por Rut GG
Mahavishnu Orchestra, mientras escribo
La Puerta Lateral es un refugio. Un espacio íntimo donde, incluso con la sala llena, una puede sentirse a solas consigo misma. Ayer volvió a ocurrir. El cuarteto, con Rodrigo Parejo a la flauta, y acompañado por Javier Galiana al piano, Pablo Báez al contrabajo y Javi Mojave en la percusión, convirtió unos pocos metros cuadrados en un universo propio.

Al principio, aun sabiendo la talla de quienes estaban sobre el escenario, todo comenzó como si escucháramos a una criatura pequeña descubriendo sus primeros sonidos. Una inocencia musical que abría la puerta a lo que vendría después.
La flauta —ese viento que modera el debate— marcaba el rumbo. El piano, incansable, se negaba a callar. Las teclas de Galiana parecían encarnar a la persona adulta del diálogo, envolvían al resto, contradecían, argumentaban, proponían.

El contrabajo, en cambio, era el más gamberro del grupo, siempre presente, siempre atento, y de vez en cuando lanzando sus propios monólogos sonoros, como quien interviene desde el fondo de la sala con una ocurrencia brillante.

Aun así, su irreverencia no desordenaba nada; al contrario, aportaba esa chispa que mantiene vivo cualquier debate.

Parejo, con una calma absoluta, ordenaba el caos, traducía la vida en sonido y demostraba que todo, incluso lo complejo, puede fluir.

Mojave sostenía el pulso sin imponerse; a veces, tan pendiente del piano y de la flauta, que una solo percibe su presencia a través del cuerpo, en esa vibración que antecede a la consciencia. Él es quien afina el orden del debate.

La noche avanzaba y las flautas de Rodrigo seguían sorprendiendo al público. Las piezas encendían algo en la sala, un resplandor que iba directo a las zonas buenas del cerebro, a las que reconocen el bienestar, a las que sostienen un mindfulness natural, casi involuntario.

Entre conversación y conversación musical, una aprecia el espacio, el clima, la gente. Aprecia lo lateral, esa sala que reúne buen ambiente, buena música y una suerte inmensa. Porque sí, en Montijo tenemos el privilegio de que el mundo venga a debatir aquí, en pequeño territorio.
Rodrigo intervenía con una voz lineal para presentar la siguente canción, serena. Su voz suena como su soplo, ordenada, pacífica, limpia.

Y de pronto, desde otra esquina, irrumpía el flamenco al piano. Sí, flamenco al piano. Galiana habla todos los idiomas musicales, y una intenta colarse por cualquier hueco para seguirle el ritmo.

Cada tema, cada conversación, cada instrumento con su propia voz nos enseñaba a escuchar sin esfuerzo, a concentrarnos sin tensión, a dejarnos llevar. Y yo me pregunto: ¿realmente merece la pena empezar cada mañana leyendo noticias que nos recuerdan lo mal que va el mundo, cuando existe la posibilidad de fortalecernos con medicinas como esta? La música, las conversaciones… Luego ya, la vida sigue con su parodia habitual.
Lo real es esto, lo que sentimos en ese instante. La ausencia de estrés, de problemas, de todo aquello que el sistema intenta imponernos aun sabiendo que no es lo bueno.
Ojalá el debate instrumental gane la batalla. Ojalá el mindfulness sonoro que nos ha regalado Rodrigo Parejo Quartet siga sumando oyentes, disfrutantes, cómplices.
Conversaciones infinitas nacen de los mismos instrumentos. No soy experta, pero cuando escucho jazz —en todas sus fusiones y formas— el cerebro me suma puntos y me permite volver a empezar. Es medicina. De la que no se receta en farmacias, pero que madres, padres, tías, tíos, abuelos… deberíamos inyectar directamente en las nuevas generaciones.
Jazz, querido jazz, cuando te descubrí, ya no pude vivir sin ti.
Y me queda decir que la programación del Teatro Nuevo Calderón de Montijo continúa, en todas sus formas, trayéndonos cultura.

















