Puebla de la Calzada modelo de sociedad sacralizada en los Tiempos Modernos (IIIª Parte)

Cristo de la Paz. Retablo Mayor iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación (Foto: Archivo)
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por Pablo Iglesias Aunión, cronista oficial de Puebla de la Calzada


“En memoria de la sagrada Pasión de Nuestro Redentor y en remisión de nuestras culpas e pecados, derramamos nuestra preciosa sangre [aceptación de la penitencia pública, de la disciplina] por tan buen Señor, desde agora por siempre jamás. Con entera fe y verdadera esperanza y entrañable amor de corazón ante el Santísimo Árbol de la Santa Cruz, nos arrimamos y con ella nos abrazamos e juntos con ella queremos morir” [Año 1521][1].

Llegamos a la tercera y última entrega de este especial dedicado a la Semana Santa en Puebla de la Calzada a lo largo de su historia. Continuando con el protagonismo de las cofradías bajo la tipología de penitenciales y de una manera muy especial las llamadas Hermandad de la Vera-Cruz, la pertenencia a una cofradía de estas características era irrenunciable a la aceptación de la pública flagelación como se demuestra en el texto inicial, normativas que abundan en la documentación de estas cofradías no ya por nuestra propia comarca sino para toda la geografía extremeña. Lo que da una idea de la magnitud e importancia de tener una hermandad de este tipo en la villa poblanchina.

Igualmente avanzamos en el tiempo y ya a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII entra en “escena” lo que sin duda sería una nueva imagen, una rica iconografía para Puebla de la Calzada: la imagen de Jesús Nazareno[2].

La respuesta ante unos siglos sacralizados

Documento perteneciente a Puebla de la Calzada. Siglo XVI. Archivo Diocesano. Arzobispado Mérida-Badajoz. Sección de cofradías, obras pías y mayordomías. Foto: Archivo Diocesano.

El comportamiento del hombre en estos siglos es indudablemente un comportamiento muy “sacralizado” máxime para el siglo XVII, con la enorme influencia de las normativas tridentina (léase el primero de los artículos dedicados a la Semana Santa en Puebla de la Calzada) que claramente alcanza a las cofradías y que debemos no olvidar en el presente estudio.

Así, los miembros de la cofradía de la Vera-Cruz “…han de estar confesados y para que mejor se puedan saber los que están confesados, ordenamos y establecemos que el mayordomo y los diputados vean al cura que les enseñe el padrón o matrícula de confesados. Sopena de cuatro libras de cera”[3].

La Vera-Cruz en Puebla de la Calzada: modelo económico desde el siglo XVI

Documento perteneciente a Puebla de la Calzada. Siglo XVI. Archivo Diocesano. Arzobispado Mérida-Badajoz. Sección de cofradías, obras pías y mayordomías. Foto: Archivo Diocesano.

Toda una estructura tipifica y adecuada de manera normativa de la forma que venimos describiendo, obviamente tenía que tener un control y funcionamiento económico adecuado.

Para el caso de la Vera-Cruz en Puebla de la Calzada uno de los aspectos más interesantes estaba en las limosnas como manera de colaborar por parte de los fieles y que quedaba entra la propia documentación de la cofradía perfectamente recogida junto a los no menos importantes beneficios que se obtenían de los censos vinculados a sus propiedades. A la cofradía se le carga la cantidad de 7.540 maravedís que cobra de unos censos que “…tiene la cofradía en veinticuatro escrituras…”.

Quedaba de esta manera cubierta en gran medida las necesidades del culto como, por ejemplo -lo hemos visto en las normativas citas en caso de penas por incumplimiento de alguna de ellas- la adquisición de cera, pago de misas u honorarios a cargos parroquiales como podía ser el sacristán o al propio párroco caso que ocurre en el año 1605 al abonarle al licenciado Gómez Hernández Silvestre[5], párroco de la villa de Puebla de la Calzada 1.766 maravedíes por misas y salidas procesionales.

Importantes cantidades iban anualmente destinadas al pago de vino para el lavatorio en la noche del Jueves Santo (generalmente ya hemos dicho esta cofradía procesionaba la madrugada del Jueves al Viernes Santo), en el que los disciplinantes necesitaban ser curados de sus heridas y reponer fuerzas, adquiriendo el mayordomo queso, pan y hasta vinagre por no hablar ya, como en el caso de Puebla de la Calzada el pago por el aderezamiento del camino sobre el que transcurriría la procesión (dos reales a dos peones).

En numerosas ocasiones hemos tenido la oportunidad de hablar de la administración y la estructura económica para estas instituciones, así como para hospitales o ermitas. El celo en su custodia, como nos señala la doctora Aurora Ruíz Mateos en su rico estudio sobre las el arte y la religiosidad popular en una obra dedicada a las ermitas en la Baja Extremadura para los siglos XV-XVI (publicado en el año 1995 por el Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz), hace que tengamos que citar el real decreto del año 1574 por parte del Felipe II (1556-1598) en el que se obligaba a tener un arca con tres llaves distintas, en manos de los denominados claveros que generalmente eran el mayordomo, quien además era el encargado de guardar dicha arca; el cura párroco y el alcalde ordinario.

Ni mucho menos finalizamos con este análisis la vida sacralizada de Puebla de la Calzada que se extendería a muchos aspectos más que los que se viven en la propia Semana Santa. Pero la Edad Moderna requiere una profundidad en su análisis propia o derivada de la extensa documentación que nos permitirá en otros momentos poder ir, como siempre decimos, de manera didáctica y pedagógica dándola a conocer. Todo esto sin que falte el especial agradecimiento a Ventana Digital Comunicación por su generosidad y disponibilidad en la publicación de estos artículos.


[1] Iglesias Aunión, Pablo: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las cofradías en la diócesis cauriense durante los Tiempos Modernos: siglos XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001. Pág., 83

[2] Junto a la caridad, obras pías, mayordomías y la propia cofradía Jesús Nazareno, acabamos de terminar un completo estudio con documentos de diferentes archivos que será una de nuestras próximas publicaciones y que creemos dan una imagen bastante aproximada de la historia de Puebla de la Calzada en este campo de la historia, el arte, la sociología y el comportamiento desde la religiosidad popular.

[3] Los llamadosLibros de Matrícula eran aquellos libros en los que se anotaba el Cumplimiento Pascual, que obligaba a comulgar y confesarse al menos una vez al año al finalizar la Cuaresma que comenzaba el Miércoles de Ceniza y finalizaba el Domingo de Resurrección, día de la Pascua Florida iniciándose el tiempo Pascual que comprende desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés (50 días). Nuestros archivos parroquiales (ahora en el Diocesano del Arzobispado), están llenos de estos ejemplos y Puebla de la Calzada no era menos.

[4] Iglesias Aunión, Pablo: Religiosidad y piedad popular en la Extremadura del Antiguo Régimen. Las cofradías en la diócesis cauriense durante los Tiempos Modernos: siglos XVI-XVIII. Tesina Doctoral. Departamento de Historia. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2001. Pág., 83

[5] Para que el lector se haga una idea de quiénes eran los curas párrocos en los momentos cronológicos que estamos estudiando y atendiendo siempre a la documentación de los libros de visita de la Orden de Santiago tenemos: Juan García Salvador, cura párroco de la Orden de San Pedro desde 1494 a 1498. Diego Alonso, cura párroco de la Orden de San Pedro para el año 1500. Alonso Trigo, cura párroco de la Orden de San Pedro para el año 1508. Rodrigo Alonso, cura párroco de la Orden de San Pedro desde 1511 a 1515. Juan Esteban, cura párroco de la Orden de Santiago desde el año 1550 a 1556. Domingo García cura párroco igualmente de la Orden de Santiago en el año 1603. Y el mencionado Gómez Hernández Silvestre de la Orden de Santiago que nos aparece ya en el año 1605.