“Una tradición vinícola que nos hace discurrir junto a la Historia de la Humanidad”, 8º Encuentro Enogastronómico Puebla de la Calzada

Dyonisios dios griego del vino. (Foto Archivo).
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por Pablo Iglesias Aunión, cronista oficial de Puebla de la Calzada


Aún recuerdo en los años de universidad estudiando los inicios de la Historia de España una de las palabras que más grabadas se me han quedado en la memoria “filoxera”. Especialmente porque salíamos de estudiar un desastroso siglo XIX y comenzábamos a escuchar después de mucho tiempo, que había una bonanza económica que hacía que los ojos de Europa se posaran sobre cierta parte de nuestra producción hispana: el vino.

Aquella  phylloxera vastratix de efectos mundiales nos hundía en lo más profundo aún de nuestro averno económico, pero he reconocer que algunos compañeros nos empezamos a interesar por esto del vino ya desde la Historia Antigua, cuando nuestros profesores nos decían que los romanos amaban de Hispania tres cosas: el “óleum” (aceite), las “puellae” (las niñas para venderlas como esclavas) y el “vinum” (el vino).

Uniendo todos estos elementos que la memoria y el recuerdo nos trae ante el que es el 8º Encuentro “Enogastronómico Puebla de la Calzada” el próximo sábado 20 de abril, es una vez más la Historia quien sabe aportar los conocimientos necesarios para que sepamos valorar y aprovechar esta oportunidad que nos ofrece el Ayuntamiento de Puebla de la Calzada como organizador.

En la escritura sánscrita aparece la palabra vêna

Escritura sánscrita procedente de la India (1500-600 a.C.) primeros escritos donde aparece la palabra “vino” (Foto Archivo)

No nos equivocaríamos si afirmásemos que en el propio discurrir de la historia de la humanidad el vino transita de manera paralela al acontecer del ser humano. Por todos es sabido que el vino, tal y como lo conocemos hoy en día, trata de una bebida alcohólica procedente de la fermentación del zumo de la uva, la cual se produce gracias a la acción de las levaduras presentes en el hollejo (piel delgada que cubre a algunas frutas), de las uvas

Indagar sobre los orígenes del mismo por tanto no es complicado porque existen los primeros indicios del cultivo de la denominada “vinis vinífera sylvestris” (la vid en un principio en su forma salvaje). En los escritos en sánscrito procedente de la India entre los años 1500 a.C. – 600 a.C. aparecía nombrado el rico caldo como vêna. Pero podemos remontarnos incluso milenios atrás y viajar hasta los años 6000-5000 a.C., cuando la mencionada planta ya era tratada para ser elaborada a partir de las uvas en forma de zumos con añadido de azúcares pera que, en la Edad del Bronce (3000 a.C), pudiera aparecer lo que conocemos actualmente como propiamente vino.

Mesopotamia, Súmer, Egipto lugar este último donde tuvo que rivalizar con un fuerte enemigo que ya se conocía y se bebía con aprecio, la cerveza (3000 a.C.), el vino se fue ganado las orillas del Nilo mediante el cultivo de la vid convirtiéndose incluso en un signo de status social, líquido que se comenzó a emplear en los ritos religiosos (algo que perdura hoy en día, recordemos la Pascua Judía o la Eucaristía cristiana) y bebida apreciada para el disfrute en fiestas. En esta época el vino se guardaba en ánforas de manera que tenía más valor aquel que permanecía más tiempos en ánforas viejas que en las nuevas.

Así la “vinis vinífera” llegó a Europa Occidental no sin antes pasar por la China para que torno al año 3000 a.C. llegase a la península Ibérica.

Deidades y mitología: Dyonisios y Baco

No podía un líquido tan preciado escapar como manjar para los propios dioses de manera que en el año 700 a.C., tras su expansión desde la Grecia Clásica éstos comenzaron a tomar el vino aguado igualmente empleados en ritos funerarios, religiosos, fiestas populares y claro está, la asignación de una deidad o divinidad no se hizo esperar: Dyonisios quien se representa como una copa en la mano.

Los griegos fueron los creadores de recipientes de diferentes tamaños para poder almacenar y servir el vino como por ejemplo las ánforas como recipientes de gran tamaño que eran selladas con resina de pino. Las cráteras de tamaño medio y, los pequeños recipientes conocidos como aonojé y ritones.

En Grecia llegó a tener tanta fama el vino que localidades concretas empezaron a producir ya un vino muy específico de sus zonas: Rodas, Icaria, Quíos, Lesbos, Aritrea, Naxos, Taasos, Corinto o Mende hasta tal punto que se conserva hoy en día documentación que indicaba la procedencia de los vinos de estos lugares u otros países entonces exóticos como Palestina o el Líbano y que generalmente iba a las clases sociales más destacadas.

La expansión y el dominio del Imperio Romano supuso igualmente la expansión del vino pues su elaboración se introduce en Italia en el año 200 a.C. con la mitológica variante que los romanos cambiaron el nombre de Dyonisios-griego por Baco-romano.

Roma hizo rápidamente gala de su tratamiento, de sus conocimientos tecnológicos y experimentos sobre el vino hasta tal punto que, por ejemplo, el geógrafo e historiador Plinio “el viejo” (que murió por acercarse a la bahía de Nápoles a observar el fenómeno del Vesubio, año 79 d.C.) lo recoge en su obra “Naturalis Historiae”.

Los propios romanos celebraban la festividad de la vendimia. El primer mosto era mezclado con miel, obteniendo lo que era conocido como “muslum”, una bebida especialmente apreciada en los banquetes y el resto, era almacenado para fermentara en grandes tinajas de barro, apareciendo la figura del vinatero que es el antecesor del bodeguero moderno, capaz de añadir sustancias para blanquearlos dando lugar a los vinos blancos que eran mucho más apreciados por los romanos; también los vinateros les añadían aromas o guardaban parte de la cosecha en ánforas durante 15 o 20 años para que el vino madurase, mucho más apreciado por los patricios romanos.

Obviamente con la expansión del Imperio el vino llega a la Galia (Francia), norte de Europa (usaban barricas para almacenarlo al igual que ya hacían anteriormente con la cerveza) y por supuesto a Alemania e Hispania (España) llegando en estos momentos a sembrarse una tercera parte de la vieja Europa de vides.

La rica historia del vino nos llevaría por momentos y épocas en las que son insalvables su mención como la Edad Media cuyas tierras en manos de reyes y señores, hacían que las viñas cultivadas se emplearan en castillos y monasterios. En España, durante la época de los Reyes Católicos (1479-1516), los territorios que eran reconquistados a los musulmanes eran replantados de vides y en el propio Camino de Santiago comenzaron a destacar zonas como La Rioja y la Ribera del Duero, para que Cataluña (siglo XII) e Islas Canarias (1497) conocieron los favores de estos caldos.

Baco de Caravaggio (1571-1610)

No podemos terminar este brevísimo paseo por la historia del vino sin hablar de los cambios significativos que se hicieron en el tratamiento del vino en la zona de la Borgoña, Burdeos y Champaña (Francia), que adquirirán una gran fama mundial como nos las recuerdan por ejemplo escritores de gran fama con sus novelas de género histórico donde es raro que no aparezca mencionado el vino. Léase el caso por ejemplo de Jesús Sánchez Adalid (tiene incluso una obra titulada “Los milagros del vino”) o Santiago Posteguillo con sus novelas dedicas a Roma y César al narrar muchos momentos de diálogo entre senadores antes de sus debates y después de la degustación del citado caldo.

Puebla de la Calzada se convertirá así este año 2024 por octava vez en centro y punto de encuentro para degustar los caldos que retrotraen la memoria, activan los sentidos, despiertan los conocimientos y animan el diálogo, la charla y el saber compartir los buenos momentos que siempre tiene aquello que se disfruta desde la historia por un pasado que se hace en este 8º Encuentro Enogastronómico realidad y actualidad viva: “El mundo entero tiene más o menos tres vasos de vino de retraso” (Humprhey Bogart).