por Yasmina Gutiérrez Vega

Este mes se cumplen cuarenta años desde que una joven Mari Vega, con la ayuda de mis abuelos Áureo y Engracia, abría la peluquería de la calle Pavía después de ser discípula de Cati Gómez y recorrer el pueblo en bicicleta peinando por las casas.

Años después se sumarían sus hermanas Engraci y Auri para seguir moldeando, cortando y peinando a las clientas más fieles del pueblo y la comarca, clientas que nos dejarían grandes anécdotas y se convertirían casi en familia, mujeres que  semana tras semana venían a compartir sus historias, sus risas, e incluso algunas sus desayunos.

Tal es así que algunas han venido acompañadas de hijos y nietos y aquí siguen.

Son muchas las historias que hemos vivido en esta nuestra segunda casa rodeados de secadores y que con mucho sacrificio, hemos ido renovando sin dejar atrás la esencia de la peluquería de nuestro barrio.

Demasiadas las personas que hemos conocido en todo este trayecto y han formado parte de nuestra infancia.

A todas ellas las que estuvieron, están y estarán, gracias.

Y a nuestras peluqueras, felicidades por estas 4 décadas  de parte de vuestros hijos y sobrinos.