por Rut GG
Mientras escribo: Llanera. Billy Cobham
Empresa con Sonrisa, mujeres que no esperan al viernes para sonreír
Más de 50 mujeres se sentaron a almorzar con ganas. Ganas de compartir, de inspirarse, de mirarse a los ojos y decir, “estamos aquí, seguimos, y no paramos”. Empresarias, estudiantes, alguna política también.

Mujeres con historias muy distintas, pero con un mismo impulso, el de construir algo nuevo. Con sentido.

Esto no es un simple evento de networking.

Esto es Empresa con Sonrisa, una iniciativa que nació de una idea que, en el fondo, todas hemos sentido alguna vez. Esa rabia suave, casi resignada, cuando escuchamos frases como “uff, otra vez lunes”, “qué horror los lunes”, “no estoy para nadie, es lunes”. Esa energía baja que parece instalada por defecto.
Pues bien, Carmen Cortés Morales, una de las fundadoras de Empresa con Sonrisa, decidió que no.
Que no quería arrancar la semana arrastrando los pies. Que si había que llevarle la contraria al calendario, se le llevaba. Así empezó esto, un gesto pequeño, pero con potencia. Un “sí se puede” en forma de sonrisa.

Y así fue tomando forma este almuerzo que, ya en su tercera edición, no solo ha crecido, se ha multiplicado.

El dato no es menor, se triplicó el número de participantes.

Pero lo más bonito no fue la cantidad, sino la diversidad.

Se vieron generaciones mezcladas —madres con hijas, tías con sobrinas— y ahí es cuando entiendes que esto no va solo de negocios. Va de legado, de abrir espacio, de enseñar con el ejemplo que sí, que se puede llegar. Que cuesta, pero se llega.

Las historias eran tan variadas como valiosas, negocios creativos, carreras de las de toda la vida reinventadas con proyectos que miran al futuro. Mujeres que estudiaron lo que sus madres soñaron, y ahora lo mezclan con lo que ellas mismas desean construir.

Sinergias reales, conversaciones con fondo, mesas llenas de posibles colaboraciones que nacen no desde la competencia, sino desde el “¿cómo te puedo ayudar?”

Y mientras todo eso pasa, las organizadoras —que se lo curran de verdad— no dejan nada al azar.

Hubo sorteos con premios aportados por las propias asistentes (sí, sus marcas, sus ideas, sus apuestas), y una dinámica de mesas que rompió el hielo como si nada.


Tenías que definir con una sola palabra a la persona que tenías a la izquierda. En mi caso, a mi izquiera, alquimista. Porque no hay otra forma de llamar a alguien capaz de mezclar cuentos y cuentas.
Este almuerzo no es un paréntesis simpático en medio del caos. Es un espacio que nace de la valentía.

Porque sí, reinventarse es cosa de valientes. No te lo voy a pintar de colores. Te vas a enfrentar al miedo, a la incertidumbre, a momentos de vacío.

Pero también te vas a encontrar con la ilusión, con la idea que te cambia el paso, con el cliente que sí cree, con la amiga que te da el empujón.

Y todo eso —créeme— vale la pena.

Empresa con Sonrisa es eso, un lugar donde se cruzan caminos, donde cada historia tiene peso y donde, aunque parezca simple, se está construyendo algo más grande.

Porque en estos tiempos tan raros, tan tensos, tan de “sálvese quien pueda”, es una alegría toparse con un espacio donde la energía va en la dirección contraria.

Y sí, el sorteo fue un show.

Buscando sobres debajo de los platos, de las sillas, girando la ruleta de la suerte como si estuviéramos en un programa de televisión, mientras las empresas se presentaban y dejaban su semilla. Algunas se llevaban el premio. Otras, la atención. Todas, el reconocimiento.

¿Lo mejor? Que nadie sale igual. Que una sale con el cuerpo más ligero, con una frase nueva en la cabeza, con una idea que empieza a tomar forma.

Porque este no es un evento más, es un manifiesto disfrazado de almuerzo. Una declaración que dice: tú decides cómo vivir tu semana.

Y si estás de lunes, sonríe. Porque vivir con sonrisa también es una decisión.


















