Jazz, más jazz… y raíces africanas. Dos bandas, cuarteto y sexteto

Músico de Djarabi Quinteto durante el concierto, tocando la kora —instrumento de 21 cuerdas, entre el arpa y el laúd—, tradicional de países como Gambia, Guinea o Burkina Faso. Sonidos que cruzan continentes.
Músico de Djarabi Quinteto durante el concierto, tocando la kora —instrumento de 21 cuerdas, entre el arpa y el laúd—, tradicional de países como Gambia, Guinea o Burkina Faso. Sonidos que cruzan continentes. (Foto: Rut GG).
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programa de eventos del Ayuntamiento de Montijo

por Rut GG


Música en los barrios. En los parques. En las plazas.

Una buena forma de consumir cultura, al aire libre, entre vecinos, con la calle como escenario.

Una de las bandas me atrapó tarde. Entrar en su conversación me costó. Escuchaba frases sueltas entre instrumentos, el piano susurrando, la batería marcando ritmo, el saxofón lanzando preguntas que el contrabajo respondía. Pero confieso, esa noche, la tristeza me tenía distraída.

Iván Sanjuán afinando silencios y sonidos en el quiosco de la plaza de Colón, antes del concierto.
Iván Sanjuán afinando silencios y sonidos en el quiosco de la plaza de Colón, antes del concierto. (Foto: Rut GG)
Componente de la banda Iván Sanjuán-Quartet durante su concierto. (Foto: Rut GG).

El equilibrio del oído se me fue entre pensamientos, y me perdí más de un fragmento del debate musical.

Componente de la banda Iván Sanjuán-Quartet durante su concierto. Mi disparo, atravesado por la tristeza. Gracias, música, por seguir llegando cuando más se te necesita. (Foto: Rut GG).

Aun así, cuando levantaba la mirada, algo me devolvía. La escena. La composición. Esa conversación instrumental, delicada y honesta, merecería una segunda escucha. Me la debo, se la debo.

Müsico sonando del cuarteto Iván Sanjuán-Quartet. (Foto: Rut GG)
Músico sonando del cuarteto Iván Sanjuán-Quartet. (Foto: Rut GG)

Lo que sí vi fue un antiguo quiosco lleno de vida.
Vecinas y vecinos del barrio Colón, emocionados. Orgullosos. Ilusionados de ver su plaza transformada.

Vecina. (Foto: Rut GG)

Porque dar vida a los barrios además de bonito, es necesario.

Y aquel viernes, en el quiosco de la plaza de Colón, se respiraba algo distinto. Un ambiente disfrutón. Familiar. Con emoción compartida entre quienes viven allí y quienes llegaban de otros rincones del pueblo —o de pueblos vecinos—.

La música, y el vino los reunió…

Una semana después, otro debate, otra plaza

Pasó una semana y me encontré frente a otro escenario, otro diálogo instrumental. Esta vez fue en el parque del Virgen de Barbaño.

Venía de la manifestación contra el genocidio en Palestina, en apoyo a la flotilla rumbo a Gaza. Con el corazón cargado, tropecé con guirnaldas cálidas que iluminaban el parque como si todo estuviera preparado para sanar un poco.

Un rincón del mundo, un parque de barrio…
Un rincón del mundo, un parque de barrio… (Foto: Rut GG).

Había ensayos, pruebas de sonido, movimiento. El ambiente empezaba a armarse y la gente llegaba despacio, como atraída por algo que aún no sabían que necesitaban.

Mujer sin prisa, sentada en la quietud del momento. El sonido del concierto la arropaba en silencio.
Mujer sin prisa, sentada en la quietud del momento. El sonido del concierto la arropaba en silencio. (Foto: Rut GG)

Y entonces empezaron a sonar los instrumentos, jazz y música africana, una fusión en calma. ¡Menuda fusión en el escenario! Kora, batería, guitarra, saxofón, violín… todo se sentía. Hasta la cámara sentía la música cuando la apoyaba en el suelo del escenario.

Ella. Djarabi Quinteto. /Foto: Rut GG).

Era otra conversación, distinta a la del viernes anterior, pero hablaban el mismo idioma.

Entre risas y miradas cómplices, se entendían sin hablar. Se comunicaban también con Miguel Ángel, en la mesa de sonido, como si todo formara parte de una sola partitura invisible.

Otro montijano del mundo. Javi Lumar, integrante de Djarabi Quinteto, se comunica con la banda a través del sonido. Su rostro habla. Su música también. (Foto: Rut GG).
Músico de Djarabi Quinteto, miradas sonoras, miradas que comunican. (Foto: Rut GG).
Miguel Gragera ajustando el sonido durante el concierto de Iván Sanjuán-Quartet. Cada detalle cuenta para que la música respire. (Foto: Rut GG).

Y cuando las risas se alineaban, emergía algo bello, una conversación serena, armónica. Cada instrumento pedía su turno para hablar, y cuando lo hacían al mismo tiempo, no chocaban, se escuchaban.

Adolescente, presente. (Foto: Rut GG):

Se daban paso. Se respetaban. “Habla tú, me gusta lo que dices”, parecía decir cada nota.

Músico de Djarabi Quinteto, sonando.
Músico de Djarabi Quinteto, sonando.. (Foto: Rut GG)

La música nos llevó de viaje por otros rincones del mundo. Viajes agridulces, con paisajes de injusticia… y otros llenos de belleza.
Porque el jazz habla.

Integrante de Djarabi Quinteto, sonando.
Integrante de Djarabi Quinteto, sonando. (Foto: Rut GG):

Y sus raíces, las raíces de África, traducen. Transforman.

«Aquí estoy, esto soy, escúchame»

El jazz nace en Nueva Orleans, en el sur de Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del XX.

En el concierto, un integrante de Djarabi Quinteto afina la sintonía
En el concierto, un integrante de Djarabi Quinteto afina la sintonía (con Miguel Gragera). (Foto: rut GG):

No es una casualidad. Nueva Orleans era una ciudad portuaria, mezcla de culturas, africana, caribeña, europea. Allí convergían esclavos liberados, exsoldados, músicos callejeros, bandas de metales, cantos espirituales afroamericanos, ritmos africanos, blues, música clásica…

Músico de Djarabi Quinteto, su sonido viaja, conecta y emociona. (Foto: Rut GG).

Todo eso —fricción, dolor, esperanza, improvisación— se convirtió en jazz.

En esencia, el jazz nace de la experiencia afroamericana, del trauma de la esclavitud, de la resistencia cultural, de la necesidad de expresión.

Público: (Foto: Rut GG).
Público: (Foto: Rut GG).

El jazz, una música que susurra y grita a la vez, “Aquí estoy. Esto soy. Escúchame.”

Djarabi Quinteto
Djarabi Quinteto. (Foto: Rut GG).

Y por eso el jazz no es solo un estilo musical, es una forma de conversación, de libertad, de identidad.

Improvisa, respira, responde. Nunca se toca igual dos veces. Como la vida.

Público cautivado por el concierto.
Público cautivado por el concierto. (Foto: Rut GG).

Y los responsables de todo esto —como siempre— son los mismos, María, Holguera y el equipo que los rodea. Todo, con el apoyo del Ayuntamiento de Montijo.

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