la idea de que no todas las cofradías de esta tipología tienen que conllevar en sus ordenanzas la realización de actos de este tipo. De la misma forma y antes de entrar propiamente en lo característico de estas cofradías y para la referida villa de Puebla de la Calzada, estas cofradías igualmente se perfilan y se encuadran en un tiempo litúrgico totalmente unido a la Semana Santa, a los desfiles procesionales pero sería una gravísimo error, que el lector las separara de las cofradías desarrolladas en la primera parte de esta publicación: todas ellas responden a un mismo fenómeno, el de la religiosidad y piedad popular extremeña para la ya citada comarca emeritense en la Baja Extremadura. De la misma forma, su actividad hacia el pueblo también se extiende mucho más allá de ese acto nuclear: caridad, asistencia y ayuda al necesitado están muy presentes.

Dentro de estas cofradías en la que abundaron la imaginería cristológica acompañada de las devociones mariana dolorosas, piedades, soledades, etc., hemos indudablemente de dedicar la cofradía o hermandad bajo la advocación de la Vera-Cruz[4] o Santa Cruz.

Como hemos dicho, en Puebla de la Calzada existe ya en el año 1605 aunque desconocemos el nombre de su mayordomo. Sin embargo, la estructura por el origen, definición y objetivos de la misma podemos claramente explicarla. De ella no sabemos cuál era, en caso de tenerla, la imagen que pudiera sacar en procesión. A veces estas cofradías portaban únicamente una cruz.

Se trata de una cofradía que responde en su origen y sentido a las ya mencionadas cofradías de penitencia que tuvieron un origen claramente franciscano. El franciscanismo siente una especial inclinación y devoción por el tema de la caridad y asistencia y Puebla de la Calzada contó con un hospital de pobres que en torno al año 1550, del que sabemos que fue mandado a construir en el año 1511 además de una obra pía fundada en 1598 por Álvaro de Porras, todo ello haciendo que nos adentremos en la vida no ya solo de la religiosidad del pueblo sino también en el conocimiento del amplio mundo del clero secular, con una clara prolongación en los siglos XVII-XVIII como he podido estudiar en un trabajo de investigación reciente sobre las capellanías y obras pías para Baja Extremadura entre los siglos XVI al XVIII y que en muy breve será publicado.

Volviendo a la cofradía de la Vera Cruz en Puebla de la Calzada, recoge igualmente el fenómeno de la penitencia que será descrito a continuación con detalle, incluyendo la flagelación. Finalmente, no podemos olvidar el espacio geográfico (véase mapa[5]) en el que nos encontramos: un marco adecuado por la presencia del franciscanismo. Rama de los observantes en el convento de Santiago de Lobón; san Isidro de Loriana en la rama de los franciscanos descalzos reformados por san Pedro de Alcántara; y, el sentido caritativo desde otro ámbito y orden diferente pero que en Puebla de la Calzada como tendremos tiempo de analizar estuvo muy presente.

Un hábito adecuado y una tipología específica muy normativa

El hombre sencillo, el hombre de pueblo llano (estamentalización de la sociedad, recordemos que estamos en la Edad Moderna), en Puebla de la Calzada es el gran protagonista de las cofradías en general. Un hombre que no entiende de “grandes teologías”, ni es capaz de captar en ocasiones el mensaje de una Iglesia enlazada en concilios y sínodos.

“Penitentes en la basílica inferior de Asís”. José Jiménez Aranda (1837-1903).

Indudablemente la llegada de la Semana de Pasión une el sentir popular a estas cofradías. Una hermandad como es esta de la que hablamos que está “al lado de la cruz” significado de Vera-Cruz. Puebla de la Calzada nos ofrece documentalmente sus primeros momentos históricos sobre esta cofradía entre los años 1603-1605 de la mano de las actas correspondientes a los libros de visitas de la Orden Militar de Santiago que seguía la regulación eclesiástica sobre los pueblos de su antigua demarcación (tema del que se hablará en otros artículos).

Una hermandad de la que se puede describir perfectamente por su uniformidad, su sujeción a reglas para todo el ámbito nacional (franciscanas generalmente), y su representación idéntica en aquellas aldeas, pueblos, villas y ciudades donde existía en la Edad Moderna, una expresión en su cortejo procesional en torno a la llamada disciplina o flagelación, que sin duda debió quedar muy impregnada en la retina de los contemporáneos. Procesiones de disciplinantes que estuvieron hasta en el año 1777, Carlos III firma un 28 de febrero en el Pardo el decreto de prohibición de los disciplinantes[6], lo que ni mucho menos supuso su desaparición.

En la madrugada del Jueves al Viernes Santo, Puebla de la Calzada veía como desde su templo parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación ya en la primera década del siglo XVII (como mínimo, posiblemente arrancara en los años finales del XVI), con la cercanía del hospital de pobres, salía la llamada cofradía de la Vera-Cruz y a lo largo de su recorrido, se produciría obviamente el rito de la disciplina. Hermanos conocidos como “de sangre”, con sus espaldas al aire, se autoflagelaban a modo de imitación del “suplicio infligido a Cristo en su pasión”.

Conservamos como decimos, por otros documentos de localidades como ya hemos expresado cercanas, los pagos que se hacían para al acabar dicho rito y procesión, los disciplinantes pudieran lavar y curar sus heridas (hablaremos de ello en el tercer y último capítulo de esta trilogía dedicada a la Semana Santa en Puebla de la Calzada), De dicho podemos hacernos hoy en día una idea de su puesta en escena en todos estos lugares con cofradías de devoción llamada Vera-Cruz:

“En la noche del Jueves Santo con disciplinantes y una cruz, todos los hermanos cofrades han de disciplinarse, estando sin pecado. E aquellos que no se disciplinasen, lo harán después de la procesión. Aquellos cofrades que fuesen a la procesión y realizaran alguna otra actividad, serán penados con una libra de cera.

El mayordomo aparecerá con toallas, esponjas, para lavar las espaldas, junto con pan y queso. También serán penados el que dixere cosa mal de esto o de la cofradía o injuria ayuntados o fuera de él, paguen un cuarterón de cera” [1663][7].

El cómo, la manera en la que quedaba reglada la flagelación por parte de la cofradía y cómo debían de comportarse los hermanos cofrades dentro y fuera del mismo acto, hablaremos en la tercera y última entrega de esta aproximación a la historia de la Semana Santa en Puebla de la Calzada durante los siglos XVI al XVIII.


[1] Iglesias Aunión, Pablo: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las cofradías en la diócesis cauriense durante los Tiempos Modernos: siglos XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001. Pág., 83

[2] Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Año 1605. Libro 1017 c. MCF.: 31.

[3] Iglesias Aunión, Pablo.: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las Cofradías en la Diócesis de Coria durante los Tiempos Modernos: siglo XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia Moderna. UEX. Cáceres, 2001. Pág. 89.

[4] Vera Cruz significa “al lado o junto a la cruz.

[5] Iglesias Aunión, Pablo.: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las Cofradías en la Diócesis de Coria durante los Tiempos Modernos: siglo XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia Moderna. UEX. Cáceres, 2001. Pág. 77.

[6] Novíssima Recopilación: La Santa Iglesia, sus derechos, bienes y rentas: prelados y súbditos. Libro I. Título I: De la Santa fe católica. Ley XI. Prohibición de los disciplinantes, otros espectáculos en procesión; bailes en las iglesias, sus atrios y cementerios. Madrid, 1805

[7] Iglesias Aunión, Pablo: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las cofradías en la diócesis cauriense durante los Tiempos Modernos: siglos XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001. Pág., 89.